viernes, 30 de mayo de 2014

Una semana a caballo...

Siempre soñé con ser jinete del lejano oeste, con mi sombrero de ala ancha y mis botas de cuero, un cigarro en los dientes, una pistola al cinto... y la musiquita de fondo por supuesto.




No salió así, ni de lejos, pero tuve mi cabalgata memorable...

- Aló. Con el Dr Max?
- Si, con quien tengo el gusto?
- Soy el Doctor P....,  director de enfermedades metaxénicas de la región. Tengo entendido que es usted el encargado del mismo rubro en la UTES Pomabamba, es cierto?
- Si, Doctor. En qué puedo ayudarlo.
- Pues, que acciones ha tomado ante el brote de Leishmaniasis en el sector de Marañón, para ser mas exactos en la jurisdicción de San Pedro de Chonta?.
- Eh, acabo de solicitar por vía formal el informe del personal asignado a ese puesto de salud, supongo que para este fin de mes tendremos un informe detallado...
- Momento. Sugiere usted que vamos a esperar un mes entero, mientras los medios de comunicación hacen leña de la Dirección Regional de Salud? Sabe que han ido comuneros de esa jurisdicción directamente al Ministerio de la presidencia a pedir ayuda por sus enfermos que "MUEREN CADA DÍA"? Sabe que todos los medios de la capital están solicitando información cada hora ante la posibilidad de una epidemia desatendida? Sabe que el mismísimo Presidente de la República ha llamado el Director Regional de Salud pidiéndole acciones inmediatas?
- No, Doctor, no sabia nada de eso, pero ya se están tomando las acciones....
- Doctor Max, mañana a las 4 de la mañana partimos a San Pedro de Chonta. Por tu ineficiencia voy a tener que viajar personalmente a ese lugar. Así que te quiero listo y a tu laboratorista. En este momento estoy partiendo de Huaraz en la camioneta de la Región. Pasamos a recogerlos en el Hospital de Pomabamba aproximadamente a las seis  de la mañana, y seguimos la ruta hacia Huacrachuco... Por lo menos has las gestiones para que nos recojan en la punta de carretera al cruzar el río Marañón, ya que tengo entendido que la camioneta nos dejará a 5 horas a pie de la punta de carretera...
- OK, Doctor. Estaremos listos.

Para los que no pueden ubicarse en el espacio del relato. Pomabamba es una ciudad en el callejón de los Conchucos, aproximadamente a 8 horas en camioneta de Huaraz, para lo cual hay que cruzar la cordillera blanca. De Pomabamba a Huacrachuco hay que hacer una ruta algo difícil: en camioneta por el camino a Sihuas, y luego dirigirse hacia el Marañón... para la época del relato la carretera estaba semidestruida, y no había puente sobre el Marañón. Las camionetas llegaban solo hasta un tramo,. y luego había que caminar primero por terreno pedregoso y agreste, y luego por un trecho tallado en la roca a orillas del Marañón, que iba elevándose paulatinamente y se hacía una trampa mortal.





 El tramo nos tomaba aproximadamente 5 horas. Al llegar a la altura del cruce se encontraba un huaro,  mas o menos como este..



Lamento no tener fotos propias.

Al otro lado te esperan dos horas en camioneta para llegar a Huacrachuco. De Huacrachuco a San Pedro de Chonta, día y medio a caballo, si vas rápido.

Bien. Todo el tramo fue normal hasta Huacrachuco, llegamos por la tarde y nos entrevistamos con el Jefe del Centro de Salud. El mismo tema, las mismas respuestas. Y es que San Pedro de Chonta está muy lejos, sólo hay una técnica de enfermería que baja al Centro de Salud cada mes, con los informes. pero no tenemos datos sobre tal epidemia, además esa zona es endémica, etc.



Castigo igual para todos, el Jefe del Centro de Salud, la enfermera encargada de enfermedades metaxénicas, la laboratorista, todos iríamos a verificar in situ lo que estaba sucediendo.

En la madrugada siguiente estábamos todos listos. Tres médicos, una enfermera, dos tecnólogos de laboratorio, dos técnicos de enfermería, un guía. Nos entregaron los caballos de acuerdo al peso. Bien, solo mido 1.70 pero en ese entonces estaba con sólo 85 kilos, así que me asignaron la mula mas resistente, a mi colega de Huaraz le dieron el mejor caballo, pues él era mas alto y un poquito mas llenito que yo, al colega jefe del centro de salud casi lo sientan en un pony, pues era tan delgado que dudábamos que llegase a los 50 kilos. La enfermera y los tecnólogos eran pequeños tanto en talla como en peso, por eso en sus caballos distribuimos los equipajes, y los dos técnicos que eran de la zona si estaban en buena forma, así que se adaptaron a lo que quedó, también el guía.

