sábado, 20 de septiembre de 2014

Soledad...

Crecí en una familia numerosa, donde los espacios eran tan reducidos que el concepto de privacidad se reducía a espacios tan pequeños como el baño o la cama. Incluso siendo pequeños debíamos compartir la misma cama por motivos de fuerza mayor. Y es que el número de niños era superior al número de las últimas.

Eramos pequeños, pero la felicidad era grande, ya que el reducido espacio de las habitaciones era ampliamente compensado por los espacios externos amplios y abundantes. Frente a la casa teníamos un pampón lo suficientemente amplio para practicar deportes como fútbol, voley, kiwi, bata, mata gente al centro, trompo, chiptas, hacer volar cometas, etc, etc. Unos cientos de metros hacia arriba teníamos un riachuelo, lleno de ultush y sapos. De esa acequia Papa Shatu se las arreglaba para desviar algunos tramos y regar su chacra. Mi viejo hacía lo mismo, y a veces conectábamos mangueras, para que la cosa parecieras mas sofisticada.

Shacpay, así se llamaba el cerro de al lado, con algunas chacras y viviendas, mayormente era de hierbas silvestres y algunos arroyos, con una carretera afirmada que lo separaba de Villa Andina, la casa blanca, fantasmal ella, y del camino a Marian. Si, ese era el lugar donde mas jugábamos. A veces íbamos al cerro a recoger los hierbas que mi mamá y la abuela, Mama Filly nos pedían, Pero debíamos ir con cuidado, ya que la tía Patu tenia abejas, y al menor descuido, zas, picado de abeja. Gran dolor!. Ah, pero también habían muchas moras, y arcilla para formar lo que se nos antojaba. La carretera llegaba hasta Huanchac, y era un tramo lleno de arboles, chacras, y una que otra casa. Hemos recorrido ese tramo en múltiples ocasiones, incluso de madrugada cuando se nos dio por hacer deportes y salir a correr al amanecer. Solo en las épocas de fiesta la carretera se volvía super transitada, y se llenaba de camiones y gente que iban a la corrida.

Al costado estaba la casa del tío Lay, a medio construir, donde Papa Shatu guardaba a los chanchos. También ahí vivían los perros, de los cuales Yogui, Laika, Duque, son de mi época de niñez.
Laika era de Papa Shatu, mezcla de Pastor alemán con chusquipudel, fue una gran perra, de la que nació nuestro único y hermoso Yogui.

El oso Yogui, así bautizado por mi padre, ya que tenía un hermoso y abundante pelaje marrón, que lo hacía ver mas grande y lanudo. Llegó a ser el fiel guardián de mi viejo, dueño absoluto del barrio, se paseaba por todos lados cuidando al viejo en sus memorables borracheras, y trayéndolo sano y salvo a casa. Dejó harta descendencia, la ciudad se llenó de muchos "yoguis", pero ya no tuvimos otro igual a él. Cierta vez, se quedaron solos, el viejo y Yogui en la casa, y por cuestiones de "seguridad", el viejo dormía en una cama y Yogui a su lado, a veces en otra cama, supongo que los ronquidos del viejo lo aturdían.

La casa era una bulla permanente, ya sea el perro ladrando, los chibolos gritando, la vieja llamando... era un eterno bullicio. Y los momentos de soledad eran pocos... así que crecí soñando con tener un espacio para mi solo.

Y vaya que lo tuve, y en varias ocasiones.

La primera gran vez fue cuando estaba estudiando en Rostov del Don, épocas de Universidad. Estaba, para variar, misio. Tenía apenas dinero para comer, y de viajar ni pensar. Eran las vacaciones de verano, y Todos se iban de viaje.  Me quedé solo en la habitación,,, chévere! Al fin espacio para hacer lo que se me antoja! Iluso yo al pensar eso. En menos de una semana la residencia estaba prácticamente vacía. Solo quedamos unos cuantos en un total de 260 habitaciones distribuidos en 10 pisos. Mi sensación de felicidad y paz de los primeros días se cambió bruscamente a tremenda Soledad y abandono. El silencio era tal, que prendía el tocadiscos a todo volumen con la puerta abierta, por si las moscas. Cuando empezaron las clases fui el mas feliz de todos.

La siguiente gran ocasión fue en el ejército, en la época del conflicto. Me enviaron de mi unidad solo, a poner una unidad de avanzada de atención médica, pero no me dieron a nadie mas. Así que el primer día, nos bombardearon en la tarde, y todos corrieron a sus refugios.. yo no tenía el mio, y tuve que improvisar uno, solo. En la oscuridad de la noche, con la lluvia encima mio, empapado hasta los huesos, recostado en el barro, apenas cubierto con unas hojas de plátano, las bombas apenas iluminaban en derredor. Pero aún así no había nadie cerca. Si una de esas bombas me hubiese acertado, nadie se hubiese percatado de ello, y mi muerte hubiese sido en la mas profunda soledad, pues recién había llegado ese día a esa guerra, y no conocía a nadie, y nadie siquiera noto mi ausencia.... No pegue un ojo, apenas se aclaró un poco me dirigí a la enfermería y me puse a trabajar como loco, y hablar, y conocer a todos, pues si esa noche me tocaba morir, por lo menos alguno de los que me conocieron notaría mi falta. No fue así, me integré rápidamente al grupo, y a la noche siguiente ya tenía a mi compañero de lucha. Aunque él murió, debo agradecer a la vida el haberme dado una compañía en esos momentos tan difíciles, con los cuales siempre al recordar, las lagrimas nublan mi vista.... La guerra no es buena, es mala, muy mala, y es en ella donde conoces a fondo las miserias humanas....

La tercera vez fue en Pomabamba, y quizá fue el momento mas doloroso. Vivíamos en una casa alquilada, y era feliz: mi hija, mi esposa, mi trabajo, mis proyectos.... mis sueños puestos en marcha. Estaba estudiando para mejorar mi situación, incluso ingresé a política, el entorno me respetaba, mi bebé preciosa crecía, y se acercaba su primer año. Compramos todo lo básico: cocina, tv, equipo de sonido, refrigeradora, lavadora, las camas, juego de sala, teníamos empleada, en mi iluso cerebro creía tenerlo todo y ser el hombre mas feliz del planeta, pero sucedió.... ella se fue y se llevó a mi hija, dejándome en esa inmensa casa, con todos los enseres, equipos, muebles, juguetes, ropa... me quedé nuevamente solo.
Nunca entenderé con exactitud que hice mal, pero se que soy culpable de todo en mi vida. Y esta soledad duró años. Me dediqué al trabajo, abandoné mis proyectos y me derrumbé. Solo quería huir, y no podía. Vivía soñando los tiempos felices, cuando tenía a mi preciosa  bebé entre mis manos. Lavaba su ropa, acomodaba sus juguetes, tendía su cama.... poco a poco fui asimilando y acostumbrándome al dolor, tanto que hice de mi vida una parodia y me puse como meta huir a la primera.
Tuvimos momentos de estar juntos nuevamente, incluso tuvimos al segundo bebé, pero ya el daño estaba hecho, no era el mismo, no quedaba en mi una sola gota del océano que empujaban mis proyectos. Me propuse olvidar, y convertirme en una máquina sin sentimientos, pero no pude, y me derrumbaba con mucha facilidad. Hasta que pude al fin ingresar a la residencia para hacer mi especialidad, y pude nuevamente vivir con mi madre, mis hermanas y mis sobrinos.
Ya no tenía a mis hijos, pero por lo menos tenía un grupo humano, una familia,  a mi alrededor y nuevos proyectos y nuevos sueños.

La última vez fue cuando al terminar la residencia tuve que volver a Pomabamba, para arreglar mi situación. Ya en esa ciudad no quedaba nada de lo que había en esa casa, solo recuerdos. Estaban los amigos de siempre, pero la soledad era inmensa. Me convertí en un asiduo trabajador, estaba en el hospital hasta que me botaran. Y las noches de soledad en el hotel eran tan silenciosas y largas, que solamente lograron que huyera, buscando nuevamente un lugar donde no sentirme solo.
Felizmente lo logré. No estoy solo. La vida me ha dado lo que le he pedido. Tengo a la mejor compañera que jamás había soñado, y una hermosa familia además. Tengo proyectos y sueños, Ya no quiero espacios de soledad. Necesito la bulla, Necesito saber que alguien más nota mi ausencia o mi presencia. Ya tuve suficiente con la soledad....

viernes, 11 de julio de 2014

А ну ка мужики, давайте со мной!!!

Entrada en ruso, para variar... la traducción suena algo así como: A ver los machos, seguidme!. Y bueno, no tendría nada de extraño si no fuera porque era invierno y el bus donde viajábamos se había atascado, siendo necesario un empujoncito con fuerza bruta de aquella que solo se puede con hombres fuertes, pero la que llamó a viva voz era una señora de aproximadamente 45 años, y todos, incluyéndome, salimos a empujar el bus. Mi participación fue casi decorativa, ya que con una veintena de osos rusos fue suficiente para que estuviésemos nuevamente en la ruta. Aires y buen viento!

