martes, 28 de julio de 2015

Fiestas Patrias.

Cada 28 de Julio mi amado Perú celebra su cumpleaños. Es el aniversario de nuestra Independencia del yugo español. En esa fecha el año 1821 el General Don José de San Martín declaró la Independencia de nuestra nación con la famosa frase: "Desde este momento el Perú es libre e independiente por la voluntad general de los pueblos y por la justicia de su causa que Dios defiende! Viva la Patria! Viva la libertad! Viva la Independencia!"

Bueno, en esta ocasión no se trata de rememorar la historia de nuestra nación tan llena de contradicciones y actos heroicos, de injusticias y proezas. Quiero únicamente relatar la forma cómo he celebrado estas fiestas a lo largo de mi vida.

Cuando aún era pequeño, mi padre trajo nuestra primera tv en blanco y negro.  Por alguna razón lo primero que pudimos ver fue un desfile militar en Lima, al parecer por Fiestas Patrias. Era aún época de la dictadura militar, y la ceremonia era netamente castrense, y el fervor patriótico era muy marcado. La imagen en la pequeña pantalla, borrosa y con un sonido chirriante permanente debido a la mala señal, a quedado grabada para siempre mi memoria.

Ya en la escuela primaria, aprendí a entonar las sagradas notas de nuestro Himno Nacional, con los izamientos de la Bandera los Lunes a primera hora. Luego, con nuestra Señorita Hortensia, rezábamos el Padre Nuestro antes de iniciar las clases. Ella era muy devota, tanto que en Octubre se vestía con su hábito morado en honor al Señor de Los Milagros. Pero también en las fechas del aniversario patrio tenia que aprender un poema a la Patria, a la Bandera, y tenía que recitarlo en plena formación general. Eran épocas cuando entonábamos el Himno Nacional con la mano al pecho y en competencia a ver quien lo cantaba más fuerte. No recuerdo si alguna vez desfilamos en la Plaza de Armas, pero dentro del colegio si, y en muchas ocasiones.

La ciudad de Huaraz celebra su aniversario el 25 de Julio, y para esa ocasión desde mucho tiempo atrás se celebran en la ciudad eventos locales donde los colegios de la zona compiten por los premios. Y el premio mayor era el gallardete de la ciudad que se entregaba en el desfile general por aniversario de la ciudad. Luego, en el desfile de Fiestas Patrias el colegio ganador orgulloso portaba el gallardete ganado.

Mi Colegio, La Gran Unidad Escolar Mariscal Toribio de Luzuriaga, era el mejor colegio de Huaraz de su época, y con nosotros competían otros colegios de la ciudad: La Libertad, nuestros enemigos acérrimos,  y Santa Rosa, colegio de mujeres guiado por religiosas.

En la época de mi primaria no tuve mucha participación en estas contiendas, pero ya en secundaria las cosas cambiaron. Estando en tercero de secundaria empezó mi participación en las marchas. Pero en cuarto de secundaria la cosa se hizo sería.

Teníamos como objetivo superar a nuestros archi enemigos, los del Colegio La Libertad,  a quienes despectivamente llamábamos "lapacos ". Qué significaba eso? Ni idea, pero ellos odiaban que así los llamáramos; puedo dar fe de ésto ya que mis primos, hijos de la hermana de mi mamá, estudiaron ahí. Ellos a nosotros nos llamaban "chancafierros", en alusión a los talleres de mecánica, fundición y otros que había en el colegio, donde los alumnos de nuestro colegio "chancábamos" fierros.

No recuerdo muy bien si ganamos o perdimos el gallardete de la ciudad en ese año, pero si recuerdo claramente el quinto de secundaria, mi ultimo año de colegio y mi participación en los eventos de celebración por el aniversario de Huaraz y por Fiestas Patrias.

Fui parte de la escolta, y tuvimos a un policía como instructor pre militar. Salíamos a correr de madrugada, cantando a viva voz cánticos militares y "haciendo bulla" para no pasar desapercibidos. Ya para esa época nuestro colegio tenia una espectacular banda de música, con las chicas de las panderetas que eran el distintivo de nuestra fenomenal banda y de hecho, las que se llevaban los aplausos y las miradas de toda la concurrencia.

