viernes, 7 de febrero de 2014

Pichoncito.

Era el profe mas bravo de la secundaria.

Realmente no creo que nadie recuerde su verdadero nombre, pero todos le decíamos "pichisanca", o mejor lo llamaremos cariñosamente "pichoncito".

Media algo de metro y medio de estatura, con un cuerpacho de cuarto de pollo, recontra flaco, narizón y con cara de gallito chileno dispuesto a dar bronca. Y la daba.
Era el mas peleón de todos los profes, sindicalista hasta los tuétanos, revoltoso, reclamón. Se la pasaba fomentando huelgas y paros, azuzando a los alumnos a pitear y quejarse, y también organizaba a los profes en reuniones para los mitines y huelgas de turno.
Y además eras el eterno "asesor" del comité de alumnos del colegio, donde se reunían para nombrar a la junta directiva, hacer los programas por aniversario, desfiles, actuaciones, etc.

Era un todopoderoso.

Y lo peor de todo, dictaba un curso recontra tranca: Historia del arte. A quien michi se le ocurre tamaña locura!. Nos enseñaba en quinto de secundaria la Historia del arte en el Perú. Pancho Fierro, Ignacio Merino, Escuela Cuzqueña, Escuela Limeña,.... Una locura, nombres de pinturas, fechas, autores. Cómo puedes aprender todo eso?!

El examen final era de antología. Había que poder decir el nombre de la pintura, autor, fechas o periodos. Era imposible. Históricamente era un abollamiento, donde la mayoría salía jalado, y la máxima nota aprobatoria había sido trece en algún momento. Y el profe era bravo. En el momento del examen se paraba delante del aula, mirando a todos con su pose cachacienta de "a ver quien se atreve" "a ver calichines, quien es el primero". Y era muy conocido que descubría a los mas expertos plagiadores. Se jactaba de haber descubierto a los mas diestros y maestros del arte del plagio.

Estábamos perdidos. Y pichoncito nos la tenía jurada. Habíamos sido la primera aula que se reveló a su sistema. No habíamos ido a sus reuniones, no habíamos ido a sus huelgas, habíamos boicoteado todas sus revueltas y berrinches. Y yo era el primer alumno del colegio, y todos me habían seguido. Y eramos de la escolta, el brigadier general, y la mayor parte de los equipos de fútbol y basquet. Había perdido con nosotros, así que el día del examen final de Historia del arte no las tenía jurada. No pasaríamos!! Nos haría morder el polvo!!

Estudié.
Nunca desde tercero de secundaria había estudiado para un examen en el colegio. Se me hacia tan fácil todo que no necesitaba siquiera leer las clases. Y sacaba notas excelentes. Pero en ese momento, dudaba. No podía recordar los nombres, las fechas, los autores. Ni siquiera podía memorizarlos bien, era casi imposible! estaba perdido. Estaba convencido que malograría mi libreta de puros 18, 19 y 20 con un miserable 11 o quizá hasta un rojo!

Llegó el día D.
Estábamos todos en el aula, leyendo como locos, repitiendo nombres, autores, fechas, esperando un milagro o una iluminación divina. Muchos con cara de congoja y resignación. Pichoncito se vengaría, de eso no había la menor duda. Nos pondría el examen tan tranca que nadie aprobaría. Nos haría morder el polvo!
En la desesperación, Pacheta (uno de los de la clase, de quien tendremos mucho tiempo de hablar) se puso a copiar en la pizarra, metódicamente: autor, obras, fechas. Llenó toda la pizarra con un resumen de los datos mas importantes. Y todos nos sentamos a leer desde nuestro lugar en las carpetas y a repetir con la esperanza de en el último momento poder memorizarlo todo.

Y sin previo aviso, Pichoncito entró: "Todos a sus lugares!" Estábamos todos quietos. Repartió las pruebas en tres grupos y los entregó a los tres alumnos de la primera fila: "Tomen una y pasen el resto atrás!" Sin dudas ni murmuraciones.
En que momento voltea? Todos lo mirábamos con una cara de incredulidad. El examen era en extremo difícil, era lo que temíamos: obra, autor, fecha, escuela.
Se notaba que disfrutaba su momento. Parado delante de nosotros, caminaba algunos pasos a los costados sin quitarnos la vista. Y nosotros no dejábamos de mirarlo también.