Sonrío al recordar esta escena, y a través de la ventana del tren en una infinita danza pasan los abedules, y los campos sembrados de trigo... la estepa rusa. Inmensa, inconquistable, cuna de grandes hombres y tumba de innumerables ejércitos. Sólo estando ahí puedes entender el alma rusa, el amor profundo a su tierra y su inquebrantable fortaleza.

- A donde se dirige?.
Un par de ojos verdes como esmeraldas me interrogan y una juguetona sonrisa me invita a sentarme.
- A Kiev, pero primero estaré unos días en el camino...

Era joven, de aproximadamente 18 años, con la amabilidad y cordialidad rusa me invita a compartir su desayuno: pan, pepinos encurtidos y salchicha, pero todo casero. Yo saco algo de queso fundido y con un poco de té completamos el banquete.
La conversación es sobre literatura, sobre todo, y algo de actualidad. Deportes, ajedrez, olimpiadas, típicos temas de conversación para los rusos.

Todo bien mientras aún me confunde con alguien de la Siberia o de alguno de los territorios asiáticos. Mi dominio del idioma es muy bueno, y mi acento pasa muy bien como si fuese local, pero en algún momento, cuando el nivel de confianza llega a un punto revelo mi verdadero origen: Perú. Normalmente no me lo creen, así que tengo que mostrar mi pasaporte y esas cosas, y es que además mi vestimenta y mis facciones pueden confundirse con una persona de la parte asiática de ese país. He logrado compenetrarme tanto con esa gente que fácilmente puedo pasar como uno mas. Y eso me da una gran ventaja, puedo viajar como ruso, y no como extranjero - lo que en la época de la Rusia comunista era bastante difícil.

Los motivos. No estaba permitido a los extranjeros abandonar la ciudad de residencia, para cualquier viaje se tenía que sacar un permiso especial, se compraban los pasajes en una agencia para extranjeros, y si mal no recuerdo, se tenía que reportar la estadía en la ciudad de destino con alguna autoridad. Cosas que pasaban. Obviamente los pasajes tenían una tarifa diferente, y como ruso era más económico.

Es por eso, que en un buen momento, cogí mi mochila, cepillo de dientes, un polo, un par de medias, dos calzoncillos, un libro, mi multiusos y me subí al tren.
- Y cuál es su nombre?
- Maxim (engaño un poquito), y el suyo?
- Natalia Ivanovna (el 90% de las rusas se llaman Natalia, y los rusos Ivan, y su nombre sería Natalia hija de Ivan)

El infaltable mazo de cartas nos entretiene, hasta que por algún motivo empieza la parte esotérica: a ver, veamos el futuro, el pasado, el presente... No conozco a rusa que no sepa algo de lectura de cartas. Y eso también suele ser divertido.

En algún momento el inevitable tema de la Gran Guerra Patria, los familiares que pelearon, los que murieron, los héroes, los desaparecidos... se ve lejano, pero aún no cicatriza la herida en toda la nación. Y no hay ruso que no haya ido en algún momento a una construcción de carreteras, a las cosechas en los Koljós y Sovjós, a las grandes Paradas por el día de la Victoria, el día del trabajo y el día de la mujer. Miles de anécdotas, miles de historias, que llenarían tomos incontables ...

En algún momento a cantar un poco, una que otra canción, quizá moderna, quizá tradicional... y el recuerdo del confort del hogar, del calor materno, del abrazo de los que amas. Miras y envidias el orgullo por su tierra, por su gente, por su idioma, su historia, por todo lo que significa ser ruso....

- Hasta la vista Maxim Maximovich!
- Hasta la vista Natalia Ivanovna!

Parado en el anden, veo alejarse al tren, con el silbido y ruido tradicional, y sin mediar mas protocolos me adentro en la estación y me dirijo a la ciudad de turno.

Calle Lenin, Plaza de la Victoria, Avenida Komsomol, barrio de los obreros, Cine Victoria, los nombres son iguales, las construcciones idénticas, las personas siguen siendo las mismas, el único bicho raro soy yo. Igual me confundo con ellos en el mercado, el comedor, la plaza, con los jugadores de ajedrez, o escuchando a la banda tocar valses.

Entrada la tarde me dirijo a la estación y compro mi boleto con dirección a mi siguiente destino, ahora de compañía me toca una abuela rusa, también se llama Natalia, y ella me trata como un hijo, me alimenta, me cuida, y la conversación es sobre los mismos temas, solo que la guerra es mas cercana a ella, tiene alguien que murió en la Gran Guerra Patria, pasó hambre, sufrió frío, y por eso adora el pan, no permite que se pierda una sola migaja...

En la otra estación me toca de compañero un ruso Iván Ivanovich, obrero, que trae además una botella de vodka, que comparte conmigo, y los temas cambian: hockey sobre hielo, mujeres, otra vez la guerra, pero esta vez es mas cercana: Afganistán. En Rusia todos los hombres van al ejército, sin excepción, y todos aprenden a la buena o a la mala a amar a su Madre Patria. Y el orgullo les revienta en el pecho, se creen los mejores sobre la faz de la tierra, se consideran los elegidos para derrotar a tiranos (léase Napoleón y Hitler), más aún sin son descendientes de cosacos, ahí la charla se alarga infinitamente...

Ciudades ordenadas, construcciones monumentales, parques enormes, monumentos gigantes, ciudades construidas sobre ruinas, y una gran y profunda religiosidad. Son creyentes en su gran mayoría, los ateos son los menos. Y las iglesias ortodoxas son opulentas y muy ricas. En algún momento se me ocurre entrar a la celebración de una liturgia, y lo primero es que no hay bancas ni sillas: todos estamos parados, solo en las paredes hay una especie de agarraderas para los minusvalidos. El sacerdote da la misa en latín y de espaldas a nosotros. Algunos se postran con el rostro en el suelo, y las puertas están cerradas, nadie puede entrar ni salir mientras dura la ceremonia. Vaya diferencia con nuestra Iglesia católica.

Una época diferente, quizá ya las cosas no sean como en aquellos tiempos, pero para mí Rusia siempre será el lugar donde aprendí lo que es amar a tu tierra.

miércoles, 11 de junio de 2014

A mi viejo con cariño...

Te levantas de mal humor, cepillas los dientes y mentalmente repasas el día : deberes, obligaciones, deudas, trabajo, más trabajo... Por los mil demonios, olvidaste una cita importante, no olvides de la reunión en el colegio de los chicos, tienes que darte un tiempo y revisar el grifo, ya que gotea.

Te sientes cansado, ya no eres el mismo de antes; incluso algunas canas y una calvicie incipiente adornan tu cabeza. Aplicas abundante espuma de jabón a tu rostro y empiezas la rutina del afeitado diario. Ves tu cara, tus arrugas, tus ojeras... Sin notarlo apenas tus ojos te devuelven una mirada familiar: es tu padre, son tus abuelos los que te miran desde el otro lado del espejo.

Por unos segundos eternos vuelves a ser niño...

Ahí está el viejo, como siempre apurado, acaba de ponerse su mejor traje para salir a su rutina diaria. Lo ves inmenso, fuerte; crees que no existe en el mundo alguien más grande que él, y en el fondo quieres crecer para parecertele un poco.
 También él se queja de lo poco que gana, el trabajo siempre es mucho y la paga es mala. Pero sigue adelante, y lucha día a día por el bienestar de los suyos y su familia.

Se las arregla para conseguir extras y regalarnos un paseo o un familiar fin de semana; empeña hasta el alma para que sigas estudiando y puedas independizarte.
Festeja tus logros como sí fuera el máximo acontecimiento del planeta, así sean estos pequeños e insignificantes.

Te alienta a seguir y te mira orgulloso.

"Ese es mi hijo!" - repite con frecuencia.

A veces, muchas veces te sientes avergonzado ante amigos y familiares por el desmedido orgullo de tu viejo por cosas tan simples y pequeñas. Pero igual sonríes con cada halago suyo, con cada ocurrencia.

Han pasado muchos años, ya no es el mismo.

De tanto andar ahora arrastra un poco los pies, olvida con frecuencia fechas y nombres, e incluso ha perdido aquella grandiosa y soberbia elocuencia. Los años no pasan en vano, repiten con frecuencia, la vida y el enorme camino recorrido le han dado experiencia, pero también lo han gastado.

Su mirada sigue siendo la misma, aunque llena de arrugas y cansancio eterno, te regala una sonrisa de aprobación y orgullo.

Ahora festeja los logros de sus nietos. Es un gran abuelo, lleno de mimos y gestos tiernos, ya no reconoces en él al que fue el padre severo.

Sus temas de conversación han cambiado, antes era fútbol, política y proyectos, ahora son de la familia que ya no está, de amigos que se fueron, de tiempos aquellos...

Sonríes...

