No tiene nada que ver con historias de espionaje, ni James Bond, ni modelos de infarto... Bueno, yo quisiera mucho de eso por cierto, pero la historia a ser contada será mas simple y terrestre, y ahí les va.
Era 31 de diciembre del año 1986, recién hacía unos meses había llegado a Rusia, a la ciudad de Rostov del Don, para realizar mis estudios de medicina. Mi hermanita ya había ido a visitarme, y como buena anfitriona me había invitado a recibir el año nuevo en la ciudad donde ella estudiaba, si mal no recuerdo Lugansk.
Ya había realizado previamente todos los trámites para poder viajar, ya que en esa época a un extranjero le estaba prohibido viajar libremente por el territorio de la URSS. Tenía los permisos correspondientes y ya me encontraba en la gran terminal terrestre de buses con mi mochila para abordar el Bus que me llevaría al preciado encuentro.
El primer gran problema de un extranjero es el idioma, y la verdad para mi fue peor. Eran si mal no recuerdo 8 horas de viaje, y según lo programado yo debería llegar aproximadamente a las 11 de la noche al destino final.
Asustado, y con frío, me hundí en el asiento y no bajé ni para ir al baño por el temor a que el bus me dejara y me perdiera en el inclemente invierno ruso sin poder comunicarme con la gente.
El bus cumplió su trayecto sin contratiempos, así que casi a la hora programada llegamos al Terminal de buses de Lugansk.
Todos los pasajeros bajaron y fueron a recoger su equipaje a la parte posterior del bus. Yo me dirigí con mis pocas pertenencias hacia la parte superior del terminal, donde estaba la sala de espera, las cajas, comedor, etc.
Grande fue mi sorpresa al encontrar el gran terminal.... VACÍO.
Todas las cajas cerradas, el comedor, las tiendas, TODO, cerrado. Algunas personas estaban mirando el letrero de partidas y llegadas, y otras pocas tomaban el último taxi con dirección para mi desconocida.
Ok, ok.. entonces saqué mi smartphone, me conecté a wifi y via whatsapp y msn envié un mensaje a mi hermana para que nos encontrásemos.....
Ah, perdón. En aquella época ni teléfono fijo existía. En los edificios, las residencias donde vivíamos, había un solo teléfono al ingreso, y para poder llamar a él era toda uno odisea, peor aún nadie tenía el número.
Bueno, tranquilo, pensé, mi hermana no sería capaz de abandonarme solo en la noche de año nuevo, en invierno, sin saber una j del idioma... Noooo, ni hablar! Así que me puse a caminar por todo el terminal, mirando arriba y abajo ( a lo mejor se quedó dormida), un poco mas y buscaba debajo de las sillas.
Luego me paré cerca de la puerta de ingreso, para que cuando ella llegara me encontrase fácilmente. Lo único que conseguí fue congelarme.
Bien, así pasaron 5 minutos eternos, osea ya eran las 11.05 de la noche del 31 de diciembre, noche de año nuevo, luego 5 mas, luego 10, luego 15.
Cuando eran 20 para las doce la desesperación dio paso a la resignación. Busqué el lugar mas "cálido" del lugar y como pude me arropé y traté de dormir para olvidar el frío y la soledad de la noche, mi primer año nuevo en Rusia, con amor.
- Hds653$#&RG #"#hjsa &"#2yh
- ¿Que dice? Pensé para mi mismo, y con asombro e incredibilidad vi a una pareja de rusos de relativa avanzada edad que me preguntaban algo al respecto del cartel de anuncios de llegadas y salidas.
- Ni panimayu - Respondí, no sin cierto rubor y vergüenza. (No entiendo).
- извините, пожалуйста. (discúlpenos por favor) Respondieron cortes mente, y se despidieron no sin antes desearme с новым годом! (Feliz año nuevo!)
Vaya, ironías del destino. Ellos esperaban a alguien que no vino, yo llegué y nadie estaba esperando. Seguía meditando sobre la vida, la oscuridad, el frío, la nieve, el invierno, el hambre, los idiomas, y todas esas idioteces en la que nos hace pensar la soledad y el ocio cuando nuevamente me sorprenden.