¡Es que las respuestas estaban en la pizarra!
¿Cuando voltea?¿En que momento se dará cuenta?
No importa, todos lo mirábamos fijamente, y él no nos quitaba la mirada. Tenía un aire vencedor. Se sentía ganador. Esperaba, esperaba, " a ver, quien intenta plagiar, a ver pues, ahora quiero verlos" parecía decir su mirada.
Y nosotros "muévete mas al costado que tapas!"

"¡Terminó el examen! ¡Entreguen sus hojas de atrás para adelante!
Nunca hubo aula mas ordenada y rápida.
"¡Hasta luego alumnos!" Se despidió con aire vencedor.

Apenas hubo cruzado el umbral de la puerta, una masa gris cual avalancha se abalanzó hacia la pizarra y en frenética tarea, en menos de un segundo, usando brazos, manos, chompas, papeles y todo cuanto se te pueda ocurrir, borró la pizarra sin dejar huella del delito. No se le vaya ocurrir regresar!
No regresó.
Juramento de silencio!

A la semana siguiente Pichoncito traía una cara de compungido que nadie podía creer, entregó las notas con un desgano de antología. 20,20,20,20,20,20, 15, 20,20,20.....

Se despidió sin dirigirnos la mirada.

Que!! un quince?quien fue?
 "-Es que estaba al último, no veía bien"

Habíamos aprobado el examen más difícil del colegio de todos los tiempos de manera espectacular!
Y Pichoncito no sabia cómo? Cómo pasó? Exijo una explicación!
No imagino su cara al ver las respuestas, y la imposibilidad de decir que habíamos plagiado. No podía aceptar que todo un salón entero de mas de cuarenta alumnos le había plagiado de manera espectacular y él no se había dado cuenta.

Fuimos malos, no se lo dijimos, y nos fuimos al terminar el colegio dejándole la duda de su vida.
Quince años después, en un momento familiar se lo conté a mi padre. Eran patas, con Pichoncito. Se mató de risa y me contó que él le había confiado que no sabía como había sucedido eso, no podía entender como había pasado. Mi padre como buen amigo se lo contó, y Pichoncito al fin pudo dormir tranquilo. ¡Sabía que habíamos plagiado, que nadie hubiese podido aprobar su examen de manera limpia!
Me mandó saludos con mi padre.

Mis maestros me enseñaron a ser lo que soy. Ellos marcaron mi rumbo, me dieron las primeras armas para enfrentarme a la vida. Estoy muy agradecido por eso.

Fin.

domingo, 2 de febrero de 2014

Momento de felicidad....

Son casi las dos de la mañana, y no me siento cansado. He atendido un parto en la función de pediatra, y he realizado la atención del recién nacido con toda normalidad, sin nada fuera de lo común. Solo que esta vez es especial. Revisé todo con extrema meticulosidad. Un llanto corto, y luego una mirada como de pregunta: "Quien eres?" Mirada inteligente desde bebé.

No estoy nada cansado, te miro y no puedo terminar de admirarte. Eres lo mejor que me a pasado. Al fin soy padre, y no puedo creerlo. Tu mamá duerme agotada, y yo te tengo al fin en mis brazos.
Soy feliz, y esta felicidad no se puede describir, mas aún si recordamos cuanto nos demoramos y todo lo que tuvimos que luchar para llegar a este momento.

No fue nada fácil.

Descubrimos que estabas con nosotros casi por accidente. Tu mamá había usado medios anticonceptivos que le alteraron su ciclo menstrual. Luego de eso pasó a tener una especie de regla permanente, así que no podíamos saber cuando empezaba o terminaba su ciclo. Menos aún podíamos saber si estaba o no embarazada. Hasta que sucedió. Al fin esperábamos un bebé. Pero estaba sangrando, y eso era una amenaza de aborto. Un doctor amigo le hizo una ecografía y dio su veredicto "saco anembrionado, hay que hacer un legrado" Osea era un embarazo sin bebé, y que teníamos que practicar un aborto. No estuve de acuerdo. Yo mismo te busqué y te encontré en la ecografia, y con tu mamá decidimos continuar con el embarazo hasta donde podamos llegar.

