martes, 28 de julio de 2015
Fiestas Patrias.
sábado, 25 de julio de 2015
Vamos a Lima
- Apúrate! Cuidado con esas maletas.
- Tenemos que acomodarnos bien, ya que el viaje será largo.
- Quien irá adelante? Pregunta el chofer.
- Iré yo. Responde mi padre.
- Pero señor, usted ocupará mucho espacio y será difícil encontrar a una persona que viaje a su lado. Apunta el chofer con un ligero fastidio.
- No se preocupe, verá que encontraremos a alguien adecuado. Dice mi mamá con un tono que no admite un no por respuesta. Eso es algo que siempre le ha caracterizado.
Ya con todas las maletas en la cajuela y en el techo, el chofer apunta:
- Suban de una vez, tenemos que ir al paradero a ver si conseguimos el pasajero que falta.
- Señor chofer, acá en la parte posterior podría viajar una persona más. Eso sí, debería ser bastante delgada. Dice mi madre.
Ya en el paradero la diosa fortuna nos acompaña, y encontramos a una joven pareja que busca transporte para viajar. Ella es delgada, y él no es voluminoso, así que encajan a la perfección en los lugares que quedaban.
Entonces, alas y buen viento. El viejo auto lentamente empieza su travesía con destino a la ciudad capital, Lima.
En aquella época, siendo yo aún un niño pequeño, antes de ir a la escuela, los viajes de Huaraz a Lima se hacían en autos conocidos como "lanchones ". Eran tan anchos y largos, que al lado del chofer podían ir dos personas cómodamente sentadas, y en la fila de atrás hasta cinco sin incomodarse.
Tenían una cajuela tan grande, que fácilmente podían albergar varias maletas, pero además tenían una parrilla en su techo donde con gran pericia podían acomodar hasta dos hileras de maletas.
Ahora, donde iba el combustible, ni idea. El asunto es que llegábamos a Lima, molidos y cansados, pero llegábamos.
El primer tramo, la subida hacia Conococha, por la carretera que iba en la ribera del río Santa, lo hacíamos de día, en horas de la mañana. En épocas de mi niñez no estaba asfaltada, y la parada en Catac era obligatoria.
El calor matinal debido a nuestro sol serrano, las ventanas cerradas para evitar el polvo, con la consecuente acumulación de olores y hedores, las sacudidas y curvas, hacían que las náuseas se apoderaran de todos, y pidiesen al chofer detenerse un instante para vaciar nuestro desayuno por una vía ni fisiológica ni agradable.
Fui la primera víctima. La emoción del viaje fue rápidamente sustituida por un deseo enorme de eliminar todas las tripas por la boca y narices. Es cierto, no fue nada agradable vomitar al costado de la carretera al lado del auto, peor aún con todos impacientes, pues el tiempo en un viaje es apremiante. Pero la sensación de paz y tranquilidad después de ésto era tal, que me quedé dormido plácidamente hasta llegar a Conococha, donde bajamos y comimos truchas fritas. Hmm, que delicia!
Bueno, no duró mucho tiempo. Se imaginarán que la bajada de Conococha tenia tantas o más curvas que la subida, y los mareos y náuseas se apoderaron nuevamente de nosotros. Creo que a este respecto no son necesarios más detalles.
Hasta llegar a Chasquitambo, otra parada obligatoria, y descanso, y a comer de nuevo. Para qué comía? Igual el resultado final siempre era el mismo, pero como buen cholo me empujaba toda la comida que me presentaban. Además mi mamá siempre decía: "Plato limpio!".
Después el viaje era de noche. Supongo que más lento, supongo que el chofer dormía en algún lugar. El hecho es que escuchaba o sentía las paradas en Pativilca y Barranca entre sueños.
Al amanecer nos recibía una larga fila de palmeras, al costado de una interminable fila de cañas en las chacras del lado derecho. Luego, por la ventana de la izquierda, se podía ver el mar. La playa, que emoción. No imagino mi cara de emoción y asombro al ver por vez primera las olas espumantes golpear la arena y la inmensa vastedad del océano. Recuerdo que pensé que era infinito. Y el calor, que hacía que el sudor cubriese mi frente, la neblina y la humedad, los olores del mar.
Todo era nuevo, extraño y emocionante.
Lima, el lugar de los buses grises con un tubo de escape elevado por donde emanaba una estela oscura de humo negro. La playa, con esa arena que se metía por todas partes, el agua salada que lastimada los ojos y la piel, además de las obligadas quemaduras por insolación, lo que te dejaba un recuerdo doloroso de la tarde playera. El parque de las leyendas, los animales, de la costa, sierra y selva, además de los leones, la jirafa y el elefante; las golosinas y los pequeños juguetes. Y de la televisión, con Popeye el marino, y su eterna novia Olivia. El paseo obligado a la plaza de armas y el Jirón de la Unión. El mercado central, y el barrio chino.
Así fue mi primer viaje a Lima en nuestras vacaciones de verano. Por lo menos así lo recuerdo.
domingo, 12 de julio de 2015
Ingresé, Papi, ingresé!!
Me abrazas, me besas, te cuelgas de mi cuello, mientras me muestras en tu celular una imagen que se me antoja borrosa, pero que no admite dudas: ADMITIDO. Por un momento el asiento del bus que compartimos se convierte en una carroza que nos lleva al cielo, y nos sentimos los seres mas dichosos de este planeta.