Eran las mismas, personas, solo que esta vez con mas paciencia intentaron comunicarse conmigo y saber lo que yo hacía en ese lugar, faltando 15 minutos para el año nuevo en el terminal de buses la noche de año nuevo y solo. Con el idioma universal de las mímicas, las pocas palabras que podía hilvanar, y con el nombre de mi hermana y la dirección traté de explicarles mi situación.
Me invitaron a su casa. No lo podía creer!. Algo me dijeron que en ese momento no se podía ir en esa dirección, o algo por el estilo. Nos fuimos a su casa, y me invitaron a compartir la cena de año nuevo. Esperaban a su hija que no llegó por algún motivo. Luego, cuando ya era muy tarde, me cedieron un lugar para dormir, y descansé como los Dioses.
Nos levantamos temprano, me invitaron desayuno, y el señor me pidió que lo acompañara. Viajamos en bus, pasamos nuevamente por el terminal de buses, y finalmente me dejó en la puerta de la residencia donde vivía mi hermana.
Toqué la puerta de la habitación asignada con el número que había escrito en el papel. Un rostro familiar, somnoliento, con una resaca espectacular me recibe.
- Hermano?! Llegaste?!
No la ahorqué, tampoco me puse a llorar... no. Eran otros tiempos, éramos jóvenes y arriesgados. Le conté a grandes rasgos mi periplo, y ella roncaba plácidamente sin prestar mucho interés a mi hazaña.
Pasamos muchas cosas juntos en nuestra época de estudiantes, cosas muy buenas, también tristezas muy grandes y penurias inigualables. Todo eso no hizo mas que fortalecer nuestra unión como hermanos. Te quiero mucho hermanita.
Era 31 de diciembre del año 1986, recién hacía unos meses había llegado a Rusia, a la ciudad de Rostov del Don, para realizar mis estudios de medicina. Mi hermanita ya había ido a visitarme, y como buena anfitriona me había invitado a recibir el año nuevo en la ciudad donde ella estudiaba, si mal no recuerdo Lugansk.
Ya había realizado previamente todos los trámites para poder viajar, ya que en esa época a un extranjero le estaba prohibido viajar libremente por el territorio de la URSS. Tenía los permisos correspondientes y ya me encontraba en la gran terminal terrestre de buses con mi mochila para abordar el Bus que me llevaría al preciado encuentro.
El primer gran problema de un extranjero es el idioma, y la verdad para mi fue peor. Eran si mal no recuerdo 8 horas de viaje, y según lo programado yo debería llegar aproximadamente a las 11 de la noche al destino final.
Asustado, y con frío, me hundí en el asiento y no bajé ni para ir al baño por el temor a que el bus me dejara y me perdiera en el inclemente invierno ruso sin poder comunicarme con la gente.
El bus cumplió su trayecto sin contratiempos, así que casi a la hora programada llegamos al Terminal de buses de Lugansk.
Todos los pasajeros bajaron y fueron a recoger su equipaje a la parte posterior del bus. Yo me dirigí con mis pocas pertenencias hacia la parte superior del terminal, donde estaba la sala de espera, las cajas, comedor, etc.
Grande fue mi sorpresa al encontrar el gran terminal.... VACÍO.
Todas las cajas cerradas, el comedor, las tiendas, TODO, cerrado. Algunas personas estaban mirando el letrero de partidas y llegadas, y otras pocas tomaban el último taxi con dirección para mi desconocida.
Ok, ok.. entonces saqué mi smartphone, me conecté a wifi y via whatsapp y msn envié un mensaje a mi hermana para que nos encontrásemos.....
Ah, perdón. En aquella época ni teléfono fijo existía. En los edificios, las residencias donde vivíamos, había un solo teléfono al ingreso, y para poder llamar a él era toda uno odisea, peor aún nadie tenía el número.
Bueno, tranquilo, pensé, mi hermana no sería capaz de abandonarme solo en la noche de año nuevo, en invierno, sin saber una j del idioma... Noooo, ni hablar! Así que me puse a caminar por todo el terminal, mirando arriba y abajo ( a lo mejor se quedó dormida), un poco mas y buscaba debajo de las sillas.