Le indiqué "reposo absoluto", osea tenía que estar en cama en forma permanente, le colocamos sueros, oxígeno y medicamentos para relajar al útero y disminuirle el dolor. Y me convertí en su enfermero, cocinero, amo de casa, etc. Además tenía que ir al trabajo, y luego iba a la casa a atender a tu mamá.
Tuvimos que viajar. Fuimos a Lima, y nuevamente sangró. En el viaje de retorno, otra vez sangrado. Todo el tiempo era una amenaza de aborto, luego de parto prematuro. Pero a punta de sueros, reposo, relajantes, logramos llegar al final al termino del embarazo.

Cuando estábamos por la semana treinta pude al fin entablar el primer contacto contigo. Obviamente ya sabía que eras una nena, y que todo estaba bien, por lo menos así lo mostraba la ecografia. Estaba charlando contigo en la versión "panza de mamá" y te di algunos golpecitos. Y tu me respondiste con unas pataditas. Luego te di otros, y nuevamente me respondiste, y luego una vez mas. Me emocioné hasta casi las lagrimas. Ya estabas respondiendo a mi presencia. Te amaba demasiado, y no permitiría que nada saliese mal.

Yo mismo me encargaba de los controles ecográficos de tu mamá. Para entonces había aprendido ecografia hasta casi la perfección, y también todo lo que se refiere a atención de partos, cesáreas y cosas por el estilo. Pero tenía una nueva prioridad: Tú. Así que pasé de ginecólogo-ecografista-empeñoso a Pediatra-neonatologo-cacólogo-empeñoso.

Hice cursos de reanimación neonatal, aprendí inclusive a intubar un recién nacido (cosa súper difícil por cierto, que solo los neonatólogos experimentados pueden realizar), aprendí a reanimar bebés y niños, a tratar todo tipo de enfermedades del recién nacido y de los niños pequeños. Por cierto, detesto a los niños, son desde mi punto de vista las cosas mas insoportables de este mundo, salvo mis hijos, valga la aclaración.

La placenta era inmensa ecograficamente. Le comenté a mi amigo Galo, que también operaba, no era el mismo de la ecografia y del aborto, obviamente. Me dijo que compartía mi punto de vista sobre que el parto vaginal era la mejor elección, así que nos preparamos.

Y llegó el gran día. El trabajo de parto empezó por la mañana, con dolores esporádicos, y cerca a la media noche se acentuó. Cuando ya todo estaba listo, ayudé a tu mamá con el último pujo y al final saliste y lloraste. Te atendí. Te sequé. Te examiné. "Doctor a la señora se le ha bajado la presión" "Ábrele la vía a chorro" fue mi respuesta, casi automática. Osea aumentarle el volumen del suero para que su presión se estabilice. Al rato Galo me dice "Oe, la placenta es enorme, es casi cuatro veces el tamaño normal" Hmm, creo que se lo había dicho.

Todo estaba bien. Mamá dormía agotada. Y yo al fin te tenía en mis brazos. No dejaría que nada te haga daño. Estaba preparado.

Dos noches sin dormir. Llorabas, de hambre. Mamá no tenía ni una sola gota de leche. Pero la lactancia materna exclusiva era lo mas recomendado. Nosotros como Hospital modelo Materno perinatal no solo recomendábamos la lactancia materna, sino que también prohibíamos el uso de biberones. Y yo como el "pediatra-empeñoso" no me cansaba de recordar a los cuatro vientos que los biberones eran lo peor de lo peor para todo niño. Que en todo caso usen un vaso o una cuchara. Que la naturaleza era sabia y que no habría mamá en el mundo que no tenga leche necesaria para su bebé.

