domingo, 28 de febrero de 2016

Útiles escolares....

Estamos ad portas del inicio de un nuevo año escolar. Ya en mi rol de padre desde hace algunos años atrás, me tengo que enfrentar a listas infinitas e interminables de útiles escolares, que deben ser entregados en el colegio, antes de dar inicio a las respectivas clases. También los libros, materiales de aseo, y un largo etcétera, que es para desquiciar a cualquier padre de familia.

Por esta razón es que me pongo un poco nostálgico, y trato de rememorar las épocas de mi niñez, cuando íbamos al colegio, en la primaria y luego en la secundaria, y la casa se convertía en un almacén de cuadernos, lapiceros, papeles, lápices, colores, al por mayor, ya que nosotros éramos siete niños. Y, si bien es cierto, las listas escolares de aquellas épocas, no se comparan a las de ahora, de todas maneras, me sigo sorprendiendo por la manera que mis padres, y en realidad todos los padres en esa época, podían enfrentar esa labor titánica. Además, hay que recordar que también están los uniformes, los zapatos, zapatillas, ropa deportiva, maletas. Y no olvidar que en esas épocas, las familias eran de por si numerosas.

A mi memoria vienen los cuadernos Atlas, los Loro y los Justus. Sobre todo recuerdo el famoso cuaderno con su pasta azul en forma de jeans. Fueron todo un suceso. Nadie podía NO TENER uno de estos cuadernos. Eran símbolo de estatus y de estar a la moda.  Hubo todo una época en que forrábamos los cuadernos con un papel azul y con Vinifán azul. Por qué hacíamos esto? Ni la más mínima idea. Por eso, con los cuadernos con la pasta de Jeans, solamente usábamos el vinifán azul y punto.

También recordemos los "blocks". Era muy importante tener uno, para hacer las anotaciones de los primeros días de clases, y luego pasar las clases "en limpio" en los cuadernos oficiales, para no tener errores, ni manchas, y así tener una buena nota en "presentación". Obviamente en los primeros años usábamos lápices, no recuerdo el nombre. Y ya en secundaria, se  podían utilizar los lapiceros azul, rojo y, a veces, negro. Los títulos en rojo, el texto en azul. Obviamente teníamos que "dibujar" las caratulas, casi siempre en forma de pergamino, donde poníamos el nombre del colegio: G.U.E Mariscal Toribio de Luzuriaga, el año, nombres y apellidos completos y el curso. Qué lapiceros? Faber Castell, también Bic. Color azul, rojo o negro, de tapa blanca. Los Bic eran transparentes. Aunque alguna vez sacaron lapiceros de color amarillo con tapa azul. Pero los lapiceros con los que soñábamos eran aquellos lapiceros de cuatro colores. Algunos tenían incluso de mas colores, todo un suceso. Y los porta minas. Eran un lujo. Y tener esos lapiceros con borrador de tinta era el nivel máximo de sofisticación.

No olvidemos los cuadernos espiralados. y los pioner, con sus separadores, para poder tener varios cursos en un solo cuaderno. Estos últimos eran sobre todo útiles para la academia pre universitaria. Ya era otro nivel, ya no era el cole. Los folders de cartón que había que forrar, que después fueron sustituidos por los de plástico. Y los cuadernos con un mapa del Perú en la caratula? Atlas? Creo que llevaban el himno nacional, o quizá la constitución en sus paginas posteriores. Desde cuando salieron los dibujos en la pasta? Habían con los jugadores de la selección peruana, también con huacos, keros, llamas, imágenes del Perú, y cosas por el estilo. Y desde cuando salieron los de tapa plastificada? Y los cuadernos de 200 hojas? Vaya, no recuerdo exactamente desde cuando empezamos a utilizarlos.

Nota aparte para los libros. Coquito, Amigo, los textos escolares Bruño. Quién no ha usado alguno? Los diccionarios, y las tablas periódicas, y las tablas de sumar, restar, multiplicar y dividir. y durante el año escolar, las láminas. Si, esas donde podías encontrar las ilustraciones para cualquier tarea, que incluso llevaban algunos resúmenes en ellas. Eran lo máximo.

Y para completar el relato: los uniformes. Pantalones grises, faldas con tirantes grises, camisa y blusa blanca, chompas grises, zapatos negros, con pasadores y sin adornos. El uniforme de deportes, shorts azules los hombres, blancos para las mujeres, polos blancos, medias y zapatillas blancas. Las insignias escolares en el pecho, los brigadieres, policía escolar  y la escolta con sus  cordones amarillos, rojo y blanco, también azules? Espero no equivocarme. Eso si, para los desfiles, los escarpines y los guantes blancos, infaltables. Las camisas, al final del año de quinto de secundaria terminaban con las firmas de todos los amigos. Era una tradición. Pero al inicio de año, los zapatos nuevos eran "bautizados" con tremendos pisotones, que te hacían doler todos los dedos. La chompa a la cintura, o las mangas de la misma arremangadas, eran toda una locura que los auxiliares perseguían y castigaban. Casi a finales de año, los parches en los pantalones abundaban, ya que siempre eran víctimas de los juegos y del desgaste por el uso diario. Nosotros siempre teníamos dos pantalones y varias camisas. Por eso, no se desgastaban mucho.