Y en el espejo ves la mirada de tu padre y de tu abuelo. Eres igual a ellos. Tienes de tu padre los mismos gestos.

Y tienes suerte, pues aún puedes abrazarlo, aún puedes disfrutar de sus ocurrencias, de su orgullo paterno, aún puedes decirle, aunque bajito: "viejo, te equivocaste en una sola cosa ...  los hombres también lloramos, viejo". Y aunque casi nunca te dio un beso, puedes besarle y decirle que eres su sangre y su alma, y que no cambiarías por nada el así serlo!

 Te quiero, mi viejo.


lunes, 2 de junio de 2014

Lagrimas de un valiente...

- Llegan los comandos! Acaban de golpear Coangos y Base Sur!
- La cagada, compadre, parece que traen a uno mal herido.
- Nos jodimos, parece que la cosa es seria. Preparen mas espacio!
- Todo listo mi Capitán!

Era una imagen de antología. El oficial a mando encabezaba la patrulla. Con su fusil a la bandolera, era el que sostenía sobre su hombro un lado de la rústica camilla. A pesar de estar todos uniformados de la misma manera, se notaba por el porte y la arrogancia que era él quien estaba a cargo. Detrás venían en perfecta formación unos combatientes salidos de los mejores cuentos de guerra de Hollywood: todo sucios, las caras oscuras, aún embetunadas, la ropa negra y verdosa, las pañoletas en la cabeza o el cuello. algunos con unos listones en el brazo. Uno que otro con el pañuelo amarrado de forma graciosa en el rostro. Cansancio infinito, mirada serena, sensación de ser los seres mas fieros del planeta. Orgullosos y disciplinados, parecen marchar cantando:

- Para ser comando tienes que tener!....
- Los huevos rayados como Lucifer!...
- Ojo de lechuza, diente de león!....
- Y musculatura como de Sansón!...

Esas conocidas frases se repiten únicamente en mi memoria. Por un instante fugaz recuerdo todas las jornadas de esfuerzo físico al limite, sudor, cansancio, fatiga, dolor... y la idea bien clara que los comandos eran insuperables. Todos lo sabíamos.

 Los comandos de élite eran lo mejor de nuestras tropas, y ahora regresaban de devolverle la visita a nuestros vecinos del norte. Les hicieron saborear en carne propia lo que es sentir temor y muerte. Y ellos en ese aspecto eran especialistas. Demás está decir que no abandonaban a ninguno de sus compañeros.

Eran el orgullo de nuestro ejército. Y venían hacia nuestra pequeña "enfermería". A muchos les gustaba llamarlo "puesto de socorro" o "centro de atención médica de urgencia" "hospital de campaña". Para nosotros seguía siendo la "enfermería", pues ese era su objetivo cuando acá funcionada el Puesto de Vigilancia fronterizo N° 1.

Traen directamente al hombre de la camilla mientras el resto empieza a retirarse el equipo en forma sistemática. Lo evaluamos. Aún vive, tiene una herida de bala en la cabeza, pero sus latidos son firmes y su respiración regular. No hay sangrado activo.

- Ampi, cloro, genta!
- Si mi capitán!

El enfermero termina de aplicar los antibacterianos (ampicilina, cloramfenicol y gentamicina), mientras termino de lavar la herida y colocar un vendaje compresivo.

- Llega el pato!
- Quien es el hijeputa que se atreve a entrar?
- Poncho, quien mas?!

Los ecuatorianos están mejor equipados. Nuestros vetustos "patos" (helicópteros) rusos MI 8 eran presa fácil de sus modernos Kfir y Mirage. Ya nos habían derribado varios, y solo los machos osaban cruzar hacia el PV1. Y Poncho era uno de ellos.

- Preparen a los evacuados, el comando en la camilla va primero!
- Comprendido mi capitán!

- Quien está a cargo?!
- El capitán, mi capitán!

Escucho al soldado responder al capitán de los comandos, y veo que a paso firme se dirige a mi. Saludo mutuo, una palmada en el hombro:
- Cura a mis hombres, doctor. Son lo mejor que hay por estos lares.
- Si, mi capitán.  Número! Despeja el área, hay que atender a los comandos!

Como movidos por un resorte los sanitarios despejan el área de atenciones y van pasando los comandos a ser atendidos. Tenemos menos de 15 minutos para una atención rápida de todos y evacuar a los heridos. Poncho no va a esperar, y otro pato no habrá quizá hasta mañana. O quizá nunca.

Cual maquinaria perfectamente articulada, los sanitarios y enfermeros colocan a los soldados en posición de evaluación, y de forma casi automática les van colocando una vía intravenosa. Eso para mi es mal augurio. Una vía solo significa herida potencialmente infectada, para lo cual están perfectamente entrenados.

 Paulatinamente vamos retirando pañuelos, trozos de polo amarrados, listones;  y se van descubriendo heridas de bala, metralla y esquirlas por doquier. El chaleco antibalas hizo su trabajo, protegió el pecho y abdomen. Pero los brazos y piernas habían sido castigados.

- Ellos eran mas, pero los plomeamos a todos...
- No dejamos uno solo vivo...
- Cuando regreso? Tenemos que volver a golpear Coangos...
- Chucha, compadre.. te jodieron la cara.. ja, ja, ja... ahora serás cara cortada!..

Charlan entre ellos alegremente mientras hacemos nuestro trabajo. Retiro un listón y encuentro un pequeño orificio de entrada y en la parte posterior un hueco enorme sin tejido vivo. Retiro una pañoleta del rostro y encuentro que falta media mejilla. Todas heridas de gravedad, y automáticamente les voy poniendo el papel de "evacuado".

En eso siento que violentamente me levantan por las solapas, y un aliento de los mil rayos me grita en pleno rostro:
- ¡Que mierda crees que estás haciendo, hijeputa! Me estás dejando sin soldados, por los mil demonios!
- Son heridas infectadas, mi capitán! - Alcanzo a responder a unos ojos que quieren devorarme- No pueden quedarse....
- Carajo! Cúralos....

-¡Que pasa ahí!?
Volteamos y en forma automática nos colocamos en posición de atención y saludamos. El comandante nos devuelve el saludo y, sin palabras,  nos mira como preguntando "qué mierda están haciendo!?"...

El capitán comando es el que responde:
- Está evacuando a toda mi tropa, me está dejando sin soldados, hasta los raspones y uñas rotas los está derivando mi comandante!

Ambos me miran, casi titubeando respondo:
- Son todas heridas de bala, esquirlas, metralla... se pueden infectar y deben ser atendidos en un hospital, deben ser evacuados mi comandante....

- Continúe con su trabajo doctor.... Capitán! Venga conmigo!

Veo que se retiran a un lado de la enfermería, y oigo como el capitán comando escucha y a regañadientes acepta: "Te asignaran mas hombres" "tranquilo, ya viene tu jefe y trae refuerzos" . ... "pero..." .. "ellos son mis muchachos, son los mejores.." ... "lo se, lo se..." Pero el doc no está loco, y si dice que es mejor que se vayan por algo ha de ser"... "tómese un descanso capitán, la guerra recién comienza.." "entendido mi comandante"

Ya terminamos con los heridos, solo quedan dos soldados sin lesiones. El resto de los comandos deben ser evacuados, todos están heridos. (¿Como rayos pudieron regresar caminando? Mi cerebro no puede entenderlo)

- Hey, doc! Ya que me has dejado sin tropa, por lo menos cúrame estas heridas que me han hecho las botas, que parece me ajustan mucho.
Es el capitán comando, que aún está molesto, que aún quiere matarme, pero necesita ayuda...
- No hay problema mi capitán... Enfermero, ayúdeme a retirarle las botas...

- Con cuidado, carajo! Duele...

- Pero... estas son esquirlas!
Mis ojos no lo pueden creer. Ambas piernas del capitán están impregnadas de esquirlas por todas partes. Los pies ya están hinchados y rojos por una celulitis incipiente. (¡Cómo mierda pudo venir hasta acá caminando?! Esto debe doler como los mil demonios! Por menos la mayoría no puede dar un solo paso más... mi mente trabaja  a mil por hora)

- Vía! Ampi, cloro, genta! Povidona! Gasas, vendaje!

- Que mierda estas haciendo?!
- Tiene que irse mi capitán! Podría perder las piernas... Mi voz no duda, no me reconozco, soy firme y metódico... No hay tiempo, Poncho ya se va a ir....

- Noooooo!!!!!

El grito ensordecedor del capitán comando se eleva por encima de todos los ruidos dela enfermería, e incluso me parece que fue mas alto que el ruido del pato...

- Nooo. Maldito! No! no! noooo!!...

Es mas un grito de guerra que una queja. Intenta levantarse pero el comandante ya está de nuevo al lado, y en una fracción de segundo lo entiende, y lo sujeta impidiendo que se mueva... debo terminar mi trabajo...

- Noooo.... no, por favor no...   Su inicial tono agresivo ya ha cambiado, ahora es lamento, llanto  y súplica, como pidiendo que no lo castiguen....