 En tu segunda noche en casa ya no solo llorabas tú, sino también tu mamá. Era terrible. Era medianoche. Salí a buscar a mi amiga de la farmacia, y la desperté. "Un biberón por favor, y una lata de leche para bebés". Compré mi lata de leche Nan, mi biberón Ninet y mis chupones de silicona. Te preparé un biberón de leche, y te lo tomaste casi sin respirar. Luego te quedaste dormida. Te tuve cargada hasta que liberes tu "chanchito". Era imprescindible.

Te arropamos, y te pusimos en medio de los dos. Y nos quedamos dormidos. Pero al despertar, una tragedia. Volabas en fiebre, con el termómetro casi hasta 39 grados. Te quité casi toda la ropa. Pedí un balón de oxigeno, un equipo para colocarte suero en el ombligo y medicamentos para tratar una sepsis neonatal. Le comenté a Galo, mi amigo, quien me dio una sabia recomendación "tranquilo, espera y observa". Te pasó la fiebre, tomaste tu biberón normal, lloraste, hiciste todo lo que los bebés recién nacidos hacen (a veces en forma increíblemente abundante) y se acabó la "sepsis neonatal". La conclusión: te habíamos abrigado en exceso. Vaya padres primerizos.

Fui a trabajar tranquilo, luego regresé a casa casi corriendo. Desde la puerta escucho tu llanto. Llego al dormitorio y tu mamá estaba tratando de cambiarte el pañal, pero no podía con las nauseas. Y tú llorabas desconsolada. La hice a un lado, te tranquilicé, empecé a limpiarte, y me diste las primeras quejas: "agú, agú, agú" Yo entendí a la perfección. Terminé de cambiarte. Te cargué. Tomaste tu leche y te dormiste. Obviamente empecé nuevamente con la rutina del "chanchito".

Poco a poco tu mamá fue teniendo leche, cada vez mas abundante, y el biberón pasó a segundo plano. También tu mamá se convirtió en una experta en cambiarte, lavarte y todas esas cosas que hacen las mamas. Te bañamos en una tina. Te pusieron los aretes. Y seguías durmiendo en mis brazos.

Y era el hombre más feliz del planeta. Lo tenía todo. Una familia, mi hija, la mas preciosa bebé sobre este planeta, un trabajo prometedor, había aprendido mucho gracias a tu llegada, y todos me apreciaban, y te querían.

No podía pedir más.

sábado, 1 de febrero de 2014

Infancia.....

Huaraz, después del terremoto.

Estoy parado solo frente al Cisea de Nicrupampa. Mis pantalones me ajustan en la cintura, pues las ligas están muy apretadas. hago lo mismo de siempre, deslizo mis manos dentro de los pantalones por la cintura y estiro las ligas lo mas que puedo. A veces se me sube hasta el cuello, pero así me aprietan menos. "Pronto iré al colegio y ya no me pondrán estas ligas, usaré correa".

Los niños que van al colegio usan pantalones grises con correa, y por el momento ese es mi sueño. Veo como en el jardín de infancia las mamas traen a sus hijos, con loncheras la mayoría. "Pronto tendré una lonchera". También quería una lonchera, pero cuando dije que quería ir al jardín, no me compraron lonchera, pues el jardín estaba al lado de casa y a la hora del refrigerio podía ir a tomar un jugo e incluso almorzar. Esa idea no me gustó. Yo pedí ir al jardín para que me compren una lonchera, no para ir en la hora del refrigerio a la casa. "No regresaré nunca al jardín" Nunca me daban la contra. Los doctores habían sido explícitos en eso, no podían darme motivos para encolerizarme, pues podría tener secuelas, por el hecho de haber estado en coma luego de haberme ahogado y el trauma cerebral, y el trauma psicológico. Tenían que complacerme en todo para evitarme problemas en la adultez.

Tenia un plan, pediría ir al colegio mas lejano, y así me comprarían no solo el uniforme y la maleta, sino también una lonchera. Solo faltaba medio año, ya todo estaba planeado.

