La primera vez en que celebramos el Día Internacional de la Mujer, fue cuando estaba estudiando en Rusia. Marzo, como olvidar. Ya el invierno se está despidiendo, las nieves están amenguando, la primavera se acerca, y en la Unión Soviética se celebra, como feriado no laborable, el día Internacional de la Mujer Trabajadora. Tulipanes, Champagne, chocolates.
Fue en aquella época que pude entender la importancia de esta celebración y lo que ello conlleva. En mi Huaraz natal, la única celebración que yo recuerdo, era por el día de la madre, y del Día de la mujer, no se mencionaba nada, o al menos eso parecía.
En líneas generales, debo mencionar que en mi vida las mujeres han marcado muchos e importantes hitos, quizá los más importantes, del camino que estoy siguiendo. Es por eso que en este pequeño texto, trataré de rendir un homenaje a todas ellas, en un orden arbitrario.
En primer lugar, mis abuelas. De ellas, mi abuela materna, la infinita Mama Filly, vivió con nosotros por muchos años cuando era pequeño. Era de carácter de hierro, y de línea dura. No toleraba ninguna indisciplina. No hay nieto que no recuerde, las inmortales "shamas" de la abuela. Una combinación de limón, sal y alguna otra cosa, para pasarnos con un algodón por la boca, cuando teníamos los labios llenos de aftas. Pero no solamente se usaba la "mortal shama" para este caso. Servían de cura a "las malcriadeces y palabras soeses". Una palabrota o siquiera insinuarla, era suficiente para caer víctima de la shama. Tampoco se pueden olvidar los suculentos cuyes, hechos en un palo al carbón, super sabrosos. Eso sí, no era muy agradable ver como la abuela, aplastaba de los cuyes en el suelo la cabeza. Un crack, y la sangre corría por las fauces del roedor muerto. Nunca pude entender como podía ella hacer esto. Eso si, la vi desollar carneros, con la habilidad de un maestro carnicero. Debo mencionar que en el terremoto, me salvé en su espalda, y le quité un arete. Siempre me lo recordaba: Me debes un arete de oro, me decía. Tampoco es posible olvidar que en las fiestas, ella recogía a todos los nietos y nos llevaba a casa. También los relojes de los que festejaban, y cuando ya la fiesta había terminado, los guiaba a tumbos a cada uno a sus casas. Y si nos invitaba un almuerzo, en su casa, había entrada, sopa, plato de fondo y postre. Y para matar el chanchito una copita de pisco, y para el lonchecito unos picarones, o dulce de membrillo. Así era la Mama Pity, hay de aquel que la llame abuela, te podía caer un regaño, o hasta la mortal shama. Pregúntenle a cualquiera.
A mi abuela paterna, no la conocí mucho. Solo una vez que fuimos con mi padre y mi hermana a Sauranja, pude disfrutar de todas las artes de la Abuela Domitila. . Era pequeña y menudita, incluso siendo yo un niño pequeño, la veía chiquita. Trataba al abuelo, su esposo, de Don Isidro, y también les decía Don a todos sus hijos. Preparaba quesos a la antigua usanza, tejía ponchos, llevaba la casa. Aunque se poco de ella, es por su línea que tengo, la sangre de los bravos guerreros chancas. El aire altivo, el orgullo en la mirada, son cosas que de ella no olvido, pues tenía de mi padre la mirada.
Y como no mencionar en esta lista larga, a mi viejita linda, mi Negrita del Alma. Es la madre coraje de la vida cotidiana. Cuando recuerdo los años de la infancia, la recuerdo preparando el desayuno temprano de madrugada, con los uniformes planchados y la comida ya lista. "Bajen a comer!" era la llamada materna, y todos llegábamos cual tropel a la cocina. Daba órdenes precisas para el quehacer diario, y con un grupo de nosotros se dirigía al colegio. Regresaba en las tardes, a servir el almuerzo. No sé en que momento hacía sus deberes de maestra, pues incluso la veía ver telenovelas. Los sábados eran de antología, debíamos de ir al mercado, y en las noches preparar la masa para el pan, y lavar la ropa. En los cumpleaños siempre hacía una torta, claro está con la ayuda del abuelo. También gelatina, incluso los gorros de fiesta. Y obviamente, preparaba la comida entera. Por supuesto ayudaban sus hermanas y la abuela. Ya que las fiestas comúnmente las hacíamos con toda la familia. Hay momentos únicos que viví con mi madre a solas, como aquella vez que el aeropuerto me pidió que no me marchara, pues ella se quedaba sola. Me porté muy mal, le dije cada cosa. Y lo peor de todo, fue cuando confundí la fecha de su cumpleaños. No soy el mejor hijo, pero tengo una madre grandiosa. Y estoy feliz por aun poder abrazarla ahora.