El comandante lo consuela, como un padre a un niño lastimado. "Tu guerra ha terminado, muchacho. Debes ir a casa..."

Termino mi labor. Los camilleros lo levantan, y por un segundo al levantar la mirada me encuentro con un par de ojos llorosos, fieros, llenos de rencor y de ira: Te odio! Me alcanza a decir mientras es trasladado al pato que Poncho ya está elevando...

En la guerra vi de todo: muerte, dolor, lagrimas, ira, tristeza, abandono. Aprendí que la guerra nunca es buena, que son mayormente niños de las clases pobres los que son enviados a morir, y si sobreviven después son juzgados como criminales.  Aprendí que las apariencias casi siempre nos engañan, que más importante que la fuerza física es la voluntad y la fe, que un verdadero guerrero no se distingue por su preparación o equipamiento, sino por su espíritu.

Pero ese día en especial, vi llorar a un valiente....


viernes, 30 de mayo de 2014

Una semana a caballo...

Siempre soñé con ser jinete del lejano oeste, con mi sombrero de ala ancha y mis botas de cuero, un cigarro en los dientes, una pistola al cinto... y la musiquita de fondo por supuesto.




No salió así, ni de lejos, pero tuve mi cabalgata memorable...

- Aló. Con el Dr Max?
- Si, con quien tengo el gusto?
- Soy el Doctor P....,  director de enfermedades metaxénicas de la región. Tengo entendido que es usted el encargado del mismo rubro en la UTES Pomabamba, es cierto?
- Si, Doctor. En qué puedo ayudarlo.
- Pues, que acciones ha tomado ante el brote de Leishmaniasis en el sector de Marañón, para ser mas exactos en la jurisdicción de San Pedro de Chonta?.
- Eh, acabo de solicitar por vía formal el informe del personal asignado a ese puesto de salud, supongo que para este fin de mes tendremos un informe detallado...
- Momento. Sugiere usted que vamos a esperar un mes entero, mientras los medios de comunicación hacen leña de la Dirección Regional de Salud? Sabe que han ido comuneros de esa jurisdicción directamente al Ministerio de la presidencia a pedir ayuda por sus enfermos que "MUEREN CADA DÍA"? Sabe que todos los medios de la capital están solicitando información cada hora ante la posibilidad de una epidemia desatendida? Sabe que el mismísimo Presidente de la República ha llamado el Director Regional de Salud pidiéndole acciones inmediatas?
- No, Doctor, no sabia nada de eso, pero ya se están tomando las acciones....
- Doctor Max, mañana a las 4 de la mañana partimos a San Pedro de Chonta. Por tu ineficiencia voy a tener que viajar personalmente a ese lugar. Así que te quiero listo y a tu laboratorista. En este momento estoy partiendo de Huaraz en la camioneta de la Región. Pasamos a recogerlos en el Hospital de Pomabamba aproximadamente a las seis  de la mañana, y seguimos la ruta hacia Huacrachuco... Por lo menos has las gestiones para que nos recojan en la punta de carretera al cruzar el río Marañón, ya que tengo entendido que la camioneta nos dejará a 5 horas a pie de la punta de carretera...
- OK, Doctor. Estaremos listos.

Para los que no pueden ubicarse en el espacio del relato. Pomabamba es una ciudad en el callejón de los Conchucos, aproximadamente a 8 horas en camioneta de Huaraz, para lo cual hay que cruzar la cordillera blanca. De Pomabamba a Huacrachuco hay que hacer una ruta algo difícil: en camioneta por el camino a Sihuas, y luego dirigirse hacia el Marañón... para la época del relato la carretera estaba semidestruida, y no había puente sobre el Marañón. Las camionetas llegaban solo hasta un tramo,. y luego había que caminar primero por terreno pedregoso y agreste, y luego por un trecho tallado en la roca a orillas del Marañón, que iba elevándose paulatinamente y se hacía una trampa mortal.





 El tramo nos tomaba aproximadamente 5 horas. Al llegar a la altura del cruce se encontraba un huaro,  mas o menos como este..



Lamento no tener fotos propias.

Al otro lado te esperan dos horas en camioneta para llegar a Huacrachuco. De Huacrachuco a San Pedro de Chonta, día y medio a caballo, si vas rápido.

Bien. Todo el tramo fue normal hasta Huacrachuco, llegamos por la tarde y nos entrevistamos con el Jefe del Centro de Salud. El mismo tema, las mismas respuestas. Y es que San Pedro de Chonta está muy lejos, sólo hay una técnica de enfermería que baja al Centro de Salud cada mes, con los informes. pero no tenemos datos sobre tal epidemia, además esa zona es endémica, etc.



Castigo igual para todos, el Jefe del Centro de Salud, la enfermera encargada de enfermedades metaxénicas, la laboratorista, todos iríamos a verificar in situ lo que estaba sucediendo.

En la madrugada siguiente estábamos todos listos. Tres médicos, una enfermera, dos tecnólogos de laboratorio, dos técnicos de enfermería, un guía. Nos entregaron los caballos de acuerdo al peso. Bien, solo mido 1.70 pero en ese entonces estaba con sólo 85 kilos, así que me asignaron la mula mas resistente, a mi colega de Huaraz le dieron el mejor caballo, pues él era mas alto y un poquito mas llenito que yo, al colega jefe del centro de salud casi lo sientan en un pony, pues era tan delgado que dudábamos que llegase a los 50 kilos. La enfermera y los tecnólogos eran pequeños tanto en talla como en peso, por eso en sus caballos distribuimos los equipajes, y los dos técnicos que eran de la zona si estaban en buena forma, así que se adaptaron a lo que quedó, también el guía.

El asunto es que nuestras habilidades ecuestres eran cero. Apenas alguna vez habíamos subido a un caballo, así que al momento de la partida los dos técnicos y el guía se encargaron de colocar las monturas y ayudarnos a montar. Sobre todo era gracioso ver a las mujeres intentando cabalgar, pues con lo delicadas que son siempre, trataban de encontrar un escalón, o una escalera de ser posible, y el menor movimiento de los animales las asustaba. No fuimos la excepción. En los primeros intentos los animales trataron de liberarse de nosotros, sobre todo mi mula, y tuvimos algunas memorables caídas, pero con el camino la cosa se fue poniendo interesante.




Nada es mas hermoso que el paisaje peruano. Cabalgamos por horas por la vertiente del Marañón, cruzamos el divortium aquarum, y nos adentramos poco a poco a la montaña, ceja de selva peruana. El cielo azul, el sol esplendoroso, las aves. No había mejor estímulo para la vista que la hermosa conjunción del paisaje y los sonidos de la naturaleza.



De vez en cuando nos cruzábamos con jinetes extraños, que cabalgaban cubiertos con ponchos, sombreros, y arreaban mulas espectaculares. Saludaban muy cordialmente, nosotros contestábamos de la misma manera. El guía nos había prevenido de no detenernos ni hacer preguntas, pues no era correcto cuestionar algo a los narcos o a los terroristas, así que mejor debíamos llevar la fiesta en paz.

Las primeras horas fueron muy difíciles. Poco a poco nos fuimos adaptando a la cabalgata. La hora del almuerzo, en el suelo, al lado de los caballos, estirando las piernas agarrotadas. El aire del campo mezclaba nuestra comida con algo de paja y tierra. No importaba, a buen hambre no hay pan negro.

Al inicio el guía y los muchachos nos ayudaban con las monturas, pero con el correr de las horas íbamos adquiriendo habilidades que antes no conocíamos. Al llegar la noche encontramos un centro poblado donde nos prestaron los ambientes de la escuela para dormir. Acomodamos las monturas lo mejor que pudimos, y a dormir, con el olorcito a caballo y sudor dormimos como los dioses. Cabe mencionar que las pulgas se dieron un festín con nosotros, pero esa era nuestra menor preocupación.

Al amanecer del segundo día nuestros cuerpos pedían chepa. Nadie quería continuar, nos dolía todo, pero no nos quedaba de otra, solo seguir avanzando. Las charlas eran cada vez mas personales, ya nos considerábamos como amigos de toda la vida, pero aún guardábamos las distancias. Aún así el desenfado de uno de los técnicos rompió el hielo rápidamente y pudimos sobrellevar la cabalgata a un ritmo saludable.

Llegamos a San Pedro de Chonta.



Ya era de tarde, y nos recibieron no como a huéspedes ilustres, sino como a extraños que venían a fiscalizar la historia por ellos tejida. Para variar habían exagerado. Hubo un sólo muerto en ese período, pero no fue ni de lejos por la enfermedad que ellos manifestaban. Nos dijeron que los casos se presentaban en otros centros poblados, que se encontraban mas lejos aún, y que aquellos pobladores no podían llegar siquiera al puesto de Salud de San Pedro.

