sábado, 28 de marzo de 2015

Sueños de infancia de un mundo inventado...

-Hola.
-Hola, cómo estás?
- Eh, yo? Bien, bien. Sólo que creo que nos están molestando.
- Si. Pero, pareces demasiado molesto.
- Hmm. No sólo estoy molesto, sino fastidiado. Esto no se puede tolerar. Jamás deberían de haber jugado así. Esto es intolerable. Jamás les perdonaré.
- Discúlpame.
- No, no tienes que pedir disculpas. Tú no tienes nada que ver en esta historia. Ellos son los que molestan.
- Pero, me siento muy incómoda. Mejor nos vamos.
- No creo que sea posible. Esta cosa debe completar todo su circuito. No hay forma de bajarse.
- Señor, por favor, puedo bajarme?
- Claro, espere un momento señorita, que acomodo mejor el bote a la orilla.
- Hmm. Podrías esperar un momento por favor. Ellos no pueden salirse con la suya. Hagamos un trato.
-Cual?
- Te espero a la salida. Por el momento sigamos el juego. Yo seguiré molesto y tú avergonzada.
- Tu crees?
- Claro. Ni cuenta se darán que hemos hablado esto.
- Pero... no importa. Te espero yo?
- Ni hablar! Haré como que me voy, muy molesto. Luego te espero en el camino a tu casa. Trata de llegar sola, por favor..
- Ya.. Ahí están....
Risas de todos. Miran desde la orilla del pequeño lago artificial, donde en un pequeño bote estamos terminando de dar el circuito de paseo, donde a propósito, mis amigos, nos dejaron solos.

Si, al fin solos, pero a vista de todo el mundo. Ellos sabían que había una atracción mutua, pero yo no quería reconocerlo, y ella no tenía reparos en aceptarlo.  Apenas éramos unos niños, algo crecidos por cierto, y estábamos ya despidiendo la secundaria del colegio.

No había tenido "enamorada" oficial durante todos los años en la escuela, ya que aún seguía suspirando por mi primer amor de la infancia, mi "sueño imposible", "estrella inalcanzable", y tantos otros nombres como la había bautizado. Nunca le dije siquiera lo que por ella sentía, ni se lo hice saber, quizá por cobardía o miedo a ser rechazado, mas por vergüenza, por considerar esto como algo inapropiado para mi edad. Podría seguir disertando infinitamente sobre las razones para mi silencio, sin llegar jamás a determinar una causa objetiva para ésto. Nunca hablé con ella, nunca me acerqué, nunca siquiera supe si ella sintió algo por mí.

Esta es otra historia.

Nos habíamos encontrado desde la primaria, y sólo había notado su presencia cuando me hizo saber que le atraía mi personalidad. En esa época era el mejor alumno de la escuela, y mis niveles de autosuficiencia y confianza en mi mismo eran épicos, únicamente comparables a mi absoluta incapacidad para hablar y mi fama de antisocial bien ganada.

Pero desde niño tenía alma de poeta.

Y me agradaba sobre manera que mis sentimientos, infantiles, puros y tiernos de mi infancia hacia ella, eran correspondidos. Lo que no podía aceptar era que todo el mundo lo había notado, y a mis compañeros les gustaba molestarme al respecto. Así que, muy a pesar de nosotros, decidí negar en público cualquier sentimiento mío, negarme a tener amistad siquiera con ella, manifestando que como estudiante y persona ya adulta no tenía tiempo para "esas cosas de adolescentes inmaduros".

Es por esa razón, y sabiendo todos que ella quería acercarse mas a mí, tramaron las mil maneras de acercarnos, y fue así que terminamos solos en ese pequeño bote en el lago artificial de la feria de nuestra ciudad. Lo que ellos nunca supieron es que hablamos, y que nos pusimos de acuerdo para encontrarnos después, pero a escondidas de todo el mundo.

Luego jugamos bien nuestras cartas. Ella se fue con sus amigas, avergonzada. Yo salí con una cara de pocos amigos, y, sin mediar palabra, salí con dirección a mi casa. Sin mediar palabra los dejé solos, e hice casi todo el camino a mi casa, tratando de verificar que nadie me seguía.
Retorné, ya era tarde. La esperé, parado en la esquina a una cuadra de su casa, seguro que ella pasaría por allí, escondido para que nadie notara mi presencia.

Llegó, pero no estaba sola. Iba con una de sus amigas, pero la amiga tuvo que despedirse, ya que su ruta era en otra dirección.
La llamé. Volteó hacia mi lado, y me sonrió. Nos saludamos con un beso en la mejilla.