En navidad nada nuevo, unas pistolas y una cabeza de caballo en un palo de escoba. El llanero solitario. A mi hermano le compraron unas pistolas de Toro. Creo que no le hizo mucha gracia. No importa. El próximo año tendré pantalones con correa, maleta de colegio, y lonchera, como todos los niños grandes. Y estará la Lista de útiles Escolares, con todos los colores, plumones, y bloques, y cascabeles, y todas esas cosas tan interesantes que les compran a los niños. Si, será un buen año.

"Quiero estudiar en el Colegio de grandes".  Miro ansioso a mis padres, que parece no me escucharon. veo como planifican la forma como iré al colegio que está a menos de dos cuadras de la casa, pues ahí estudia mi hermana mayor, y le va bien. La profesora que me tocará es amiga de mi Mamá. Y que es muy bueno pues a la hora del recreo podré venir a casa a tomar mis alimentos. Adiós lonchera. No necesitaré muchos útiles escolares, pues hay una nueva reforma de la educación y solo piden un cuaderno y lápiz, y el libro "Amigo". Educación para todos."Y mis colores, mis bloques, mis juegos, plumones, libros?" ya no es necesario, el gobierno revolucionario ha decidido uniformizar el estudio para todos, y todos hasta los mas pobres tienen derecho a estudiar, por eso no se piden casi nada de útiles escolares. Fue un golpe mortal a mis sueños.

Por lo menos el uniforme y la correa. Que?! no hay correa, mis pantalones tienen una liga en la parte posterior, pues es mejor así para los niños pequeños, la correa puede traerle problemas a la cintura, dicen los sabios consejos de la abuela. Noooo!!! Sin correa, sin útiles, sin lonchera. La maleta si es obligatoria, no puedo llevar mi cuaderno y mi libro en una bolsa o en la mano. Pero me tenían una sorpresa, una hermosa sorpresa. Mi abuelo me había hecho una mochila de cuero según un dibujo de los libros escolares. Adoro a mi abuelo. Le agradezco y pongo cara de felicidad. Pero en el fondo, quería mi maleta como todos! Para completar la catástrofe mi abuela me confecciona las camisas y mi mamá me teje la chompa.

Empiezo el año escolar con cara de amargado, no me interesa nada de este colegio, no tengo nada de lo que había soñado. Todos los niños tienen la maleta estándar, la mayoría tiene pantalones sin ligas, y un buen numero usan correa! ya no hablemos que mis camisas y la chompa no tienen nada en común con las del resto. Y a la hora del recreo en lugar de sacar mi lonchera voy a la casa a tomar mi jugo y mi sanguche.

Mundo cruel e injusto. Por qué tiene que ser así. Yo solo pedía ser uno mas de los niños que van al colegio, no un lunar fácilmente identificable. Y la profesora conoce a mi mamá. No me exige nada. Seguro también sabe que no debe hacer que me enoje, pues podría influir negativamente en mi desarrollo mental, lo dijeron los doctores.

No quiero regresar al colegio. Mi mamá me lleva en las mañanas, pues ella también se va a trabajar temprano, a dictar clases al colegio de los grandes. Pero a la hora de recreo voy a casa, tomo mi jugo y de retorno me quedo en el mercadillo, a media cuadra del colegio. Hay unos niños que juegan ahí, no van al colegio. Primero observo, luego me incluyen en sus juegos.

Las clases de primer grado son fáciles. Solo hay que aprender que frase va con cada figura. "Tito juega con Dora" "María chucena, su choza techaba..." Papayita, lo aprendo al toque...
Es mas divertido en el mercadillo, ahí preparamos "sirrias" trozos de lata redondos, mayormente de las latas de leche, a las cuales les pasamos un hilo por el medio y las hacemos girar entre las manos. Y las peleas de sirrias, a ver quien corta la del enemigo. A veces terminamos cortándonos las manos, pero no es nada de importancia.