De mis tías maternas, tengo que mencionar a la tía María, o Mami como le decíamos de cariño. No sabía cocinar, vaya cosa. Pero al momento de celebrar, era el alma de la fiesta. Con ella conocí la "sopa a la minuta": una caldo con carne, papas y fideos cabellos de ángel casi crudos, pero que por alguna razón nos gustaron mucho. También le gustaba cantar junto a sus demás hermanas. Y al celebrar lo hacía con mucha alegría. Como aquel día que por una fiesta de aquellas, vinieron a ayudar a mi Mamá en la cocina, para una fiesta. Se sentaron todas en un fila en sus sillas, y empezamos a brindar con una chelas heladitas. Al final terminamos todos cantando y brindando, y ella se reía de las "ayudantas".
Mi otra tía, es la tía Norka, o Maca, como le decíamos en la casa. Era siempre la experta servidora de la comida. Pero también era quien adornaba las tortas con las cubiertas dulces y los adornos. Y gustaba de adornar las paredes en las fiestas. Quizá todos recordemos esto, pero la tía tiene un lado "siniestro": ponía inyecciones! Que dolor ver sus jeringas de vidrio y sus agujas. Era un terror ver como te iban a clavar con semejantes instrumentos de tortura. Y como todas las hermanas, cantaba a viva voz, los huaynitos huaracinos y los valses al ritmo de las guitarras, las mandolinas y el acordeón.
La tía Juana, o Juanita como le decíamos, llevaba impregnada en el rostro una sonrisa. Era tal su paciencia y su temple, que nunca jamás se enojó, si mal no recuerdo. Aún ahora tiene esa costumbre, nunca le conocí una llamada de atención o un disgusto. A todos nos encantaba ir a la casa de la tía Juanita, pues ahí nadie nos decía nada por nuestras travesuras.
La tía Cristina, no la gozamos mucho, pues llegó a la familia cuando ya no eramos tan pequeños. Algo para no olvidar, la extraordinaria voz de la tía. Las canciones que cantaban eran pura melodía.
Pero de todas mis tías maternas, la que mas he querido, ha sido es y será mi tía Rosi, la hermanita menor de todas. Era casi una niña cuando empecé a hablar con ella. Nos pasábamos horas enteras conversando sobre cualquier tema. Sus dibujos preciosos, sus acuarelas, adornaban cuadernos y folderes. Cuando tenía que hacer un dibujo de tarea, tía Rosi era la voz, no había nadie que dibuje mejor que ella. Algo mas que recordar, por cierto hay mucho. Como aquella vez que postulé a la Cayetano Heredia. Era yo un nerd sabiondo, taimado y un chuncho. No quise ir a ver los resultados, fue ella. Y regresó feliz y contenta con la noticia, que había ingresado en el primer puesto. Hay que agregar a esto, que fue la única vez que a una universidad peruana he postulado. Y ella fue feliz conmigo en ese momento. Como en muchos otros, pero a esto no va el cuento.
De mis tías paternas, se muy poco. Casi no hemos convivido, solo se que son familia. Muy de vez en cuando al estar de visita, nos tratan de la mejor manera que ellas puedan. Recordar algo, aquella vez que hicieron cachina, y que después de eso, jugamos a la guerra con uvas en la sala y la cocina. Unos tallarines verdes, mejor no les cuento, o la famosa sopa de leche al estilo iqueño. También nuestros viajes a la Huacachina, o a conocer y bañarse en la achirana del Inca.
Las otras mujeres de mi vida son mis hermanas. De ellas hay tanto que hablar que, para no hacerla larga, mencionaré solamente algunas de las cosas, que nos tocó vivir y que nunca se olvidan.
Mi hermanita mayor, la Mafaldiña. Como olvidar nuestro encuentro en Rusia. Éramos aun niños, y ya nos creíamos adultos. Vivimos infinitas peripecias juntos. Mi primer cumpleaños en Rusia, aún lo recuerdo. Estábamos los dos solos, me regalaste un pequeño auto de juguete y un billete de lotería. Como olvidar ese momento. No puedo no mencionar nuestro primer año nuevo juntos, tampoco aquella vez en que nos quedamos sin comida, y de la nada hiciste un suculento almuerzo. Muchas veces hemos llorado juntos, compartido alegrías y muchas penas y tristezas. Nos derrumbamos y levantamos muchas veces, pero aún así seguimos caminando en esta vida con la frente en alto. Se pueden olvidar nuestras tardes de verano en la playa (orilla del río), o bebiendo en un parque? Las salidas al cine, o aquella vez en Suecia, cuando nos alojamos en la casa de unos amigos tuyos? Tampoco podremos olvidar nuestros viajes juntos, y todas las veces que tuvimos que darnos aliento. No hay nadie mas fuerte ni mas osada, que mi hermanita Malli, la Mafaldiña.
A Tania Soledad, la conocí por referencias. Ella murió en el terremoto del 70. Solo se que la quería tanto el tío Joel, que murieron juntos, abrazados, bajo la tierra y los escombros. Los enterraron juntos, y así seguirán por siempre. Un enorme enigma en nuestras vidas.
Mi hermanita Thania es la que me sigue, y con ella la cosa no es tan simple. Era tan flaca y delgaducha, que le decíamos "flaca" de cariño. Papá le decía Topoya, Yiya y mil otras cosas. Eso sí, era la mas consentida del viejo en esos tiempos. Son de antología sus salidas con los viejos, a las fiestas de adultos, vistiendo su poncho rojo. No había forma de parar su llanto, cuando decidía seguir a los viejos a una fiesta cualquiera. Ya estando en Rusia descubrió su pasión por los dulces, y podía comerse una torta a solas. Ya no está flaca, pero sigue siendo la hermanita alegre, que disfruta de bailar, de alegrarnos y divertirse. Tuvo la osadía y valentía de irse con los "élites" a la selva. A caminar entre la jungla y los matorrales, para llevar salud a las comunidades.
Carola es toda una historia. De pequeña era gordita y habladora. Le decíamos la Ronrona, era crespa, siempre estaba masticando algo. No sabía nada de matemáticas. Fue mi primera (y única) alumna, y no aprendió nada. Y la sorpresa fue cuando se convirtió en ingeniera, y hoy trabaja en la banca. Ya no es gordita, está flaca, y para variar, totalmente lacia. Es la que nos da un poco de cordura, cuando nos invade el entusiasmo y nos acarrea la locura. Nunca olvidaré aquellos tiempos en que compartíamos un cuarto en la azotea de Mitchel Fort con nuestro hermano. Ellos eran aún universitarios, y yo me estaba preparando para ir al ejército. Tampoco se puede olvidar cuando iba a Huaraz y ella estaba sola. Las gaseosas, el pan y la jamonada, y los vídeos. Tiempos aquellos.
Y la última de mis hermanas, Camucha la más pequeña. Se enfermó de bebé, y tuvo secuelas. Nunca perdió su inocencia y siempre andaba alegre. Se hizo la mamá adoptiva de los tres Pacos, sobre todo de Leito, quien fue mas que su sobrino, su hijito engreído. Lo cuidaba con celo y mucho cariño. Y nunca perdió su alma de niña. Cuando tuvo su accidente, hizo que nos uniéramos, nuevamente como uno solo, y pudimos recuperarla. Mas quiso Dios que ya era tiempo, que se convierta en un ángel y se la llevó al cielo.
De mis primas, tuve mucha cercanía con dos de ellas, Yuly y Chío, ya que compartimos juntos muchas vivencias. Y también incontables ocurrencias. Como aquella vez que visité por primera vez a Yuly en Volgogrado, y fuimos a visitar a unos amigos rusos de ella. El ruso nos invitó vodka, y se zampó un vaso, yo de copión me tomé el vaso de un solo trago. Casi muero ahogado, aún así tomé el segundo vaso. Después Yuly me llevó a rastras a la residencia, iba dormido y delirando. Y con Chio, nos quedamos varados en un viaje, compartimos momentos únicos e inolvidables. Con el resto de primas he compartido poco, pero debo mencionar que siempre nos tenemos cariño. Lili, Janeth, Yessy, Charo, Nadia y Cati, Fabiola y Sandra. Hemos compartido juegos de niños, travesura de pequeños. y de una u otra forma, han influenciado en mi vida y en mi camino. Mis primas paternas, las conocí poco, ya que ellas siempre han vivido en Ica con sus padres.