- Hola, viniste.
- Hola, trato de cumplir siempre mi palabra. Cómo estas?
- Aún avergonzada. Son unos fregados. Mira que hacernos pasar semejante roche.
- Nunca se los perdonaré. Son unos tarados, haberse portado de esta manera, creo que incluso los cavernícolas serían mas cuerdos. Pero ya verán, me cobraré la revancha, con todos ellos.
- Ja, ja, ja. Te ves tan chistoso cuando te molestas...
- No es gracioso, pero mira que extraño, me gusta verte reír.
- Lo dices sólo por hacerme sentir bien.
- Aunque no lo creas, soy muy objetivo en mis apreciaciones, pues si pierdo de vista la realidad tendré muchos problemas en mi formación y posterior desarrollo....

Y así, hablando de todo, y de nada importante, se nos pasó el rato mas largo que jamás tuvimos juntos. Ella me habló de sus sueños, de su vida, de las tareas y de las anécdotas con los profesores. Yo, de matemática, de física, de las estrellas, de historia y de poetas, de literatura y de mis primeros pasos en la aventura de la poesía.

Sin darnos cuenta nos tomamos de la mano. No le pedí que sea mi enamorada, pero le hice saber de mis sentimientos hacia ella, y ella de la misma manera aceptó mi propuesta. No fueron necesarias las palabras, ya que nuestras miradas lo decían todo. Nos perdimos en el espacio y el tiempo, olvidamos al mundo y a los demás, y sin darnos cuanta siquiera el manto de la noche nos cobijó en su silenciosa complicidad. Éramos unos niños descubriendo sus sentimientos, temerosos de lo que nos había sido regalado, y sin saber que hacer con este don de la vida.

- Mi hermano!
- Y viene con alguien más!
- Si, es mi mamá!
- Bueno, entonces me tengo que ir. Nos vemos mañana.
- Chao.
- Chao.

Sin percatarnos, y como por inercia, un tierno beso sello nuestro pacto. Un beso rápido, apenas un roce de labios, pero selló una historia de complicidad y amistad que llevaríamos a la tumba. Ni una palabra a nadie, es solo para nosotros y con nosotros se queda.
A la distancia noté que se encontraba con sus familiares, no tuve el valor ni el coraje suficientes para enfrentar a su madre y su hermano. Moría de miedo, pero en el fondo mas miedo tenía por ella. Era demasiado tarde, y un castigo por eso era muy aceptable.

La busqué al día siguiente. Y, como lo habíamos acordado, nos encontramos en secreto, para que nadie notase que había algo entre nosotros. Estaba radiante, ella. Nos saludamos con recato, y la interrogué:

- Te hicieron algo? Te castigaron?
- No! No pasó nada, me preguntaron que hacía allí hasta tan tarde y con quién, Les dije que estaba conversando contigo parados todo el rato en la esquina, y eso los tranquilizó. Dijeron que eras un buen muchacho.
- De verdad?
- Si. Acaso no es así?
- Hmm. De todas maneras creo que está mal preocupar así a nuestros padres. No me imagino lo que deben haber pensado. Si yo fuese ellos no permitiría que...

Y así, nuevamente con un monólogo mío sobre ética, lógica y metafísica, comenzamos una nueva charla entre los dos, sentados en una acera, alejados de la bulla del colegio, de los amigos que siempre molestaban, de los profesores que siempre miraban, de todo y de todos.

Eramos felices en nuestro mundo inventado, vivimos esto mientras duró la escuela. Aceptamos la separación como algo natural de la vida. Tomé mi rumbo, ella el suyo.
Olvidé lo pasado. Enterré esta historia en lo mas profundo de mi consciencia.

Pasaron los años, nunca mas la busqué, ni supe mas de ella. Me enteré que partió al más allá,  no hace mucho de una dolorosa enfermedad, y que hasta el final de sus días recordaba nuestra aventura, nuestros sueños y nuestro mundo inventado. No pude acompañarla, no pude siquiera decirle que aún recuerdo nuestros momentos, nuestra complicidad, su sencillez y su inocencia, nuestro maravilloso pequeño mundo inventado.

Mi alma llora en silencio por una historia que tuvo un final no feliz, pero se alegra porque estás mirándome desde el mas allá, y sabes que encontré mi felicidad. Y que nunca te olvidé, y nuestro pequeño mundo inventado siempre estará a mi lado.

Atrapados en el espacio y en el tiempo, dos niños crecidos han inventado un mundo sólo para ellos.

2 comentarios: