Era el profe mas bravo de la secundaria.
Realmente no creo que nadie recuerde su verdadero nombre, pero todos le decíamos "pichisanca", o mejor lo llamaremos cariñosamente "pichoncito".
Media algo de metro y medio de estatura, con un cuerpacho de cuarto de pollo, recontra flaco, narizón y con cara de gallito chileno dispuesto a dar bronca. Y la daba.
Era el mas peleón de todos los profes, sindicalista hasta los tuétanos, revoltoso, reclamón. Se la pasaba fomentando huelgas y paros, azuzando a los alumnos a pitear y quejarse, y también organizaba a los profes en reuniones para los mitines y huelgas de turno.
Y además eras el eterno "asesor" del comité de alumnos del colegio, donde se reunían para nombrar a la junta directiva, hacer los programas por aniversario, desfiles, actuaciones, etc.
Era un todopoderoso.
Y lo peor de todo, dictaba un curso recontra tranca: Historia del arte. A quien michi se le ocurre tamaña locura!. Nos enseñaba en quinto de secundaria la Historia del arte en el Perú. Pancho Fierro, Ignacio Merino, Escuela Cuzqueña, Escuela Limeña,.... Una locura, nombres de pinturas, fechas, autores. Cómo puedes aprender todo eso?!
El examen final era de antología. Había que poder decir el nombre de la pintura, autor, fechas o periodos. Era imposible. Históricamente era un abollamiento, donde la mayoría salía jalado, y la máxima nota aprobatoria había sido trece en algún momento. Y el profe era bravo. En el momento del examen se paraba delante del aula, mirando a todos con su pose cachacienta de "a ver quien se atreve" "a ver calichines, quien es el primero". Y era muy conocido que descubría a los mas expertos plagiadores. Se jactaba de haber descubierto a los mas diestros y maestros del arte del plagio.
Estábamos perdidos. Y pichoncito nos la tenía jurada. Habíamos sido la primera aula que se reveló a su sistema. No habíamos ido a sus reuniones, no habíamos ido a sus huelgas, habíamos boicoteado todas sus revueltas y berrinches. Y yo era el primer alumno del colegio, y todos me habían seguido. Y eramos de la escolta, el brigadier general, y la mayor parte de los equipos de fútbol y basquet. Había perdido con nosotros, así que el día del examen final de Historia del arte no las tenía jurada. No pasaríamos!! Nos haría morder el polvo!!
Estudié.
Nunca desde tercero de secundaria había estudiado para un examen en el colegio. Se me hacia tan fácil todo que no necesitaba siquiera leer las clases. Y sacaba notas excelentes. Pero en ese momento, dudaba. No podía recordar los nombres, las fechas, los autores. Ni siquiera podía memorizarlos bien, era casi imposible! estaba perdido. Estaba convencido que malograría mi libreta de puros 18, 19 y 20 con un miserable 11 o quizá hasta un rojo!
Llegó el día D.
Estábamos todos en el aula, leyendo como locos, repitiendo nombres, autores, fechas, esperando un milagro o una iluminación divina. Muchos con cara de congoja y resignación. Pichoncito se vengaría, de eso no había la menor duda. Nos pondría el examen tan tranca que nadie aprobaría. Nos haría morder el polvo!
En la desesperación, Pacheta (uno de los de la clase, de quien tendremos mucho tiempo de hablar) se puso a copiar en la pizarra, metódicamente: autor, obras, fechas. Llenó toda la pizarra con un resumen de los datos mas importantes. Y todos nos sentamos a leer desde nuestro lugar en las carpetas y a repetir con la esperanza de en el último momento poder memorizarlo todo.
Y sin previo aviso, Pichoncito entró: "Todos a sus lugares!" Estábamos todos quietos. Repartió las pruebas en tres grupos y los entregó a los tres alumnos de la primera fila: "Tomen una y pasen el resto atrás!" Sin dudas ni murmuraciones.
En que momento voltea? Todos lo mirábamos con una cara de incredulidad. El examen era en extremo difícil, era lo que temíamos: obra, autor, fecha, escuela.
Se notaba que disfrutaba su momento. Parado delante de nosotros, caminaba algunos pasos a los costados sin quitarnos la vista. Y nosotros no dejábamos de mirarlo también.
¡Es que las respuestas estaban en la pizarra!
¿Cuando voltea?¿En que momento se dará cuenta?
No importa, todos lo mirábamos fijamente, y él no nos quitaba la mirada. Tenía un aire vencedor. Se sentía ganador. Esperaba, esperaba, " a ver, quien intenta plagiar, a ver pues, ahora quiero verlos" parecía decir su mirada.
Y nosotros "muévete mas al costado que tapas!"
"¡Terminó el examen! ¡Entreguen sus hojas de atrás para adelante!
Nunca hubo aula mas ordenada y rápida.
"¡Hasta luego alumnos!" Se despidió con aire vencedor.
Apenas hubo cruzado el umbral de la puerta, una masa gris cual avalancha se abalanzó hacia la pizarra y en frenética tarea, en menos de un segundo, usando brazos, manos, chompas, papeles y todo cuanto se te pueda ocurrir, borró la pizarra sin dejar huella del delito. No se le vaya ocurrir regresar!
No regresó.
Juramento de silencio!
A la semana siguiente Pichoncito traía una cara de compungido que nadie podía creer, entregó las notas con un desgano de antología. 20,20,20,20,20,20, 15, 20,20,20.....
Se despidió sin dirigirnos la mirada.
Que!! un quince?quien fue?
"-Es que estaba al último, no veía bien"
Habíamos aprobado el examen más difícil del colegio de todos los tiempos de manera espectacular!
Y Pichoncito no sabia cómo? Cómo pasó? Exijo una explicación!
No imagino su cara al ver las respuestas, y la imposibilidad de decir que habíamos plagiado. No podía aceptar que todo un salón entero de mas de cuarenta alumnos le había plagiado de manera espectacular y él no se había dado cuenta.
Fuimos malos, no se lo dijimos, y nos fuimos al terminar el colegio dejándole la duda de su vida.
Quince años después, en un momento familiar se lo conté a mi padre. Eran patas, con Pichoncito. Se mató de risa y me contó que él le había confiado que no sabía como había sucedido eso, no podía entender como había pasado. Mi padre como buen amigo se lo contó, y Pichoncito al fin pudo dormir tranquilo. ¡Sabía que habíamos plagiado, que nadie hubiese podido aprobar su examen de manera limpia!
Me mandó saludos con mi padre.
Mis maestros me enseñaron a ser lo que soy. Ellos marcaron mi rumbo, me dieron las primeras armas para enfrentarme a la vida. Estoy muy agradecido por eso.
Fin.
Realmente no creo que nadie recuerde su verdadero nombre, pero todos le decíamos "pichisanca", o mejor lo llamaremos cariñosamente "pichoncito".
Media algo de metro y medio de estatura, con un cuerpacho de cuarto de pollo, recontra flaco, narizón y con cara de gallito chileno dispuesto a dar bronca. Y la daba.
Era el mas peleón de todos los profes, sindicalista hasta los tuétanos, revoltoso, reclamón. Se la pasaba fomentando huelgas y paros, azuzando a los alumnos a pitear y quejarse, y también organizaba a los profes en reuniones para los mitines y huelgas de turno.
Y además eras el eterno "asesor" del comité de alumnos del colegio, donde se reunían para nombrar a la junta directiva, hacer los programas por aniversario, desfiles, actuaciones, etc.
Era un todopoderoso.
Y lo peor de todo, dictaba un curso recontra tranca: Historia del arte. A quien michi se le ocurre tamaña locura!. Nos enseñaba en quinto de secundaria la Historia del arte en el Perú. Pancho Fierro, Ignacio Merino, Escuela Cuzqueña, Escuela Limeña,.... Una locura, nombres de pinturas, fechas, autores. Cómo puedes aprender todo eso?!
El examen final era de antología. Había que poder decir el nombre de la pintura, autor, fechas o periodos. Era imposible. Históricamente era un abollamiento, donde la mayoría salía jalado, y la máxima nota aprobatoria había sido trece en algún momento. Y el profe era bravo. En el momento del examen se paraba delante del aula, mirando a todos con su pose cachacienta de "a ver quien se atreve" "a ver calichines, quien es el primero". Y era muy conocido que descubría a los mas expertos plagiadores. Se jactaba de haber descubierto a los mas diestros y maestros del arte del plagio.
Estábamos perdidos. Y pichoncito nos la tenía jurada. Habíamos sido la primera aula que se reveló a su sistema. No habíamos ido a sus reuniones, no habíamos ido a sus huelgas, habíamos boicoteado todas sus revueltas y berrinches. Y yo era el primer alumno del colegio, y todos me habían seguido. Y eramos de la escolta, el brigadier general, y la mayor parte de los equipos de fútbol y basquet. Había perdido con nosotros, así que el día del examen final de Historia del arte no las tenía jurada. No pasaríamos!! Nos haría morder el polvo!!