Un hecho importante fue mi pelea con ese niño. No recuerdo el motivo, pero terminamos a golpes rodando por un cúmulo de piedras, donde terminamos tan molidos, que al final estábamos los dos frente a frente llorando. Y me fui a mi casa. Y lo acusé con la profesora y con todo el mundo. Y no recuerdo en que quedó la cosa. Pero nunca olvidaré que estábamos los dos frente a frente llorando.
Todo iba bien, era un gran alumno. Me sabia de memoria casi todos los pasajes del libro Amigo. Y a clase solo iba hasta el recreo, pues luego en la casa me esperaba mi jugo y en el mercadillo los juegos con la pandilla. Hasta que sucedió lo imposible. Mi mamá me encontró. En plena faena de preparación de una súper sirria. Me llevó de las patillas a la casa. Y no recuerdo mas.
Luego me evalúo, y vio que me sabia muy bien las oraciones del libro. No sabia leer, pues tenia el libro al revés y aun así repetía lo que ahí estaba escrito. Y tomó una decisión. Iría con ella al colegio grande.

No recuerdo cuando llegué al colegio. Solo se que iba con mi mochila en la espalda. Y mi mamá me presentó a la "Señorita Hortensia". Al inicio me pareció de la edad de mi abuelita, pero no podía decir nada. La "Señorita Hortensia" me presentó al aula: Calolo. Nunca nadie me había llamado así. En la casa me decían Pepe, mi nombre es Max Carlos. De donde michi sacó Calolo? Calolo? Es ese acaso un nombre?

"Siéntate al lado de Pepe" Qué?! Hay un Pepe en el aula y no soy yo?!
No tengo elección el tono de la Señorita no admite dudas ni murmuraciones.
"Tu labor es hacer círculos en tu cuaderno" Y continua con su clase como si yo no existiera.

Al rato se acerca y mira lo que estoy haciendo. Un circulo en cada cuadradito, pues mi cuaderno es cuadriculado. "así no Calolo, mejor hazlo así" Y dibuja unos círculos gigantes que abarcan cuatro cuadrados y tienen otros cuatro cuadrados entre ellos, con un guión de por medio. "Si señorita" es todo lo que digo, aunque en el fondo estoy recontra asado, que se cree ella, la sabelotodo, acaso mis círculos no eran mejores, pues ocupaba uno cada cuadrado, y si habían cuadrados, pues era para hacer un circulo en cada uno de ellos. No importa, algún día le demostraré lo equivocada que estaba. Hmm "Ya acabé señorita" lero lero, ahora tendrá que dejarme salir, pues ese es el premio por haber acabado. "Muy bien Calolo" "Ahora harás esto" y dibuja en la siguiente hoja unos palos, luego diferentes figuras en las siguientes diez o quince hojas.

Noooo. Ahora si que me haré viejo dibujando tontería y media en un cuaderno por el solo gusto de torturarme que tiene la señorita. No importa, ya estamos a fines de año, y ya llega navidad y en vacaciones siempre viajamos, para ir a la playa en Lima por vacaciones, o a Ica a visitar a los tíos. Nada dura para siempre.

Pero no fue así. La Señorita Hortensia se tomó muy en serio mi educación, así que en vacaciones fui al colegio, con otros tres  o cuatro. Y lo peor de todo es que no me dejó llevar mi libro Amigo, y trajo un libro obsoleto: Coquito. "Mi mamá me mima" "Mi mamá me ama" "Amo a mi mamá". Donde quedó la educación revolucionaria? creo que a ella no le interesaba mucho lo que decía el gobierno.
Al fin entendí para que eran tantas bolitas, palitos, cerritos, etc. Empezamos con las cosas serias: la vocales, luego las letras, luego las palabras.

En menos de dos meses yo ya estaba leyendo de corrido y escribiendo con una caligrafía envidiable.
En casa empecé a leer todo lo que caía en mis manos. Desde los libros de texto del colegio, el popular Bruño, hasta las colecciones de mi padre. Mi interés por los libros era desmedido. En tercer  grado de primaria me sabía toda la historia del Perú y ya estaba leyendo el libro de Biología de Nason.
Si, fue la Señorita Hortensia la culpable de que no me quedará como un analfabestia, y la que me introdujo al exquisito mundo de la lectura.

Gracias Hortensia Maguiña Padilla, mi eterna "Señorita Hortensia". Espero algún día lograr todo lo que por mi habías soñado. Dios te guarde en su gloria.
Fin.