La técnica de enfermería encargada del Puesto de Salud nos contó que todo transcurría con la normalidad de siempre: faltaban medicamentos, la gente sufría de enfermedades y no podía ser atendida a tiempo, niños y parturientas morían en el traslado al centro de Salud de Huacrachuco, donde a veces podían llegar, y les decían que no tenían quirófano para operar. Y que el lugar más cercano con centro quirúrgico era Pomabamba o Sihuas.

Osea, si estás enfermo y necesitas una intervención quirúrgica en San Pedro de Chonta y consigues una buena mula y mucho dinero te puedes trasladar a Huacrachuco en dos días, luego dos horas hasta el río Marañón, luego a ser trasladado a pie por 4 o 5 horas hasta la punta de carretera y de ahí 3 horas hasta Pomabamba o Sihuas, y a rezar que puedan operarte ahí, ya que a veces se necesitaba ser trasladado a Huaraz, con la carretera en buenas condiciones 8 horas, y de ahí a Lima otras 8 horas. Bueno, solo un milagro hacía que personas enfermas sean atendidas en forma por lo menos aceptable.

La técnica de enfermería debía hacer literalmente milagros para atender a esa pobre gente. Si bien es cierto tenía a toda la población de su lado, no siempre se lograba atender a la necesidad presentada.

A la mañana siguiente, con un guía armado adicional, retomamos la ruta con dirección selva adentro a los lugares donde había el brote de la enfermedad. Por esos lugares el terrorismo y el narcotráfico campeaban y dominaban prácticamente todo. Así que no estaba de más tener una especie de guarda espaldas, solo por si acaso. Tuvimos que cruzar el Marañón, colgados de una polea sobre un cable, al puro estilo de los montañistas expertos, aunque con mucho miedo.



Los caballos a nado, casi son tragados por el turbulentas aguas del Marañón.



Llegamos hasta donde pudieron dar los caballos, y nos quedamos a dormir nuevamente en un centro poblado en una especie de establo. Ya para esto eramos unos expertos jinetes. Cada uno era capaz de ensillar su propia montura, y podíamos montar casi al vuelo. Ya la montura era parte de nuestro cuerpo, y habíamos aprendido a entender a los animales, sobre su fatiga, hambre y otras cosas. Selva adentro los ponchos para lluvia fueron nuestros mejores aliados, pues el clima era tan cambiante como el paisaje.

Tampoco encontramos los casos que manifestaban en sus relatos, tampoco era la epidemia que ellos pintaban. Pero había una realidad innegable, a esos lugares el estado jamás había llegado. En esos lugares imperaba literalmente la ley de la selva, donde solo sobrevivían los mas fuertes y los mas osados. No había espacio para los enfermos o débiles, y el terrorismo y narcotráfico campeaban y gobernaban, a vista y paciencia de todos.

Iniciamos el viaje de retorno  al siguiente día, y nuevamente cuando el sol se ponía llegamos a San Pedro de Chonta, pero al ir acercándonos vimos que las luces de la ciudad se apagaban. El guía nos pidió que nos detuviéramos por un momento. El se acercó a la población, y luego regresó a decirnos que ya podíamos entrar. Sucede que los pobladores abandonaban la ciudad cuando llegaban los terroristas. Y a la distancia no había forma de diferenciar si eran ellos o nosotros.

Vaya, si no hubiese sido por el guía a lo mejor nos recibían con una lluvia de plomo. La gente de todos los lugares estaba harta tanto de los terroristas como del narcotráfico, pero se cuidaban de no exteriorizarlo.

Un día de descanso, reuniones con las autoridades, acuerdos, promesas. Si bien es cierto no existía tal epidemia, las necesidades en salud eran incontables. Ensillamos de nuevo, y luego de otros dos días, ya no de cabalgata forzada, sino de casi un paseo, regresamos a Huacrachuco. Incluso los animales caminaban mas ligeros, el sentir el hogar cerca los animaba y hacía la ruta más fácil.

La parte final de la travesía no tuvo mas contratiempos, en realidad fue una experiencia inolvidable, donde formamos lazos de amistad y conocimos de cerca a la realidad de nuestro Perú profundo, esos lugares que se recuerdan tan solo cuando es época electoral. Lugares donde las necesidades y la pobreza están tan arraigadas que son consideradas como parte natural del paisaje. Lugares donde la salud y la educación son un lujo, y donde la capital y la ciudad son conceptos tan lejanos y vagos, que a nadie le importa.

El resultado inmediato de nuestro viaje fue que al año siguiente se asignó un presupuesto especial para el Puesto de Salud de San Pedro de Chonta, se asignó un médico, una enfermera y obstetriz, con sus técnicos de enfermería. Obviamente los pioneros, los primeros profesionales en ir a trabajar allá no recibieron la noticia de muy buen grado, pero supongo yo que la experiencia que pasaron fue mucho mas gratificante que nuestra pequeña cabalgata. Ellos deben tener su propia historia.

Dedicado a mis colegas serumistas, que realizan su trabajo en los lugares mas inhóspitos de nuestra patria, lugares que a veces ni siquiera aparecen en el mapa. Arriesgando muchas veces su vida, ponen todo su esfuerzo y valor para hacer llegar un poquito de esperanza a la población más necesitada. Y casi siempre la labor que desempeñan es minimizada y menospreciada, tanto por sus jefes como por la población. A veces cuando las cosas se ponen muy duras, cuando un paciente muere por falta de medicamentos o de recursos, cuando te llega un sentimiento de frustración por sentirse inútil e insuficiente te preguntas si hiciste una elección correcta, si era esto lo que querías. Pasas gran parte de tu vida estudiando y preparándote para aprender a ser un médico, y al final terminas curando hasta con hierbas medicinales y métodos de chamanes. Lo que nos mantiene firmes es que podemos ganarle muchas veces a la muerte, y podemos salvar vidas ...... y esa es una satisfacción solo nuestra.



Este es el Hospital de Apoyo de Pomabamba, lugar donde pasé unos años extraordinarios, donde literalmente arranqué vidas de la manos de la muerte, lugar donde se tejieron muchas tramas, buenas y malas, que marcaron mi vida y mi historia.

miércoles, 28 de mayo de 2014

Desde Rusia con amor...

No tiene nada que ver con historias de espionaje, ni James Bond, ni modelos de infarto... Bueno, yo quisiera mucho de eso por cierto, pero la historia a ser contada será mas simple y terrestre, y ahí les va.

Era 31 de diciembre del año 1986, recién hacía unos meses había llegado a Rusia, a la ciudad de Rostov del Don, para realizar mis estudios de medicina. Mi hermanita ya había ido a visitarme, y como buena anfitriona me había invitado a recibir el año nuevo en la ciudad donde ella estudiaba, si mal no recuerdo Lugansk.

Ya había realizado previamente todos los trámites para poder viajar, ya que en esa época a un extranjero le estaba prohibido viajar libremente por el territorio de la URSS. Tenía los permisos correspondientes y ya me encontraba en la gran terminal terrestre de buses con mi mochila para abordar el Bus que me llevaría al preciado encuentro.

El primer gran problema de un extranjero es el idioma, y la verdad para mi fue peor. Eran si mal no recuerdo 8 horas de viaje, y según lo programado yo debería llegar aproximadamente a las 11 de la noche al destino final.
Asustado, y con frío, me hundí en el asiento y no bajé ni para ir al baño por el temor a que el bus me dejara y me perdiera en el inclemente invierno ruso sin poder comunicarme con la gente.
El bus cumplió su trayecto sin contratiempos, así que casi a la hora programada llegamos al Terminal de buses de Lugansk.

Todos los pasajeros bajaron y fueron a recoger su equipaje a la parte posterior del bus. Yo me dirigí con mis pocas pertenencias hacia la parte superior del terminal, donde estaba la sala de espera, las cajas, comedor, etc.
Grande fue mi sorpresa al encontrar el gran terminal.... VACÍO.

Todas las cajas cerradas, el comedor, las tiendas, TODO, cerrado. Algunas personas estaban mirando el letrero de partidas y llegadas, y otras pocas tomaban el último taxi con dirección para mi desconocida.

Ok, ok.. entonces saqué mi smartphone, me conecté a wifi y via whatsapp y msn envié un mensaje a mi hermana para que nos encontrásemos.....
Ah, perdón. En aquella época ni teléfono fijo existía. En los edificios, las residencias donde vivíamos, había un solo teléfono al ingreso, y para poder llamar a él era toda uno odisea, peor aún nadie tenía el número.

Bueno, tranquilo, pensé, mi hermana no sería capaz de abandonarme solo en la noche de año nuevo, en invierno, sin saber una j del idioma... Noooo, ni hablar! Así que me puse a caminar por todo el terminal, mirando arriba y abajo ( a lo mejor se quedó dormida), un poco mas y buscaba debajo de las sillas.

Luego me paré cerca de la puerta de ingreso, para que cuando ella llegara me encontrase fácilmente. Lo único que conseguí fue congelarme.
Bien, así pasaron 5 minutos eternos, osea ya eran las 11.05 de la noche del 31 de diciembre, noche de año nuevo, luego 5 mas, luego 10, luego 15.
Cuando eran 20 para las doce la desesperación dio paso a la resignación. Busqué el lugar mas "cálido" del lugar y como pude me arropé y traté de dormir para olvidar el frío y la soledad de la noche, mi primer año nuevo en Rusia, con amor.