Y las maletas? Primero eran negras, con una asa en la parte superior. Luego fue el boom de las mochilas, sobre todo cuando salieron las de jeans. No todos llevábamos maletas, y en la secundaria, lo normal era llevar los cuadernos en las manos. Aunque por una época se me dio por llevar las maletas James Bond. Y no fui el único.

El corte escolar era obligatorio, y las mujeres iban con trenzas o con el cabello amarrado. Uñas bien cortadas. La formación era en el patio general, la escolta escolar llevaba la bandera, el brigadier general daba las ordenes. Formábamos por grados, entonábamos las sagradas notas del Himno Nacional, acompañados por la banda de músicos. A veces por un disco en el alto parlante. Y el Director daba algunas instrucciones, después de lo cual, "desfilábamos" a las aulas para recibir las clases.

Épocas de colegio. Tiempos únicos e irrepetibles, donde crecimos y aprendimos las bases de nuestra vida, y gracias a los cuales ahora estoy acá sentado, escribiendo estas memorias. No habían celulares, nos juntábamos en el recreo para jugar y charlar. Salíamos a pasear, a veces toda el aula. Se jugaba a la pelota, las chiptas, y el trompo. Y las vacaciones duraban los meses de Enero, Febrero y Marzo. Las clases empezaban en abril, y a veces, después de la Semana Santa, cuando ésta caía en abril. Así que en marzo, era la época de las compras escolares, que mis padres los hacían en Lima. Cuadernos por cientos, lapiceros por docenas, tela Polystel, uniformes por cuartos y media docenas, medias por docenas, lana para tejer las chompas... Colores, plumones, crayolas. Algo se me olvida? Creo que no he podido hacer honor a esta preciosa época, pero espero que mediante, haya podido rememorar un poco esos tiempos que tanto nos gusta recordar.

domingo, 7 de febrero de 2016

Carnavales...

Llegó febrero, el mes mas corto del año, el mes del amor, y de los Carnavales! Realmente no se desde cuando tengo noción de esto, pero ya desde pequeño febrero ha sido el mejor mes del año. En primer lugar, es vacaciones, no hay colegio. En mi niñez, las clases se iniciaban recién en abril, así que las vacaciones en febrero estaban en pleno apogeo. Nada de deberes, de tareas escolares, nada de preocupaciones. También era la época de los viajes a la costa, a Lima o Ica, para ir a la playa. Pero, de todo esto, lo mas importante, era la celebración de una fiesta colosal que involucraba a la ciudad entera: los carnavales.

Desde que tengo uso de razón, en esta fecha en la ciudad se daban unos eventos trascendentales. El primero: los cortamontes. En otros lugares los conocen con Yunza, Unsha, Huachihualito, etc. Pero en mi Huaraz querido era conocido como Cortamonte. Un árbol de capulí era traído y "plantado" en un pampón cerca a la casa, siendo posteriormente adornado con frutas, serpentinas, globos, juguetes, regalos, y todo lo que se le podía ocurrir a los que lo armaban. Luego se armaba la fiesta, y a los acordes de músicas alegres, danzábamos tomados de la mano alrededor del árbol así ataviado. Una pareja era seleccionada, y ambos danzaban en la mitad de la ronda formada, junto al árbol. Normalmente el hombre cargaba el hacha o el machete, para luego, después de haber terminado la danza, asestar tres machetazos (o hachazos) al árbol, siempre las damas primero, después los caballeros. Luego de haber hecho esto, se pasaba el machete o hacha a otra pareja, y se continuaba el baile, hasta que una pareja, los suertudos, terminaban derribando de un golpe certero el adornado árbol. Entonces todos los presentes, cual avalancha humana, se lanzaban en pos de conseguir algo del árbol caído, ya sea frutas, regalos, a veces ropas, etc, etc. Durante todo el baile, los danzarines estaban adornados con serpentinas al cuello, talco en los rostros, y mucho licor en la sangre. Es cierto, se bebía bastante, solamente los niños no tomábamos licor, pero si harta chicha de jora. Hmm, que delicia. La pareja que había dado "el último golpe" era la encargada de "plantar el árbol" el próximo año, por lo cual eran efusivamente felicitados. Luego de esto, a comer rico y a continuar la fiesta, hasta las últimas consecuencia. y, por supuesto, no hay carnavales, sin agua. Y los muchachos , y los no tanto, nos divertíamos mojándonos con agua unos a otros, ya sea con globos, los más sofisticados con chisguetes, y los mas salvajes a baldazo limpio o de frente, un chapuzón en la acequia, o el río. También una manguera era muy útil. Terminábamos empapados, calados hasta los hueso, tiritando y con la piel morada del frío, pero felices y contentos de haber disfrutado un día excepcional mente divertido. Ya algunos también exageraban un poquito, y empezaban a usar pintura, betún y cosas por el estilo. La máxima expresión de los carnavales era el "martes guerra", un día en el cual todo estaba permitido. Los muchachos de los barrios tomaban las calles, con baldes en mano, y se dedicaban a "jugar los carnavales" con cualquiera que encontraban en la calle, sin importar edad o sexo. Así que por estos días, no era raro que si salías de casa, regresases empapado, o pintado, o a veces hasta con talco en el rostro. En fin, tiempos aquellos.