Estudié.
Nunca desde tercero de secundaria había estudiado para un examen en el colegio. Se me hacia tan fácil todo que no necesitaba siquiera leer las clases. Y sacaba notas excelentes. Pero en ese momento, dudaba. No podía recordar los nombres, las fechas, los autores. Ni siquiera podía memorizarlos bien, era casi imposible! estaba perdido. Estaba convencido que malograría mi libreta de puros 18, 19 y 20 con un miserable 11 o quizá hasta un rojo!
Llegó el día D.
Estábamos todos en el aula, leyendo como locos, repitiendo nombres, autores, fechas, esperando un milagro o una iluminación divina. Muchos con cara de congoja y resignación. Pichoncito se vengaría, de eso no había la menor duda. Nos pondría el examen tan tranca que nadie aprobaría. Nos haría morder el polvo!
En la desesperación, Pacheta (uno de los de la clase, de quien tendremos mucho tiempo de hablar) se puso a copiar en la pizarra, metódicamente: autor, obras, fechas. Llenó toda la pizarra con un resumen de los datos mas importantes. Y todos nos sentamos a leer desde nuestro lugar en las carpetas y a repetir con la esperanza de en el último momento poder memorizarlo todo.
Y sin previo aviso, Pichoncito entró: "Todos a sus lugares!" Estábamos todos quietos. Repartió las pruebas en tres grupos y los entregó a los tres alumnos de la primera fila: "Tomen una y pasen el resto atrás!" Sin dudas ni murmuraciones.
En que momento voltea? Todos lo mirábamos con una cara de incredulidad. El examen era en extremo difícil, era lo que temíamos: obra, autor, fecha, escuela.
Se notaba que disfrutaba su momento. Parado delante de nosotros, caminaba algunos pasos a los costados sin quitarnos la vista. Y nosotros no dejábamos de mirarlo también.
¡Es que las respuestas estaban en la pizarra!
¿Cuando voltea?¿En que momento se dará cuenta?
No importa, todos lo mirábamos fijamente, y él no nos quitaba la mirada. Tenía un aire vencedor. Se sentía ganador. Esperaba, esperaba, " a ver, quien intenta plagiar, a ver pues, ahora quiero verlos" parecía decir su mirada.
Y nosotros "muévete mas al costado que tapas!"
"¡Terminó el examen! ¡Entreguen sus hojas de atrás para adelante!
Nunca hubo aula mas ordenada y rápida.
"¡Hasta luego alumnos!" Se despidió con aire vencedor.
Apenas hubo cruzado el umbral de la puerta, una masa gris cual avalancha se abalanzó hacia la pizarra y en frenética tarea, en menos de un segundo, usando brazos, manos, chompas, papeles y todo cuanto se te pueda ocurrir, borró la pizarra sin dejar huella del delito. No se le vaya ocurrir regresar!
No regresó.
Juramento de silencio!
A la semana siguiente Pichoncito traía una cara de compungido que nadie podía creer, entregó las notas con un desgano de antología. 20,20,20,20,20,20, 15, 20,20,20.....
Se despidió sin dirigirnos la mirada.
Que!! un quince?quien fue?
"-Es que estaba al último, no veía bien"
Habíamos aprobado el examen más difícil del colegio de todos los tiempos de manera espectacular!
Y Pichoncito no sabia cómo? Cómo pasó? Exijo una explicación!
No imagino su cara al ver las respuestas, y la imposibilidad de decir que habíamos plagiado. No podía aceptar que todo un salón entero de mas de cuarenta alumnos le había plagiado de manera espectacular y él no se había dado cuenta.
Fuimos malos, no se lo dijimos, y nos fuimos al terminar el colegio dejándole la duda de su vida.
Quince años después, en un momento familiar se lo conté a mi padre. Eran patas, con Pichoncito. Se mató de risa y me contó que él le había confiado que no sabía como había sucedido eso, no podía entender como había pasado. Mi padre como buen amigo se lo contó, y Pichoncito al fin pudo dormir tranquilo. ¡Sabía que habíamos plagiado, que nadie hubiese podido aprobar su examen de manera limpia!
Me mandó saludos con mi padre.
Mis maestros me enseñaron a ser lo que soy. Ellos marcaron mi rumbo, me dieron las primeras armas para enfrentarme a la vida. Estoy muy agradecido por eso.
Fin.
Jajaja....De lo peor....bueno son vivencias
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