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- ¿Que dice? Pensé para mi mismo, y con asombro e incredibilidad vi a una pareja de rusos de relativa avanzada edad que me preguntaban algo al respecto del cartel de anuncios de llegadas y salidas.

- Ni panimayu - Respondí, no sin cierto rubor y vergüenza. (No entiendo).
- извините, пожалуйста. (discúlpenos por favor) Respondieron cortes mente, y se despidieron no sin antes desearme с новым годом! (Feliz año nuevo!)

Vaya, ironías del destino. Ellos esperaban a alguien que no vino, yo llegué y nadie estaba esperando. Seguía meditando sobre la vida, la oscuridad, el frío, la nieve, el invierno, el hambre, los idiomas, y todas esas idioteces en la que nos hace pensar la soledad y el ocio cuando nuevamente me sorprenden.

Eran las mismas, personas, solo que esta vez con mas paciencia intentaron comunicarse conmigo y saber lo que yo hacía en ese lugar, faltando 15 minutos para el año nuevo en el terminal de buses la noche de año nuevo y solo. Con el idioma universal de las mímicas, las pocas palabras que podía hilvanar, y con el nombre de mi hermana y la dirección traté de explicarles mi situación.

Me invitaron a su casa. No lo podía creer!. Algo me dijeron que en ese momento no se podía ir en esa dirección, o algo por el estilo. Nos fuimos a su casa, y me invitaron a compartir la cena de año nuevo. Esperaban a su hija que no llegó por algún motivo. Luego, cuando ya era muy tarde, me cedieron un lugar para dormir, y descansé como los Dioses.

Nos levantamos temprano, me invitaron desayuno, y el señor me pidió que lo acompañara. Viajamos en bus, pasamos nuevamente por el terminal de buses, y finalmente me dejó en la puerta de la residencia donde vivía mi hermana.

Toqué la puerta de la habitación asignada con el número que había escrito en el papel. Un rostro familiar, somnoliento, con una resaca espectacular me recibe.

- Hermano?! Llegaste?!

No la ahorqué, tampoco me puse a llorar... no. Eran otros tiempos, éramos jóvenes y arriesgados. Le conté a grandes rasgos mi periplo, y ella roncaba plácidamente sin prestar mucho interés a mi hazaña.

Pasamos muchas cosas juntos en nuestra época de estudiantes, cosas muy buenas, también tristezas muy grandes y penurias inigualables. Todo eso no hizo mas que fortalecer nuestra unión como hermanos. Te quiero mucho hermanita.

viernes, 7 de febrero de 2014

Pichoncito.

Era el profe mas bravo de la secundaria.

Realmente no creo que nadie recuerde su verdadero nombre, pero todos le decíamos "pichisanca", o mejor lo llamaremos cariñosamente "pichoncito".

Media algo de metro y medio de estatura, con un cuerpacho de cuarto de pollo, recontra flaco, narizón y con cara de gallito chileno dispuesto a dar bronca. Y la daba.
Era el mas peleón de todos los profes, sindicalista hasta los tuétanos, revoltoso, reclamón. Se la pasaba fomentando huelgas y paros, azuzando a los alumnos a pitear y quejarse, y también organizaba a los profes en reuniones para los mitines y huelgas de turno.
Y además eras el eterno "asesor" del comité de alumnos del colegio, donde se reunían para nombrar a la junta directiva, hacer los programas por aniversario, desfiles, actuaciones, etc.

Era un todopoderoso.

Y lo peor de todo, dictaba un curso recontra tranca: Historia del arte. A quien michi se le ocurre tamaña locura!. Nos enseñaba en quinto de secundaria la Historia del arte en el Perú. Pancho Fierro, Ignacio Merino, Escuela Cuzqueña, Escuela Limeña,.... Una locura, nombres de pinturas, fechas, autores. Cómo puedes aprender todo eso?!

El examen final era de antología. Había que poder decir el nombre de la pintura, autor, fechas o periodos. Era imposible. Históricamente era un abollamiento, donde la mayoría salía jalado, y la máxima nota aprobatoria había sido trece en algún momento. Y el profe era bravo. En el momento del examen se paraba delante del aula, mirando a todos con su pose cachacienta de "a ver quien se atreve" "a ver calichines, quien es el primero". Y era muy conocido que descubría a los mas expertos plagiadores. Se jactaba de haber descubierto a los mas diestros y maestros del arte del plagio.

Estábamos perdidos. Y pichoncito nos la tenía jurada. Habíamos sido la primera aula que se reveló a su sistema. No habíamos ido a sus reuniones, no habíamos ido a sus huelgas, habíamos boicoteado todas sus revueltas y berrinches. Y yo era el primer alumno del colegio, y todos me habían seguido. Y eramos de la escolta, el brigadier general, y la mayor parte de los equipos de fútbol y basquet. Había perdido con nosotros, así que el día del examen final de Historia del arte no las tenía jurada. No pasaríamos!! Nos haría morder el polvo!!

Estudié.
Nunca desde tercero de secundaria había estudiado para un examen en el colegio. Se me hacia tan fácil todo que no necesitaba siquiera leer las clases. Y sacaba notas excelentes. Pero en ese momento, dudaba. No podía recordar los nombres, las fechas, los autores. Ni siquiera podía memorizarlos bien, era casi imposible! estaba perdido. Estaba convencido que malograría mi libreta de puros 18, 19 y 20 con un miserable 11 o quizá hasta un rojo!

Llegó el día D.
Estábamos todos en el aula, leyendo como locos, repitiendo nombres, autores, fechas, esperando un milagro o una iluminación divina. Muchos con cara de congoja y resignación. Pichoncito se vengaría, de eso no había la menor duda. Nos pondría el examen tan tranca que nadie aprobaría. Nos haría morder el polvo!
En la desesperación, Pacheta (uno de los de la clase, de quien tendremos mucho tiempo de hablar) se puso a copiar en la pizarra, metódicamente: autor, obras, fechas. Llenó toda la pizarra con un resumen de los datos mas importantes. Y todos nos sentamos a leer desde nuestro lugar en las carpetas y a repetir con la esperanza de en el último momento poder memorizarlo todo.

Y sin previo aviso, Pichoncito entró: "Todos a sus lugares!" Estábamos todos quietos. Repartió las pruebas en tres grupos y los entregó a los tres alumnos de la primera fila: "Tomen una y pasen el resto atrás!" Sin dudas ni murmuraciones.
En que momento voltea? Todos lo mirábamos con una cara de incredulidad. El examen era en extremo difícil, era lo que temíamos: obra, autor, fecha, escuela.
Se notaba que disfrutaba su momento. Parado delante de nosotros, caminaba algunos pasos a los costados sin quitarnos la vista. Y nosotros no dejábamos de mirarlo también.

¡Es que las respuestas estaban en la pizarra!
¿Cuando voltea?¿En que momento se dará cuenta?
No importa, todos lo mirábamos fijamente, y él no nos quitaba la mirada. Tenía un aire vencedor. Se sentía ganador. Esperaba, esperaba, " a ver, quien intenta plagiar, a ver pues, ahora quiero verlos" parecía decir su mirada.
Y nosotros "muévete mas al costado que tapas!"

"¡Terminó el examen! ¡Entreguen sus hojas de atrás para adelante!
Nunca hubo aula mas ordenada y rápida.
"¡Hasta luego alumnos!" Se despidió con aire vencedor.

Apenas hubo cruzado el umbral de la puerta, una masa gris cual avalancha se abalanzó hacia la pizarra y en frenética tarea, en menos de un segundo, usando brazos, manos, chompas, papeles y todo cuanto se te pueda ocurrir, borró la pizarra sin dejar huella del delito. No se le vaya ocurrir regresar!
No regresó.
Juramento de silencio!

A la semana siguiente Pichoncito traía una cara de compungido que nadie podía creer, entregó las notas con un desgano de antología. 20,20,20,20,20,20, 15, 20,20,20.....

Se despidió sin dirigirnos la mirada.

Que!! un quince?quien fue?
 "-Es que estaba al último, no veía bien"

Habíamos aprobado el examen más difícil del colegio de todos los tiempos de manera espectacular!
Y Pichoncito no sabia cómo? Cómo pasó? Exijo una explicación!
No imagino su cara al ver las respuestas, y la imposibilidad de decir que habíamos plagiado. No podía aceptar que todo un salón entero de mas de cuarenta alumnos le había plagiado de manera espectacular y él no se había dado cuenta.

Fuimos malos, no se lo dijimos, y nos fuimos al terminar el colegio dejándole la duda de su vida.
Quince años después, en un momento familiar se lo conté a mi padre. Eran patas, con Pichoncito. Se mató de risa y me contó que él le había confiado que no sabía como había sucedido eso, no podía entender como había pasado. Mi padre como buen amigo se lo contó, y Pichoncito al fin pudo dormir tranquilo. ¡Sabía que habíamos plagiado, que nadie hubiese podido aprobar su examen de manera limpia!
Me mandó saludos con mi padre.

Mis maestros me enseñaron a ser lo que soy. Ellos marcaron mi rumbo, me dieron las primeras armas para enfrentarme a la vida. Estoy muy agradecido por eso.

Fin.

domingo, 2 de febrero de 2014

Momento de felicidad....

Son casi las dos de la mañana, y no me siento cansado. He atendido un parto en la función de pediatra, y he realizado la atención del recién nacido con toda normalidad, sin nada fuera de lo común. Solo que esta vez es especial. Revisé todo con extrema meticulosidad. Un llanto corto, y luego una mirada como de pregunta: "Quien eres?" Mirada inteligente desde bebé.

No estoy nada cansado, te miro y no puedo terminar de admirarte. Eres lo mejor que me a pasado. Al fin soy padre, y no puedo creerlo. Tu mamá duerme agotada, y yo te tengo al fin en mis brazos.
Soy feliz, y esta felicidad no se puede describir, mas aún si recordamos cuanto nos demoramos y todo lo que tuvimos que luchar para llegar a este momento.

No fue nada fácil.

Descubrimos que estabas con nosotros casi por accidente. Tu mamá había usado medios anticonceptivos que le alteraron su ciclo menstrual. Luego de eso pasó a tener una especie de regla permanente, así que no podíamos saber cuando empezaba o terminaba su ciclo. Menos aún podíamos saber si estaba o no embarazada. Hasta que sucedió. Al fin esperábamos un bebé. Pero estaba sangrando, y eso era una amenaza de aborto. Un doctor amigo le hizo una ecografía y dio su veredicto "saco anembrionado, hay que hacer un legrado" Osea era un embarazo sin bebé, y que teníamos que practicar un aborto. No estuve de acuerdo. Yo mismo te busqué y te encontré en la ecografia, y con tu mamá decidimos continuar con el embarazo hasta donde podamos llegar.

Le indiqué "reposo absoluto", osea tenía que estar en cama en forma permanente, le colocamos sueros, oxígeno y medicamentos para relajar al útero y disminuirle el dolor. Y me convertí en su enfermero, cocinero, amo de casa, etc. Además tenía que ir al trabajo, y luego iba a la casa a atender a tu mamá.
Tuvimos que viajar. Fuimos a Lima, y nuevamente sangró. En el viaje de retorno, otra vez sangrado. Todo el tiempo era una amenaza de aborto, luego de parto prematuro. Pero a punta de sueros, reposo, relajantes, logramos llegar al final al termino del embarazo.

Cuando estábamos por la semana treinta pude al fin entablar el primer contacto contigo. Obviamente ya sabía que eras una nena, y que todo estaba bien, por lo menos así lo mostraba la ecografia. Estaba charlando contigo en la versión "panza de mamá" y te di algunos golpecitos. Y tu me respondiste con unas pataditas. Luego te di otros, y nuevamente me respondiste, y luego una vez mas. Me emocioné hasta casi las lagrimas. Ya estabas respondiendo a mi presencia. Te amaba demasiado, y no permitiría que nada saliese mal.

Yo mismo me encargaba de los controles ecográficos de tu mamá. Para entonces había aprendido ecografia hasta casi la perfección, y también todo lo que se refiere a atención de partos, cesáreas y cosas por el estilo. Pero tenía una nueva prioridad: Tú. Así que pasé de ginecólogo-ecografista-empeñoso a Pediatra-neonatologo-cacólogo-empeñoso.

Hice cursos de reanimación neonatal, aprendí inclusive a intubar un recién nacido (cosa súper difícil por cierto, que solo los neonatólogos experimentados pueden realizar), aprendí a reanimar bebés y niños, a tratar todo tipo de enfermedades del recién nacido y de los niños pequeños. Por cierto, detesto a los niños, son desde mi punto de vista las cosas mas insoportables de este mundo, salvo mis hijos, valga la aclaración.

La placenta era inmensa ecograficamente. Le comenté a mi amigo Galo, que también operaba, no era el mismo de la ecografia y del aborto, obviamente. Me dijo que compartía mi punto de vista sobre que el parto vaginal era la mejor elección, así que nos preparamos.

Y llegó el gran día. El trabajo de parto empezó por la mañana, con dolores esporádicos, y cerca a la media noche se acentuó. Cuando ya todo estaba listo, ayudé a tu mamá con el último pujo y al final saliste y lloraste. Te atendí. Te sequé. Te examiné. "Doctor a la señora se le ha bajado la presión" "Ábrele la vía a chorro" fue mi respuesta, casi automática. Osea aumentarle el volumen del suero para que su presión se estabilice. Al rato Galo me dice "Oe, la placenta es enorme, es casi cuatro veces el tamaño normal" Hmm, creo que se lo había dicho.

Todo estaba bien. Mamá dormía agotada. Y yo al fin te tenía en mis brazos. No dejaría que nada te haga daño. Estaba preparado.

Dos noches sin dormir. Llorabas, de hambre. Mamá no tenía ni una sola gota de leche. Pero la lactancia materna exclusiva era lo mas recomendado. Nosotros como Hospital modelo Materno perinatal no solo recomendábamos la lactancia materna, sino que también prohibíamos el uso de biberones. Y yo como el "pediatra-empeñoso" no me cansaba de recordar a los cuatro vientos que los biberones eran lo peor de lo peor para todo niño. Que en todo caso usen un vaso o una cuchara. Que la naturaleza era sabia y que no habría mamá en el mundo que no tenga leche necesaria para su bebé.

 En tu segunda noche en casa ya no solo llorabas tú, sino también tu mamá. Era terrible. Era medianoche. Salí a buscar a mi amiga de la farmacia, y la desperté. "Un biberón por favor, y una lata de leche para bebés". Compré mi lata de leche Nan, mi biberón Ninet y mis chupones de silicona. Te preparé un biberón de leche, y te lo tomaste casi sin respirar. Luego te quedaste dormida. Te tuve cargada hasta que liberes tu "chanchito". Era imprescindible.

Te arropamos, y te pusimos en medio de los dos. Y nos quedamos dormidos. Pero al despertar, una tragedia. Volabas en fiebre, con el termómetro casi hasta 39 grados. Te quité casi toda la ropa. Pedí un balón de oxigeno, un equipo para colocarte suero en el ombligo y medicamentos para tratar una sepsis neonatal. Le comenté a Galo, mi amigo, quien me dio una sabia recomendación "tranquilo, espera y observa". Te pasó la fiebre, tomaste tu biberón normal, lloraste, hiciste todo lo que los bebés recién nacidos hacen (a veces en forma increíblemente abundante) y se acabó la "sepsis neonatal". La conclusión: te habíamos abrigado en exceso. Vaya padres primerizos.

Fui a trabajar tranquilo, luego regresé a casa casi corriendo. Desde la puerta escucho tu llanto. Llego al dormitorio y tu mamá estaba tratando de cambiarte el pañal, pero no podía con las nauseas. Y tú llorabas desconsolada. La hice a un lado, te tranquilicé, empecé a limpiarte, y me diste las primeras quejas: "agú, agú, agú" Yo entendí a la perfección. Terminé de cambiarte. Te cargué. Tomaste tu leche y te dormiste. Obviamente empecé nuevamente con la rutina del "chanchito".

Poco a poco tu mamá fue teniendo leche, cada vez mas abundante, y el biberón pasó a segundo plano. También tu mamá se convirtió en una experta en cambiarte, lavarte y todas esas cosas que hacen las mamas. Te bañamos en una tina. Te pusieron los aretes. Y seguías durmiendo en mis brazos.

Y era el hombre más feliz del planeta. Lo tenía todo. Una familia, mi hija, la mas preciosa bebé sobre este planeta, un trabajo prometedor, había aprendido mucho gracias a tu llegada, y todos me apreciaban, y te querían.

No podía pedir más.

sábado, 1 de febrero de 2014

Infancia.....

Huaraz, después del terremoto.

Estoy parado solo frente al Cisea de Nicrupampa. Mis pantalones me ajustan en la cintura, pues las ligas están muy apretadas. hago lo mismo de siempre, deslizo mis manos dentro de los pantalones por la cintura y estiro las ligas lo mas que puedo. A veces se me sube hasta el cuello, pero así me aprietan menos. "Pronto iré al colegio y ya no me pondrán estas ligas, usaré correa".