Nos preparamos a consciencia, entrenamos hasta la perfección. Fue la primera vez que alineamos a las escoltas femeninas y masculinas hombro a hombro, mostramos una marcialidad y vigor tal, que logramos opacar al resto. El bosque de gallardetes y los batallones bien alineados cumplieron con su parte. Demás está decir que la lluvia de pica pica y los aplausos y hurras que acompañaban a nuestro paso hizo que la balanza se inclinara a nuestro favor. Y es que éramos tantos alumnos en el colegio, que fácilmente todo el público eran alumnos que no marchaban, familiares y amigos que podían ensordecer con sus gritos y aplausos a cualquiera.

Ganamos, por supuesto. 

Y luego marchamos por el Aniversario Patrio portando orgullosos el gallardete ganado. O era un estandarte? Hmm, bueno, mil disculpas por las impresiciones y olvidos.

Fueron buenas épocas en el colegio, entonábamos el Himno Nacional a viva voz, y a mi me tocaba estar en la escolta. Inolvidable.

Luego me tocó partir al extranjero, a Rusia para mis estudios universitarios. Y, si bien allá no hay desfiles ni concursos entre colegios,  las Fiestas Patrias se viven de otra manera.

Estando lejos del terruño, la emoción al escuchar las sagradas notas de Nuestro Himno Nacional emocionan hasta al mas duro, pudiendo llegar hasta las lágrimas. Pero no es sólo eso, sino también existía la costumbre de presentar una actuación con todos los connacionales en un auditorio de la ciudad. Una especie de recibimiento para todos los demás estudiantes y los rusos, donde mostrábamos la historia, costumbres y creencias de nuestro pueblo, pero donde la cereza del plato era el momento de presentar las danzas características de nuestra patria. No recuerdo con exactitud en cuantos bailes he participado. Valicha,  huayno,  tuntuna, polca, vals limeño,  etc.  A veces era suficiente escuchar el Cóndor Pasa o el Adiós pueblo de Ayacucho, para emocionarnos hasta los huesos. Estando lejos de la casa es cuando mas valoras a tu Patria, y a tu gente, a tus comidas, sobre todo eso, la rica cocina peruana que no tiene parangón en sitio cualquiera.

Luego de retornar a casa, habiendo ya terminado mis estudios, me tocó hacer el Serums en el ejército. Ahí pude vivir el orgullo y el amor a la patria desde otro nivel. El respeto por los símbolos patrios es totalmente diferente. Se canta el himno no sólo con amor, sino con orgullo y mucho respeto. Tuve la oportunidad de hacer de "jefe de línea" en un acto castrense. Tuve también que desfilar a paso marcial  uniformado y con fusil en mano. Siendo en la época del conflicto con el Ecuador de 1995, cuando luego de haber retornado a mi cuartel, el entonar el Himno Nacional, frente a nuestro Pabellón Nacional, me emocionó hasta las lágrimas.

Hasta ahora me emociono con la Marcha de Banderas, y con nuestro Himno Nacional. Imagino a nuestros héroes nacionales, Grau,  Cáceres. También recuerdo a esos héroes anónimos que entregaron su vida por un país que muchas veces les dio la espalda. Yo tuve la oportunidad de ver a muchos, casi niños, que peleaban, se desagradan y morían por su Patria. Y después son ninguneados y vapuleados luego de haber literalmente sangrado defendiendo algo que muy pocos entienden: la Patria.
Lo seguiré haciendo, recordando todos y cada unos de esos memorables momentos, tratando de inculcar en los míos el amor por nuestro país y el orgullo de haber nacido en esta hermosa tierra del sol, cuna de los Incas señoriales, de los Chancas orgullosos, de los guerreros invencibles que prefirieron morir antes de ver rendida a su amada patria. Cuna de sabios, poetas, cantores y santos. Cuna del Huaynito, la valicha, la marinera y el festejo peruano. Lugar hermoso incomparable, con hermosas playas, majestuosos nevados y encantadora selva. Tierra de la papa, el pisco y el cebiche. 

Si, señores, tengo el orgullo de ser peruano.
Viva el Perú, carajo!!!

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