Dedo mencionar a la madre de mis dos primeros hijos, Vilma, con quien he vivido, muchas alegrías y sinsabores. Si bien es cierto terminamos con muchas diferencias y disgustos, debo mencionar que admiro su valentía, por guardar el reposo absoluto, cuando iba a nacer mi primera hija: Katty. Supongo que hubiera sido mas sencillo, acceder al legrado que le habían ofrecido. Se mantuvo firme, y juntos logramos, traer a una preciosa y hermosa niña sana al mundo.
Y como no mencionar al amor de mi vida : Katia. Me aceptaste con toda mi carga, sin poner reparos, me ofreciste tu vida, tus sueños y tus proyectos, y tomando mi mano te mantuviste siempre fiel a mi lado. Por eso soy muy feliz de tenerte conmigo, y la vida nos está regalando, toda una aventura de dicha y retos, de tropiezos y alegrías. Seguiré feliz caminando a tu lado, y con el producto de nuestro amor, la bella Anahí, de nuestras manos. Eres la fuerza que me empuja a seguir mi camino, la voz que me mantiene despierto, y me recuerda mis sueños. Eres con quien quiero hacerme viejo, charlar eternamente, y recitarte mis versos. Una sola palabra: te amo.
Mis hijas, son toda una maravilla. Katty, la mayor, es inteligente y bella. Es de una fortaleza enorme, que a veces no parece de este planeta. Pasamos juntos tantas cosas, hay tanto que hemos vivido y sufrido, mi pequeña bella, que un libro no será nunca suficiente para escribirlos todos. Viajamos juntos de Pomabamba a Huaraz, solos, hablábamos y hablamos de todo, y sobre todo, nos queremos de manera incondicional y para siempre. Tu camino recién empieza, pero quiero seguir siendo en él, tu mejor compañero.
Y de la pequeña Anahí, que es pura ternura. No hay momentos mas tiernos que aquellos, en los que hablamos de las estrellas y del universo. De nuestros descubrimientos juntos, y de nuestras locuras, como son los vídeos de Motita y Motelo. De nuestros interminables cuentos, y de nuestros paseos por el malecón. Nunca olvidaré la madrugada que salimos ha hacer deportes juntos. Eramos los únicos padre e hija pequeña en esas horas, y todas las abuelas nos saludaban admiradas. Y también lo emocionada que estabas, cuando conociste por fin a tu hermana, y a tu adorado hermano, el gran, único e inigualable Max, mi hijo, y tu hermano. Seguiremos descubriendo un mundo juntos, tenemos la vida por delante.
De las otras mujeres de mi vida, no puedo dejar de mencionar a mi granítica e interminable Señorita Hortensia, quien con una regla en la mano, y su rosario en el cuello, con una sola mirada y una orden suya, me enseñó a leer y escribir en un par de meses. Fue mi maestra de toda la primaria, y era tan recta y seria, que nunca jamás la oí levantar la voz para poner orden en el aula. Siempre cantábamos el Himno Nacional con la mano en el pecho, y rezábamos el Padre Nuestro de rodillas, antes de iniciar las clases. Creo que incluso ella se dio cuenta, que yo estaba enamorado en aquellos tiempos de Miriam, pues hasta en alguna ocasión me hizo la taba, y me dejó a solas con ella. Pero yo era tan monse, que salí corriendo, patitas para que te quiero, del aula. Miriam y Laura fueron los amores de mis épocas de estudiante. A Miriam nunca le dije nada, y ni siquiera me acerqué a ella, con Laura tuvimos una historia pequeña y tierna, pero por alguna razón, me olvidé de ella. En Rusia hubieron algunas mujeres, que de una u otra forma influyeron en mi vida. En algún lugar y momento, escribiré sobre ellas y todo lo que en mi vida e historia significaron. Lo haré cuando esté ya muy viejo.
He tenido muchas y grandes amigas, hasta el día de hoy ellas me rodean. Pero la más grande de todas es, ha sido y será siempre, la única e inigualable Virgen María. A ella siempre dirijo mis plegarias. Se que en algún lugar ella me escucha, he intercede ante Dios con mis plegarias. Muchas veces trato de imaginarme como habrá sido su vida, sus miedos, sus esperanzas. Estoy convencido que tuvo muchas dudas, temores y sueños. Y no me imagino siquiera, todo el dolor que tuvo que soportar al entregar a su hijo. Cuando las fuerzas me abandonan, cuando desfallezco y me siento pequeño, le pido con todas mis fuerzas que venga en mi ayuda, y que me de las fuerzas para seguir adelante, y que solamente se apiade de los míos, que no los abandone nunca. Se que como pecador no merezco siquiera dirigirme ante ella, pero también estoy seguro que en su corazón de madre, ella nos quiere y nos ama como lo que somos, sus hijos.
