- Ya terminas, papi?
- Eh. Si mi amor, Unos minutos mas y acabo. Me esperas afuera un ratito mas?
- Si papi!
Apenas tenías cerca de tres años, meses mas, meses menos. Hablabas como una adulta, desde antes de caminar, y te llevábamos al hospital, pues en casa no había con quien te quedaras. Habías venido de visita, o a quedarte por algunos meses, ya que con tu mamá vivían lejos. Pero estabas ahí, en el pequeño hospital donde trabajaba.
En esa época era un mil oficios de la medicina.
Atendía partos, hacía cesáreas, colocaba anestesia y reanimaba tanto a recién nacidos como a adultos recién fallecidos, operaba y atendía en la consulta, hacía ecografías y hasta radiografías. Hacía de pediatra, cirujano, ginecólogo, anestesiólogo, traumatólogo, internista, psicólogo, epidemiólogo, administrador, consejero, etc, etc.
Era nuestro pequeño mundo en un hospital alejado y olvidado, donde de nuestras manos y nuestra habilidad dependía si una persona enferma vivía o moría. Mi máxima hazaña a sido intubar a un bebé prematuro, y lograr que sobreviva. Pero esta es otra historia.
Atendía partos, hacía cesáreas, colocaba anestesia y reanimaba tanto a recién nacidos como a adultos recién fallecidos, operaba y atendía en la consulta, hacía ecografías y hasta radiografías. Hacía de pediatra, cirujano, ginecólogo, anestesiólogo, traumatólogo, internista, psicólogo, epidemiólogo, administrador, consejero, etc, etc.
Era nuestro pequeño mundo en un hospital alejado y olvidado, donde de nuestras manos y nuestra habilidad dependía si una persona enferma vivía o moría. Mi máxima hazaña a sido intubar a un bebé prematuro, y lograr que sobreviva. Pero esta es otra historia.
Nuestra sala de operaciones, a pesar de todas las limitaciones, contaba ya en esa época con las condiciones necesarias para garantizar una intervención quirúrgica libre de contaminantes y con bajo riesgo a infectarse. Logramos convertirla en un lugar aséptico, para disminuir las infecciones pos operatorias.
Ese día estaba realizando una cesárea. Todo bien, los pasos a la perfección, y cuando retiro al bebe del útero materno para limpiarlo y cortar el cordón umbilical, levanto la mirada y noto la presencia de mi pequeña princesa en la puerta de la sala de operaciones, parada, observando atentamente lo que estoy haciendo.
- Ya terminas, papi?
- Eh. Si mi amor, Unos minutos mas y acabo. Me esperas afuera un ratito mas?
- Si papi!
Salió corriendo, como festejando una travesura más de su jornada. Apenas pude notar que se había ido, pegué un gruñido que más pareció un grito de disgusto:
- Quien?! Quién y cómo la dejaron entrar?!
Todos me miraron un segundo estupefactos. Silencio total.
Continuamos la cirugía, que no tuvo contratiempos. Averigüé que te habías escabullido del cuidado de las enfermeras, a las cuales te habían encargado, por solo unos minutos. Y que regresaste como si no pasara nada.
Tuvimos que mejorar los cuidados para que nadie pueda ingresar a esas zonas restringidas, esa fue la enseñanza. Tuve que explicarte lo que yo hacía en sala de operaciones, pero al parecer no fui lo suficientemente explícito.
Tuvimos que mejorar los cuidados para que nadie pueda ingresar a esas zonas restringidas, esa fue la enseñanza. Tuve que explicarte lo que yo hacía en sala de operaciones, pero al parecer no fui lo suficientemente explícito.
Un día, cuando aún tu madre estaba embarazada de tu hermano, y ya sabíamos que iba a ser varón, pues habías estado con nosotros cuando hice la ecografía, viniste con un cuchillo de mesa en la mano, y me pediste:
- Saca a mi hermanito de allí, papi. Está que se aburre!
Te adoro mi princesa, y aunque no te guste, seguirás siendo mi preciosa Bebé pequeña.
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