Luego me paré cerca de la puerta de ingreso, para que cuando ella llegara me encontrase fácilmente. Lo único que conseguí fue congelarme.
Bien, así pasaron 5 minutos eternos, osea ya eran las 11.05 de la noche del 31 de diciembre, noche de año nuevo, luego 5 mas, luego 10, luego 15.
Cuando eran 20 para las doce la desesperación dio paso a la resignación. Busqué el lugar mas "cálido" del lugar y como pude me arropé y traté de dormir para olvidar el frío y la soledad de la noche, mi primer año nuevo en Rusia, con amor.
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- ¿Que dice? Pensé para mi mismo, y con asombro e incredibilidad vi a una pareja de rusos de relativa avanzada edad que me preguntaban algo al respecto del cartel de anuncios de llegadas y salidas.
- Ni panimayu - Respondí, no sin cierto rubor y vergüenza. (No entiendo).
- извините, пожалуйста. (discúlpenos por favor) Respondieron cortes mente, y se despidieron no sin antes desearme с новым годом! (Feliz año nuevo!)
Vaya, ironías del destino. Ellos esperaban a alguien que no vino, yo llegué y nadie estaba esperando. Seguía meditando sobre la vida, la oscuridad, el frío, la nieve, el invierno, el hambre, los idiomas, y todas esas idioteces en la que nos hace pensar la soledad y el ocio cuando nuevamente me sorprenden.
Eran las mismas, personas, solo que esta vez con mas paciencia intentaron comunicarse conmigo y saber lo que yo hacía en ese lugar, faltando 15 minutos para el año nuevo en el terminal de buses la noche de año nuevo y solo. Con el idioma universal de las mímicas, las pocas palabras que podía hilvanar, y con el nombre de mi hermana y la dirección traté de explicarles mi situación.
Me invitaron a su casa. No lo podía creer!. Algo me dijeron que en ese momento no se podía ir en esa dirección, o algo por el estilo. Nos fuimos a su casa, y me invitaron a compartir la cena de año nuevo. Esperaban a su hija que no llegó por algún motivo. Luego, cuando ya era muy tarde, me cedieron un lugar para dormir, y descansé como los Dioses.
Nos levantamos temprano, me invitaron desayuno, y el señor me pidió que lo acompañara. Viajamos en bus, pasamos nuevamente por el terminal de buses, y finalmente me dejó en la puerta de la residencia donde vivía mi hermana.
Toqué la puerta de la habitación asignada con el número que había escrito en el papel. Un rostro familiar, somnoliento, con una resaca espectacular me recibe.
- Hermano?! Llegaste?!
No la ahorqué, tampoco me puse a llorar... no. Eran otros tiempos, éramos jóvenes y arriesgados. Le conté a grandes rasgos mi periplo, y ella roncaba plácidamente sin prestar mucho interés a mi hazaña.
Pasamos muchas cosas juntos en nuestra época de estudiantes, cosas muy buenas, también tristezas muy grandes y penurias inigualables. Todo eso no hizo mas que fortalecer nuestra unión como hermanos. Te quiero mucho hermanita.
Tengo que agregar que si fue a esperarme. Pasa que ella estaba afuera en el lugar a donde llegaban los buses y se acercó cuando todos los pasajeros recibían sus equipajes y paquetes. Yo como mencioné líneas arriba salí disparado del bus con dirección a ka sala de espera, que estaba en otro nivel. Al ver que todos se retiraban y con el bus completamente vacío mi hermana supuso que no había viajado y se retiro a su residencia. Error de ambos, yo por no fijarme al bajar si ella estaba cerca, ella por no darle una miradita a la sala de esperas antes de irse.Sucedió así, y tuvimos nuestra historia. Te adoro hermanita.
ResponderEliminarWouuu....una experiencia y vivencia extraordinaria. ...
ResponderEliminarYo creo que ese día tus ángeles siempre estuvieron a tu lado....
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