Los niños que van al colegio usan pantalones grises con correa, y por el momento ese es mi sueño. Veo como en el jardín de infancia las mamas traen a sus hijos, con loncheras la mayoría. "Pronto tendré una lonchera". También quería una lonchera, pero cuando dije que quería ir al jardín, no me compraron lonchera, pues el jardín estaba al lado de casa y a la hora del refrigerio podía ir a tomar un jugo e incluso almorzar. Esa idea no me gustó. Yo pedí ir al jardín para que me compren una lonchera, no para ir en la hora del refrigerio a la casa. "No regresaré nunca al jardín" Nunca me daban la contra. Los doctores habían sido explícitos en eso, no podían darme motivos para encolerizarme, pues podría tener secuelas, por el hecho de haber estado en coma luego de haberme ahogado y el trauma cerebral, y el trauma psicológico. Tenían que complacerme en todo para evitarme problemas en la adultez.

Tenia un plan, pediría ir al colegio mas lejano, y así me comprarían no solo el uniforme y la maleta, sino también una lonchera. Solo faltaba medio año, ya todo estaba planeado.

En navidad nada nuevo, unas pistolas y una cabeza de caballo en un palo de escoba. El llanero solitario. A mi hermano le compraron unas pistolas de Toro. Creo que no le hizo mucha gracia. No importa. El próximo año tendré pantalones con correa, maleta de colegio, y lonchera, como todos los niños grandes. Y estará la Lista de útiles Escolares, con todos los colores, plumones, y bloques, y cascabeles, y todas esas cosas tan interesantes que les compran a los niños. Si, será un buen año.

"Quiero estudiar en el Colegio de grandes".  Miro ansioso a mis padres, que parece no me escucharon. veo como planifican la forma como iré al colegio que está a menos de dos cuadras de la casa, pues ahí estudia mi hermana mayor, y le va bien. La profesora que me tocará es amiga de mi Mamá. Y que es muy bueno pues a la hora del recreo podré venir a casa a tomar mis alimentos. Adiós lonchera. No necesitaré muchos útiles escolares, pues hay una nueva reforma de la educación y solo piden un cuaderno y lápiz, y el libro "Amigo". Educación para todos."Y mis colores, mis bloques, mis juegos, plumones, libros?" ya no es necesario, el gobierno revolucionario ha decidido uniformizar el estudio para todos, y todos hasta los mas pobres tienen derecho a estudiar, por eso no se piden casi nada de útiles escolares. Fue un golpe mortal a mis sueños.

Por lo menos el uniforme y la correa. Que?! no hay correa, mis pantalones tienen una liga en la parte posterior, pues es mejor así para los niños pequeños, la correa puede traerle problemas a la cintura, dicen los sabios consejos de la abuela. Noooo!!! Sin correa, sin útiles, sin lonchera. La maleta si es obligatoria, no puedo llevar mi cuaderno y mi libro en una bolsa o en la mano. Pero me tenían una sorpresa, una hermosa sorpresa. Mi abuelo me había hecho una mochila de cuero según un dibujo de los libros escolares. Adoro a mi abuelo. Le agradezco y pongo cara de felicidad. Pero en el fondo, quería mi maleta como todos! Para completar la catástrofe mi abuela me confecciona las camisas y mi mamá me teje la chompa.

Empiezo el año escolar con cara de amargado, no me interesa nada de este colegio, no tengo nada de lo que había soñado. Todos los niños tienen la maleta estándar, la mayoría tiene pantalones sin ligas, y un buen numero usan correa! ya no hablemos que mis camisas y la chompa no tienen nada en común con las del resto. Y a la hora del recreo en lugar de sacar mi lonchera voy a la casa a tomar mi jugo y mi sanguche.

Mundo cruel e injusto. Por qué tiene que ser así. Yo solo pedía ser uno mas de los niños que van al colegio, no un lunar fácilmente identificable. Y la profesora conoce a mi mamá. No me exige nada. Seguro también sabe que no debe hacer que me enoje, pues podría influir negativamente en mi desarrollo mental, lo dijeron los doctores.

No quiero regresar al colegio. Mi mamá me lleva en las mañanas, pues ella también se va a trabajar temprano, a dictar clases al colegio de los grandes. Pero a la hora de recreo voy a casa, tomo mi jugo y de retorno me quedo en el mercadillo, a media cuadra del colegio. Hay unos niños que juegan ahí, no van al colegio. Primero observo, luego me incluyen en sus juegos.

Las clases de primer grado son fáciles. Solo hay que aprender que frase va con cada figura. "Tito juega con Dora" "María chucena, su choza techaba..." Papayita, lo aprendo al toque...
Es mas divertido en el mercadillo, ahí preparamos "sirrias" trozos de lata redondos, mayormente de las latas de leche, a las cuales les pasamos un hilo por el medio y las hacemos girar entre las manos. Y las peleas de sirrias, a ver quien corta la del enemigo. A veces terminamos cortándonos las manos, pero no es nada de importancia.

Un hecho importante fue mi pelea con ese niño. No recuerdo el motivo, pero terminamos a golpes rodando por un cúmulo de piedras, donde terminamos tan molidos, que al final estábamos los dos frente a frente llorando. Y me fui a mi casa. Y lo acusé con la profesora y con todo el mundo. Y no recuerdo en que quedó la cosa. Pero nunca olvidaré que estábamos los dos frente a frente llorando.
Todo iba bien, era un gran alumno. Me sabia de memoria casi todos los pasajes del libro Amigo. Y a clase solo iba hasta el recreo, pues luego en la casa me esperaba mi jugo y en el mercadillo los juegos con la pandilla. Hasta que sucedió lo imposible. Mi mamá me encontró. En plena faena de preparación de una súper sirria. Me llevó de las patillas a la casa. Y no recuerdo mas.
Luego me evalúo, y vio que me sabia muy bien las oraciones del libro. No sabia leer, pues tenia el libro al revés y aun así repetía lo que ahí estaba escrito. Y tomó una decisión. Iría con ella al colegio grande.

No recuerdo cuando llegué al colegio. Solo se que iba con mi mochila en la espalda. Y mi mamá me presentó a la "Señorita Hortensia". Al inicio me pareció de la edad de mi abuelita, pero no podía decir nada. La "Señorita Hortensia" me presentó al aula: Calolo. Nunca nadie me había llamado así. En la casa me decían Pepe, mi nombre es Max Carlos. De donde michi sacó Calolo? Calolo? Es ese acaso un nombre?

"Siéntate al lado de Pepe" Qué?! Hay un Pepe en el aula y no soy yo?!
No tengo elección el tono de la Señorita no admite dudas ni murmuraciones.
"Tu labor es hacer círculos en tu cuaderno" Y continua con su clase como si yo no existiera.

Al rato se acerca y mira lo que estoy haciendo. Un circulo en cada cuadradito, pues mi cuaderno es cuadriculado. "así no Calolo, mejor hazlo así" Y dibuja unos círculos gigantes que abarcan cuatro cuadrados y tienen otros cuatro cuadrados entre ellos, con un guión de por medio. "Si señorita" es todo lo que digo, aunque en el fondo estoy recontra asado, que se cree ella, la sabelotodo, acaso mis círculos no eran mejores, pues ocupaba uno cada cuadrado, y si habían cuadrados, pues era para hacer un circulo en cada uno de ellos. No importa, algún día le demostraré lo equivocada que estaba. Hmm "Ya acabé señorita" lero lero, ahora tendrá que dejarme salir, pues ese es el premio por haber acabado. "Muy bien Calolo" "Ahora harás esto" y dibuja en la siguiente hoja unos palos, luego diferentes figuras en las siguientes diez o quince hojas.

Noooo. Ahora si que me haré viejo dibujando tontería y media en un cuaderno por el solo gusto de torturarme que tiene la señorita. No importa, ya estamos a fines de año, y ya llega navidad y en vacaciones siempre viajamos, para ir a la playa en Lima por vacaciones, o a Ica a visitar a los tíos. Nada dura para siempre.

Pero no fue así. La Señorita Hortensia se tomó muy en serio mi educación, así que en vacaciones fui al colegio, con otros tres  o cuatro. Y lo peor de todo es que no me dejó llevar mi libro Amigo, y trajo un libro obsoleto: Coquito. "Mi mamá me mima" "Mi mamá me ama" "Amo a mi mamá". Donde quedó la educación revolucionaria? creo que a ella no le interesaba mucho lo que decía el gobierno.
Al fin entendí para que eran tantas bolitas, palitos, cerritos, etc. Empezamos con las cosas serias: la vocales, luego las letras, luego las palabras.

En menos de dos meses yo ya estaba leyendo de corrido y escribiendo con una caligrafía envidiable.
En casa empecé a leer todo lo que caía en mis manos. Desde los libros de texto del colegio, el popular Bruño, hasta las colecciones de mi padre. Mi interés por los libros era desmedido. En tercer  grado de primaria me sabía toda la historia del Perú y ya estaba leyendo el libro de Biología de Nason.
Si, fue la Señorita Hortensia la culpable de que no me quedará como un analfabestia, y la que me introdujo al exquisito mundo de la lectura.

Gracias Hortensia Maguiña Padilla, mi eterna "Señorita Hortensia". Espero algún día lograr todo lo que por mi habías soñado. Dios te guarde en su gloria.
Fin.