Feliz Día a todas las mujeres, por lo que han significado y por lo que aún significan en esta mi ordinaria y pequeña vida....
En líneas generales, debo mencionar que en mi vida las mujeres han marcado muchos e importantes hitos, quizá los más importantes, del camino que estoy siguiendo. Es por eso que en este pequeño texto, trataré de rendir un homenaje a todas ellas, en un orden arbitrario.
En primer lugar, mis abuelas. De ellas, mi abuela materna, la infinita Mama Filly, vivió con nosotros por muchos años cuando era pequeño. Era de carácter de hierro, y de línea dura. No toleraba ninguna indisciplina. No hay nieto que no recuerde, las inmortales "shamas" de la abuela. Una combinación de limón, sal y alguna otra cosa, para pasarnos con un algodón por la boca, cuando teníamos los labios llenos de aftas. Pero no solamente se usaba la "mortal shama" para este caso. Servían de cura a "las malcriadeces y palabras soeses". Una palabrota o siquiera insinuarla, era suficiente para caer víctima de la shama. Tampoco se pueden olvidar los suculentos cuyes, hechos en un palo al carbón, super sabrosos. Eso sí, no era muy agradable ver como la abuela, aplastaba de los cuyes en el suelo la cabeza. Un crack, y la sangre corría por las fauces del roedor muerto. Nunca pude entender como podía ella hacer esto. Eso si, la vi desollar carneros, con la habilidad de un maestro carnicero. Debo mencionar que en el terremoto, me salvé en su espalda, y le quité un arete. Siempre me lo recordaba: Me debes un arete de oro, me decía. Tampoco es posible olvidar que en las fiestas, ella recogía a todos los nietos y nos llevaba a casa. También los relojes de los que festejaban, y cuando ya la fiesta había terminado, los guiaba a tumbos a cada uno a sus casas. Y si nos invitaba un almuerzo, en su casa, había entrada, sopa, plato de fondo y postre. Y para matar el chanchito una copita de pisco, y para el lonchecito unos picarones, o dulce de membrillo. Así era la Mama Pity, hay de aquel que la llame abuela, te podía caer un regaño, o hasta la mortal shama. Pregúntenle a cualquiera.
A mi abuela paterna, no la conocí mucho. Solo una vez que fuimos con mi padre y mi hermana a Sauranja, pude disfrutar de todas las artes de la Abuela Domitila. . Era pequeña y menudita, incluso siendo yo un niño pequeño, la veía chiquita. Trataba al abuelo, su esposo, de Don Isidro, y también les decía Don a todos sus hijos. Preparaba quesos a la antigua usanza, tejía ponchos, llevaba la casa. Aunque se poco de ella, es por su línea que tengo, la sangre de los bravos guerreros chancas. El aire altivo, el orgullo en la mirada, son cosas que de ella no olvido, pues tenía de mi padre la mirada.
Y como no mencionar en esta lista larga, a mi viejita linda, mi Negrita del Alma. Es la madre coraje de la vida cotidiana. Cuando recuerdo los años de la infancia, la recuerdo preparando el desayuno temprano de madrugada, con los uniformes planchados y la comida ya lista. "Bajen a comer!" era la llamada materna, y todos llegábamos cual tropel a la cocina. Daba órdenes precisas para el quehacer diario, y con un grupo de nosotros se dirigía al colegio. Regresaba en las tardes, a servir el almuerzo. No sé en que momento hacía sus deberes de maestra, pues incluso la veía ver telenovelas. Los sábados eran de antología, debíamos de ir al mercado, y en las noches preparar la masa para el pan, y lavar la ropa. En los cumpleaños siempre hacía una torta, claro está con la ayuda del abuelo. También gelatina, incluso los gorros de fiesta. Y obviamente, preparaba la comida entera. Por supuesto ayudaban sus hermanas y la abuela. Ya que las fiestas comúnmente las hacíamos con toda la familia. Hay momentos únicos que viví con mi madre a solas, como aquella vez que el aeropuerto me pidió que no me marchara, pues ella se quedaba sola. Me porté muy mal, le dije cada cosa. Y lo peor de todo, fue cuando confundí la fecha de su cumpleaños. No soy el mejor hijo, pero tengo una madre grandiosa. Y estoy feliz por aun poder abrazarla ahora.
De mis tías maternas, tengo que mencionar a la tía María, o Mami como le decíamos de cariño. No sabía cocinar, vaya cosa. Pero al momento de celebrar, era el alma de la fiesta. Con ella conocí la "sopa a la minuta": una caldo con carne, papas y fideos cabellos de ángel casi crudos, pero que por alguna razón nos gustaron mucho. También le gustaba cantar junto a sus demás hermanas. Y al celebrar lo hacía con mucha alegría. Como aquel día que por una fiesta de aquellas, vinieron a ayudar a mi Mamá en la cocina, para una fiesta. Se sentaron todas en un fila en sus sillas, y empezamos a brindar con una chelas heladitas. Al final terminamos todos cantando y brindando, y ella se reía de las "ayudantas".
Mi otra tía, es la tía Norka, o Maca, como le decíamos en la casa. Era siempre la experta servidora de la comida. Pero también era quien adornaba las tortas con las cubiertas dulces y los adornos. Y gustaba de adornar las paredes en las fiestas. Quizá todos recordemos esto, pero la tía tiene un lado "siniestro": ponía inyecciones! Que dolor ver sus jeringas de vidrio y sus agujas. Era un terror ver como te iban a clavar con semejantes instrumentos de tortura. Y como todas las hermanas, cantaba a viva voz, los huaynitos huaracinos y los valses al ritmo de las guitarras, las mandolinas y el acordeón.
La tía Juana, o Juanita como le decíamos, llevaba impregnada en el rostro una sonrisa. Era tal su paciencia y su temple, que nunca jamás se enojó, si mal no recuerdo. Aún ahora tiene esa costumbre, nunca le conocí una llamada de atención o un disgusto. A todos nos encantaba ir a la casa de la tía Juanita, pues ahí nadie nos decía nada por nuestras travesuras.
La tía Cristina, no la gozamos mucho, pues llegó a la familia cuando ya no eramos tan pequeños. Algo para no olvidar, la extraordinaria voz de la tía. Las canciones que cantaban eran pura melodía.
Pero de todas mis tías maternas, la que mas he querido, ha sido es y será mi tía Rosi, la hermanita menor de todas. Era casi una niña cuando empecé a hablar con ella. Nos pasábamos horas enteras conversando sobre cualquier tema. Sus dibujos preciosos, sus acuarelas, adornaban cuadernos y folderes. Cuando tenía que hacer un dibujo de tarea, tía Rosi era la voz, no había nadie que dibuje mejor que ella. Algo mas que recordar, por cierto hay mucho. Como aquella vez que postulé a la Cayetano Heredia. Era yo un nerd sabiondo, taimado y un chuncho. No quise ir a ver los resultados, fue ella. Y regresó feliz y contenta con la noticia, que había ingresado en el primer puesto. Hay que agregar a esto, que fue la única vez que a una universidad peruana he postulado. Y ella fue feliz conmigo en ese momento. Como en muchos otros, pero a esto no va el cuento.
De mis tías paternas, se muy poco. Casi no hemos convivido, solo se que son familia. Muy de vez en cuando al estar de visita, nos tratan de la mejor manera que ellas puedan. Recordar algo, aquella vez que hicieron cachina, y que después de eso, jugamos a la guerra con uvas en la sala y la cocina. Unos tallarines verdes, mejor no les cuento, o la famosa sopa de leche al estilo iqueño. También nuestros viajes a la Huacachina, o a conocer y bañarse en la achirana del Inca.
Las otras mujeres de mi vida son mis hermanas. De ellas hay tanto que hablar que, para no hacerla larga, mencionaré solamente algunas de las cosas, que nos tocó vivir y que nunca se olvidan.
Mi hermanita mayor, la Mafaldiña. Como olvidar nuestro encuentro en Rusia. Éramos aun niños, y ya nos creíamos adultos. Vivimos infinitas peripecias juntos. Mi primer cumpleaños en Rusia, aún lo recuerdo. Estábamos los dos solos, me regalaste un pequeño auto de juguete y un billete de lotería. Como olvidar ese momento. No puedo no mencionar nuestro primer año nuevo juntos, tampoco aquella vez en que nos quedamos sin comida, y de la nada hiciste un suculento almuerzo. Muchas veces hemos llorado juntos, compartido alegrías y muchas penas y tristezas. Nos derrumbamos y levantamos muchas veces, pero aún así seguimos caminando en esta vida con la frente en alto. Se pueden olvidar nuestras tardes de verano en la playa (orilla del río), o bebiendo en un parque? Las salidas al cine, o aquella vez en Suecia, cuando nos alojamos en la casa de unos amigos tuyos? Tampoco podremos olvidar nuestros viajes juntos, y todas las veces que tuvimos que darnos aliento. No hay nadie mas fuerte ni mas osada, que mi hermanita Malli, la Mafaldiña.
A Tania Soledad, la conocí por referencias. Ella murió en el terremoto del 70. Solo se que la quería tanto el tío Joel, que murieron juntos, abrazados, bajo la tierra y los escombros. Los enterraron juntos, y así seguirán por siempre. Un enorme enigma en nuestras vidas.
Mi hermanita Thania es la que me sigue, y con ella la cosa no es tan simple. Era tan flaca y delgaducha, que le decíamos "flaca" de cariño. Papá le decía Topoya, Yiya y mil otras cosas. Eso sí, era la mas consentida del viejo en esos tiempos. Son de antología sus salidas con los viejos, a las fiestas de adultos, vistiendo su poncho rojo. No había forma de parar su llanto, cuando decidía seguir a los viejos a una fiesta cualquiera. Ya estando en Rusia descubrió su pasión por los dulces, y podía comerse una torta a solas. Ya no está flaca, pero sigue siendo la hermanita alegre, que disfruta de bailar, de alegrarnos y divertirse. Tuvo la osadía y valentía de irse con los "élites" a la selva. A caminar entre la jungla y los matorrales, para llevar salud a las comunidades.
Carola es toda una historia. De pequeña era gordita y habladora. Le decíamos la Ronrona, era crespa, siempre estaba masticando algo. No sabía nada de matemáticas. Fue mi primera (y única) alumna, y no aprendió nada. Y la sorpresa fue cuando se convirtió en ingeniera, y hoy trabaja en la banca. Ya no es gordita, está flaca, y para variar, totalmente lacia. Es la que nos da un poco de cordura, cuando nos invade el entusiasmo y nos acarrea la locura. Nunca olvidaré aquellos tiempos en que compartíamos un cuarto en la azotea de Mitchel Fort con nuestro hermano. Ellos eran aún universitarios, y yo me estaba preparando para ir al ejército. Tampoco se puede olvidar cuando iba a Huaraz y ella estaba sola. Las gaseosas, el pan y la jamonada, y los vídeos. Tiempos aquellos.
Y la última de mis hermanas, Camucha la más pequeña. Se enfermó de bebé, y tuvo secuelas. Nunca perdió su inocencia y siempre andaba alegre. Se hizo la mamá adoptiva de los tres Pacos, sobre todo de Leito, quien fue mas que su sobrino, su hijito engreído. Lo cuidaba con celo y mucho cariño. Y nunca perdió su alma de niña. Cuando tuvo su accidente, hizo que nos uniéramos, nuevamente como uno solo, y pudimos recuperarla. Mas quiso Dios que ya era tiempo, que se convierta en un ángel y se la llevó al cielo.
De mis primas, tuve mucha cercanía con dos de ellas, Yuly y Chío, ya que compartimos juntos muchas vivencias. Y también incontables ocurrencias. Como aquella vez que visité por primera vez a Yuly en Volgogrado, y fuimos a visitar a unos amigos rusos de ella. El ruso nos invitó vodka, y se zampó un vaso, yo de copión me tomé el vaso de un solo trago. Casi muero ahogado, aún así tomé el segundo vaso. Después Yuly me llevó a rastras a la residencia, iba dormido y delirando. Y con Chio, nos quedamos varados en un viaje, compartimos momentos únicos e inolvidables. Con el resto de primas he compartido poco, pero debo mencionar que siempre nos tenemos cariño. Lili, Janeth, Yessy, Charo, Nadia y Cati, Fabiola y Sandra. Hemos compartido juegos de niños, travesura de pequeños. y de una u otra forma, han influenciado en mi vida y en mi camino. Mis primas paternas, las conocí poco, ya que ellas siempre han vivido en Ica con sus padres.
Dedo mencionar a la madre de mis dos primeros hijos, Vilma, con quien he vivido, muchas alegrías y sinsabores. Si bien es cierto terminamos con muchas diferencias y disgustos, debo mencionar que admiro su valentía, por guardar el reposo absoluto, cuando iba a nacer mi primera hija: Katty. Supongo que hubiera sido mas sencillo, acceder al legrado que le habían ofrecido. Se mantuvo firme, y juntos logramos, traer a una preciosa y hermosa niña sana al mundo.
Y como no mencionar al amor de mi vida : Katia. Me aceptaste con toda mi carga, sin poner reparos, me ofreciste tu vida, tus sueños y tus proyectos, y tomando mi mano te mantuviste siempre fiel a mi lado. Por eso soy muy feliz de tenerte conmigo, y la vida nos está regalando, toda una aventura de dicha y retos, de tropiezos y alegrías. Seguiré feliz caminando a tu lado, y con el producto de nuestro amor, la bella Anahí, de nuestras manos. Eres la fuerza que me empuja a seguir mi camino, la voz que me mantiene despierto, y me recuerda mis sueños. Eres con quien quiero hacerme viejo, charlar eternamente, y recitarte mis versos. Una sola palabra: te amo.
Mis hijas, son toda una maravilla. Katty, la mayor, es inteligente y bella. Es de una fortaleza enorme, que a veces no parece de este planeta. Pasamos juntos tantas cosas, hay tanto que hemos vivido y sufrido, mi pequeña bella, que un libro no será nunca suficiente para escribirlos todos. Viajamos juntos de Pomabamba a Huaraz, solos, hablábamos y hablamos de todo, y sobre todo, nos queremos de manera incondicional y para siempre. Tu camino recién empieza, pero quiero seguir siendo en él, tu mejor compañero.
Y de la pequeña Anahí, que es pura ternura. No hay momentos mas tiernos que aquellos, en los que hablamos de las estrellas y del universo. De nuestros descubrimientos juntos, y de nuestras locuras, como son los vídeos de Motita y Motelo. De nuestros interminables cuentos, y de nuestros paseos por el malecón. Nunca olvidaré la madrugada que salimos ha hacer deportes juntos. Eramos los únicos padre e hija pequeña en esas horas, y todas las abuelas nos saludaban admiradas. Y también lo emocionada que estabas, cuando conociste por fin a tu hermana, y a tu adorado hermano, el gran, único e inigualable Max, mi hijo, y tu hermano. Seguiremos descubriendo un mundo juntos, tenemos la vida por delante.
De las otras mujeres de mi vida, no puedo dejar de mencionar a mi granítica e interminable Señorita Hortensia, quien con una regla en la mano, y su rosario en el cuello, con una sola mirada y una orden suya, me enseñó a leer y escribir en un par de meses. Fue mi maestra de toda la primaria, y era tan recta y seria, que nunca jamás la oí levantar la voz para poner orden en el aula. Siempre cantábamos el Himno Nacional con la mano en el pecho, y rezábamos el Padre Nuestro de rodillas, antes de iniciar las clases. Creo que incluso ella se dio cuenta, que yo estaba enamorado en aquellos tiempos de Miriam, pues hasta en alguna ocasión me hizo la taba, y me dejó a solas con ella. Pero yo era tan monse, que salí corriendo, patitas para que te quiero, del aula. Miriam y Laura fueron los amores de mis épocas de estudiante. A Miriam nunca le dije nada, y ni siquiera me acerqué a ella, con Laura tuvimos una historia pequeña y tierna, pero por alguna razón, me olvidé de ella. En Rusia hubieron algunas mujeres, que de una u otra forma influyeron en mi vida. En algún lugar y momento, escribiré sobre ellas y todo lo que en mi vida e historia significaron. Lo haré cuando esté ya muy viejo.
He tenido muchas y grandes amigas, hasta el día de hoy ellas me rodean. Pero la más grande de todas es, ha sido y será siempre, la única e inigualable Virgen María. A ella siempre dirijo mis plegarias. Se que en algún lugar ella me escucha, he intercede ante Dios con mis plegarias. Muchas veces trato de imaginarme como habrá sido su vida, sus miedos, sus esperanzas. Estoy convencido que tuvo muchas dudas, temores y sueños. Y no me imagino siquiera, todo el dolor que tuvo que soportar al entregar a su hijo. Cuando las fuerzas me abandonan, cuando desfallezco y me siento pequeño, le pido con todas mis fuerzas que venga en mi ayuda, y que me de las fuerzas para seguir adelante, y que solamente se apiade de los míos, que no los abandone nunca. Se que como pecador no merezco siquiera dirigirme ante ella, pero también estoy seguro que en su corazón de madre, ella nos quiere y nos ama como lo que somos, sus hijos.
Feliz Día a todas las mujeres, por lo que han significado y por lo que aún significan en esta mi ordinaria y pequeña vida....
Wouuu....que tal historias eh...súper 😀😉
ResponderEliminares como regresar en el tiempo....
Wouuu....que tal historias eh...súper 😀😉
ResponderEliminares como regresar en el tiempo....
Y vivirlo de nuevo...
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