El otro evento trascendental era el Corso de Carnavales, con los danzarines, la lucha de los barrios, y el famoso entierro del Ño Carnavalón, con sus viudas y su testamento. La tradición marcaba que los barrios de la Soledad, de Belén y Centenario, presentasen los mas suntuosos Carros Alegóricos, y la mayor cantidad de danzarines y enmascarados. Era una delicia ver desfilar a todas estas personas, bailando y jugando, por las calles de mi ciudad querida. En los carros, iba por supuesto la Reina del Carnaval, cada una de su respectivo barrio, y ataviada con corona y cetro, y acompañada con el respectivo séquito. En la Plaza de Armas, se daba lectura al "Testamento del Ño Carnavalón". Muchas veces esta lectura causaba risas, y a veces algunos quedaban muy molestos. Dejaba sus viudas a los curas, dinero a los corruptos, ordenaba que se diera fiesta y jolgorio hasta morir, y cosas por el estilo, limitadas únicamente por el ingenio y la picardía de los escribanos, redactores del testamento. Luego estaba el famoso entierro, un ataúd negro era llevado en hombros hasta el río Quilcay, cerca al puente, y era entregado a las aguas caudalosas de nuestro río. Las delicias de esto eran las viudas. Una mas estrafalaria que otra, iban llorando a gritos, gimiendo y desmayándose, arañando la caja (que era de cartón, por cierto), e inclusa algunas, las mas osadas, se tiraban al río detrás del difunto muerto. Obviamente eran salvadas en el momento preciso, para, luego de tan funesto y triste entierro, dar rienda suelta a la fiesta general y el desenfreno. Luego de esto, el día siguiente, era el "Miércoles de ceniza": todos a la iglesia, y el cura te ponía una marca de ceniza en la frente, con lo cual se daba término oficial al periodo de juerga y desenfreno, y se daba inicio a la Cuaresma, y la preparación de la Semana Santa. La majestuosa y muy tradicional Semana Santa de Huaraz.

Pero, hay una imagen de los carnavales que nunca olvidaré: la vez que participamos en un corso con un carro alegórico. No recuerdo bien las fechas exactas, pero mi abuelo aún estaba vivo, y por ende yo era pequeño. Un grupo de animosos muchachos del barrio, decidieron participar con un  corso en representación del barrio de Nicrupampa, a donde pertenecíamos. Es así que, decidieron fabricar las máscaras y los disfraces, con ayuda de todos los entusiastas. Recolectamos papel de todos lados, bolsas de azúcar, periódicos, y harina, para preparar el engrudo. Fabricaron las máscaras, de muchos tipos y colores, formas y tamaños, y a mí, me tocó una de payaso. La ropa de un disfraz adaptado, y los zapatos alargados para dar todo el efecto necesario. No recuerdo quienes y con que disfraces participaron, solamente recuerdo el disfraz de mi hermano: iba vestido de diablo, con una ropa roja ceñida, su cola y unos cuernos hechos de trapo, también rojos, cosidos en la parte superior del traje a modo de capucha, su máscara roja y su tridente hecho de palos; pero todos, cuando lo veían, decían que era el Chapulín Colorado. Esto no le hacía mucha gracia a mi hermano, por cierto. Así desfilamos, mi abuelo y sus amigos fueron encima del camión, tocando sus mandolinas, quenas y guitarras; pero, la bulla de la gente y las bandas de músicos que habían por todos lados, hacían tanto estruendo, que nadie podía escuchar lo que estaban ellos arriba del carro tocando. También tuvimos reina, y el carro alegórico bien adornado. Participamos, bailamos, desfilamos. No ganamos nada, pero nos divertimos de lo lindo. Y tuvimos una experiencia, que quedará para siempre guardada en nuestras memorias.

También para estas fechas, en Huaraz llegan las cruces de los caseríos y pueblos aledaños. También hay danzas y cosas parecidas, y por supuesto, hay fiesta por todos lados.
Pero la fiesta de carnavales en Huaraz era un acontecimiento que difícilmente podamos vivir de nuevo en cualquier circunstancia, y de las cuales solamente podremos recordar  y disfrutar recordando.