El asunto es que nuestras habilidades ecuestres eran cero. Apenas alguna vez habíamos subido a un caballo, así que al momento de la partida los dos técnicos y el guía se encargaron de colocar las monturas y ayudarnos a montar. Sobre todo era gracioso ver a las mujeres intentando cabalgar, pues con lo delicadas que son siempre, trataban de encontrar un escalón, o una escalera de ser posible, y el menor movimiento de los animales las asustaba. No fuimos la excepción. En los primeros intentos los animales trataron de liberarse de nosotros, sobre todo mi mula, y tuvimos algunas memorables caídas, pero con el camino la cosa se fue poniendo interesante.




Nada es mas hermoso que el paisaje peruano. Cabalgamos por horas por la vertiente del Marañón, cruzamos el divortium aquarum, y nos adentramos poco a poco a la montaña, ceja de selva peruana. El cielo azul, el sol esplendoroso, las aves. No había mejor estímulo para la vista que la hermosa conjunción del paisaje y los sonidos de la naturaleza.



De vez en cuando nos cruzábamos con jinetes extraños, que cabalgaban cubiertos con ponchos, sombreros, y arreaban mulas espectaculares. Saludaban muy cordialmente, nosotros contestábamos de la misma manera. El guía nos había prevenido de no detenernos ni hacer preguntas, pues no era correcto cuestionar algo a los narcos o a los terroristas, así que mejor debíamos llevar la fiesta en paz.

Las primeras horas fueron muy difíciles. Poco a poco nos fuimos adaptando a la cabalgata. La hora del almuerzo, en el suelo, al lado de los caballos, estirando las piernas agarrotadas. El aire del campo mezclaba nuestra comida con algo de paja y tierra. No importaba, a buen hambre no hay pan negro.

Al inicio el guía y los muchachos nos ayudaban con las monturas, pero con el correr de las horas íbamos adquiriendo habilidades que antes no conocíamos. Al llegar la noche encontramos un centro poblado donde nos prestaron los ambientes de la escuela para dormir. Acomodamos las monturas lo mejor que pudimos, y a dormir, con el olorcito a caballo y sudor dormimos como los dioses. Cabe mencionar que las pulgas se dieron un festín con nosotros, pero esa era nuestra menor preocupación.

Al amanecer del segundo día nuestros cuerpos pedían chepa. Nadie quería continuar, nos dolía todo, pero no nos quedaba de otra, solo seguir avanzando. Las charlas eran cada vez mas personales, ya nos considerábamos como amigos de toda la vida, pero aún guardábamos las distancias. Aún así el desenfado de uno de los técnicos rompió el hielo rápidamente y pudimos sobrellevar la cabalgata a un ritmo saludable.

Llegamos a San Pedro de Chonta.



Ya era de tarde, y nos recibieron no como a huéspedes ilustres, sino como a extraños que venían a fiscalizar la historia por ellos tejida. Para variar habían exagerado. Hubo un sólo muerto en ese período, pero no fue ni de lejos por la enfermedad que ellos manifestaban. Nos dijeron que los casos se presentaban en otros centros poblados, que se encontraban mas lejos aún, y que aquellos pobladores no podían llegar siquiera al puesto de Salud de San Pedro.

La técnica de enfermería encargada del Puesto de Salud nos contó que todo transcurría con la normalidad de siempre: faltaban medicamentos, la gente sufría de enfermedades y no podía ser atendida a tiempo, niños y parturientas morían en el traslado al centro de Salud de Huacrachuco, donde a veces podían llegar, y les decían que no tenían quirófano para operar. Y que el lugar más cercano con centro quirúrgico era Pomabamba o Sihuas.

Osea, si estás enfermo y necesitas una intervención quirúrgica en San Pedro de Chonta y consigues una buena mula y mucho dinero te puedes trasladar a Huacrachuco en dos días, luego dos horas hasta el río Marañón, luego a ser trasladado a pie por 4 o 5 horas hasta la punta de carretera y de ahí 3 horas hasta Pomabamba o Sihuas, y a rezar que puedan operarte ahí, ya que a veces se necesitaba ser trasladado a Huaraz, con la carretera en buenas condiciones 8 horas, y de ahí a Lima otras 8 horas. Bueno, solo un milagro hacía que personas enfermas sean atendidas en forma por lo menos aceptable.

La técnica de enfermería debía hacer literalmente milagros para atender a esa pobre gente. Si bien es cierto tenía a toda la población de su lado, no siempre se lograba atender a la necesidad presentada.