Han pasado 17 años desde el memorable día en que te tuve por primera vez en mis manos. Era una sensación nueva y extraña el poder cargarte, el sentir el calor de tu cuerpecito, que se me antojaba muy pequeño y frágil, pero vigoroso y saludable. Es indescriptible ese cúmulo de emociones y sensaciones que invadieron mi cuerpo y mi alma en ese dichoso momento. Y no iba a ser el primero.
Me regalaste un momento inolvidable cuando un día de aquellos, al estar llegando a casa, oí tu llanto desde afuera, y al llegar corriendo al cuarto, vi como tu mamá batallaba contigo al intentar cambiarte los pañales. La aparté, no se qué me dijo ella, pero si recuerdo claramente lo que me dijiste: "Agú, agú". Apenas te había cogido, dejaste de llorar y me diste las quejas. Tenías unos días de nacida. Bueno, está demás recordar que ya nos comunicábamos cuando aún estabas en el vientre de tu madre. Pero en ese momento confirmé que éramos el uno para el otro, y que no existiría ninguna fuerza capaz que pudiese romper ese lazo.
Y me equivoqué. Como olvidar tu rostro pegado a la ventana del bus inter provincial, y tu mirada de interrogante, al ver que el bus partía y yo me quedaba afuera. Si, fue uno de los momentos más difíciles que nos tocó vivir, cuando nos separaron. No sé que mas pasó, las lagrimas nublaron mi vista, mis recuerdos son tan dolorosos que hasta ahora lastiman. Pero no iba a ser lo peor, no nos imaginábamos siquiera lo que el destino nos tenía deparados.
Es difícil recordar lo que después nos tocó vivir. Separados, lastimados. Tú mas que cualquiera. "No te quiere" "Te ha abandonado" Eran frases que yo mismo oí que te decían, y lo hicieron y seguirán haciendo por toda la eternidad. Nunca olvidaré nuestro momento a solas en tu colegio. Tu maestra nos dejó un rato, lloraste, lloré en silencio. Nos abrazamos después de mucho tiempo. Parecía que nada estaría bien, Parecía que el mundo se iba a acabar, que nunca más nos tendríamos el uno para el otro. Fue el período más difícil, pero sobrevivimos.
Pero en toda esa penumbra, hubieron momentos que nos alegraron por unos instantes. Como nuestro "Tiempo de Vals", bailando en tus dos fiestas. O mi corbata y terno negro en tu primera comunión. Hacía una calor de los mil demonios, y yo estaba con saco y corbata. Y tú, eras feliz. Ningún otro padre estaba vestido como yo. Nadie estaba así de loco. O nuestro viaje, y la tarde en la playa, y nuestro comer un pollo en un taper en el terminal terrestre, pues nos quedamos sin un sol, y esto literalmente, pues solo tenía cincuenta céntimos.Y nuestras interminables charlas: Yo, dándote mil consejos, tú, dándome la razón y reclamando a tu papi que no está.
Me derrumbé al ver tu carita de frustración cuando no ingresaste en esa primera posibilidad, estando aún en el colegio. No te imaginas siquiera lo difícil que ha sido esta agonía, cuando te recogí y nos fuimos a caminar, tratando de desestresarnos. Teníamos que mostrarnos fuertes, esa ha sido siempre nuestra divisa, y así lo hemos hecho. Nos dábamos aliento, mutuamente. Y ya estábamos por claudicar, ya que el tiempo se nos iba, no podía quedarme más, y sucedió.
- Ingresé, Papi, ingresé!!
- Te amo, Bebé preciosa!!
No sabes lo que se siente, no lo sabes porque aún no tienes hijos. Es cierto, ahora te embarga una emoción y una satisfacción enormes, pues es un logro enorme el que has logrado. Es una paso enorme, pues ya dejaste la escuela, el colegio, el nido, el kinder, y ya eres universitaria. Ya estás en las ligas mayores, estás a un paso de lograr tu profesión y de ser Independiente. Es cierto, es una sensación indescriptible. Es unas ganas enormes de gritar, de gritárselo al mundo entero: Si pude, carajo!! Y de escupírselo a aquellos que osaron dudar de ti, que siquiera pensaron o insinuaron que no podrías, que renunciarías, que te quebrarías, y que no darías la talla suficiente: si pude, carajo, si pude!!
Pero mi emoción, hijita linda, es diferente. No tengo palabras para describirlo. Para mí sigues siendo esa pequeña que tuve en mis brazos, esa nena que se quejaba sin poder hablar, esa niña pequeña que bailaba el "Tiempo de vals". Seguirás siendo mi BB preciosa, y por eso y mucho más, estoy feliz, más feliz que nunca, ya que mi nena se está haciendo cada vez mas grande.
Te quiero, estoy muy orgulloso de ti, de todo lo que has logrado. Así que, adelante! El mundo es tuyo, y está esperando por ti, para que lo tomes con ambas manos. Y a pesar de lo que te digan, a pesar del tiempo y la distancia, de los tropiezos y sinsabores, de lo bueno y lo malo, pase lo que pase, te guste o no, siempre estaré a tu lado.