A la mañana siguiente, con un guía armado adicional, retomamos la ruta con dirección selva adentro a los lugares donde había el brote de la enfermedad. Por esos lugares el terrorismo y el narcotráfico campeaban y dominaban prácticamente todo. Así que no estaba de más tener una especie de guarda espaldas, solo por si acaso. Tuvimos que cruzar el Marañón, colgados de una polea sobre un cable, al puro estilo de los montañistas expertos, aunque con mucho miedo.



Los caballos a nado, casi son tragados por el turbulentas aguas del Marañón.



Llegamos hasta donde pudieron dar los caballos, y nos quedamos a dormir nuevamente en un centro poblado en una especie de establo. Ya para esto eramos unos expertos jinetes. Cada uno era capaz de ensillar su propia montura, y podíamos montar casi al vuelo. Ya la montura era parte de nuestro cuerpo, y habíamos aprendido a entender a los animales, sobre su fatiga, hambre y otras cosas. Selva adentro los ponchos para lluvia fueron nuestros mejores aliados, pues el clima era tan cambiante como el paisaje.

Tampoco encontramos los casos que manifestaban en sus relatos, tampoco era la epidemia que ellos pintaban. Pero había una realidad innegable, a esos lugares el estado jamás había llegado. En esos lugares imperaba literalmente la ley de la selva, donde solo sobrevivían los mas fuertes y los mas osados. No había espacio para los enfermos o débiles, y el terrorismo y narcotráfico campeaban y gobernaban, a vista y paciencia de todos.

Iniciamos el viaje de retorno  al siguiente día, y nuevamente cuando el sol se ponía llegamos a San Pedro de Chonta, pero al ir acercándonos vimos que las luces de la ciudad se apagaban. El guía nos pidió que nos detuviéramos por un momento. El se acercó a la población, y luego regresó a decirnos que ya podíamos entrar. Sucede que los pobladores abandonaban la ciudad cuando llegaban los terroristas. Y a la distancia no había forma de diferenciar si eran ellos o nosotros.

Vaya, si no hubiese sido por el guía a lo mejor nos recibían con una lluvia de plomo. La gente de todos los lugares estaba harta tanto de los terroristas como del narcotráfico, pero se cuidaban de no exteriorizarlo.

Un día de descanso, reuniones con las autoridades, acuerdos, promesas. Si bien es cierto no existía tal epidemia, las necesidades en salud eran incontables. Ensillamos de nuevo, y luego de otros dos días, ya no de cabalgata forzada, sino de casi un paseo, regresamos a Huacrachuco. Incluso los animales caminaban mas ligeros, el sentir el hogar cerca los animaba y hacía la ruta más fácil.

La parte final de la travesía no tuvo mas contratiempos, en realidad fue una experiencia inolvidable, donde formamos lazos de amistad y conocimos de cerca a la realidad de nuestro Perú profundo, esos lugares que se recuerdan tan solo cuando es época electoral. Lugares donde las necesidades y la pobreza están tan arraigadas que son consideradas como parte natural del paisaje. Lugares donde la salud y la educación son un lujo, y donde la capital y la ciudad son conceptos tan lejanos y vagos, que a nadie le importa.

El resultado inmediato de nuestro viaje fue que al año siguiente se asignó un presupuesto especial para el Puesto de Salud de San Pedro de Chonta, se asignó un médico, una enfermera y obstetriz, con sus técnicos de enfermería. Obviamente los pioneros, los primeros profesionales en ir a trabajar allá no recibieron la noticia de muy buen grado, pero supongo yo que la experiencia que pasaron fue mucho mas gratificante que nuestra pequeña cabalgata. Ellos deben tener su propia historia.

Dedicado a mis colegas serumistas, que realizan su trabajo en los lugares mas inhóspitos de nuestra patria, lugares que a veces ni siquiera aparecen en el mapa. Arriesgando muchas veces su vida, ponen todo su esfuerzo y valor para hacer llegar un poquito de esperanza a la población más necesitada. Y casi siempre la labor que desempeñan es minimizada y menospreciada, tanto por sus jefes como por la población. A veces cuando las cosas se ponen muy duras, cuando un paciente muere por falta de medicamentos o de recursos, cuando te llega un sentimiento de frustración por sentirse inútil e insuficiente te preguntas si hiciste una elección correcta, si era esto lo que querías. Pasas gran parte de tu vida estudiando y preparándote para aprender a ser un médico, y al final terminas curando hasta con hierbas medicinales y métodos de chamanes. Lo que nos mantiene firmes es que podemos ganarle muchas veces a la muerte, y podemos salvar vidas ...... y esa es una satisfacción solo nuestra.



Este es el Hospital de Apoyo de Pomabamba, lugar donde pasé unos años extraordinarios, donde literalmente arranqué vidas de la manos de la muerte, lugar donde se tejieron muchas tramas, buenas y malas, que marcaron mi vida y mi historia.

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