Crecí en una familia numerosa, donde los espacios eran tan reducidos que el concepto de privacidad se reducía a espacios tan pequeños como el baño o la cama. Incluso siendo pequeños debíamos compartir la misma cama por motivos de fuerza mayor. Y es que el número de niños era superior al número de las últimas.
Eramos pequeños, pero la felicidad era grande, ya que el reducido espacio de las habitaciones era ampliamente compensado por los espacios externos amplios y abundantes. Frente a la casa teníamos un pampón lo suficientemente amplio para practicar deportes como fútbol, voley, kiwi, bata, mata gente al centro, trompo, chiptas, hacer volar cometas, etc, etc. Unos cientos de metros hacia arriba teníamos un riachuelo, lleno de ultush y sapos. De esa acequia Papa Shatu se las arreglaba para desviar algunos tramos y regar su chacra. Mi viejo hacía lo mismo, y a veces conectábamos mangueras, para que la cosa parecieras mas sofisticada.
Shacpay, así se llamaba el cerro de al lado, con algunas chacras y viviendas, mayormente era de hierbas silvestres y algunos arroyos, con una carretera afirmada que lo separaba de Villa Andina, la casa blanca, fantasmal ella, y del camino a Marian. Si, ese era el lugar donde mas jugábamos. A veces íbamos al cerro a recoger los hierbas que mi mamá y la abuela, Mama Filly nos pedían, Pero debíamos ir con cuidado, ya que la tía Patu tenia abejas, y al menor descuido, zas, picado de abeja. Gran dolor!. Ah, pero también habían muchas moras, y arcilla para formar lo que se nos antojaba. La carretera llegaba hasta Huanchac, y era un tramo lleno de arboles, chacras, y una que otra casa. Hemos recorrido ese tramo en múltiples ocasiones, incluso de madrugada cuando se nos dio por hacer deportes y salir a correr al amanecer. Solo en las épocas de fiesta la carretera se volvía super transitada, y se llenaba de camiones y gente que iban a la corrida.
Al costado estaba la casa del tío Lay, a medio construir, donde Papa Shatu guardaba a los chanchos. También ahí vivían los perros, de los cuales Yogui, Laika, Duque, son de mi época de niñez.
Laika era de Papa Shatu, mezcla de Pastor alemán con chusquipudel, fue una gran perra, de la que nació nuestro único y hermoso Yogui.
El oso Yogui, así bautizado por mi padre, ya que tenía un hermoso y abundante pelaje marrón, que lo hacía ver mas grande y lanudo. Llegó a ser el fiel guardián de mi viejo, dueño absoluto del barrio, se paseaba por todos lados cuidando al viejo en sus memorables borracheras, y trayéndolo sano y salvo a casa. Dejó harta descendencia, la ciudad se llenó de muchos "yoguis", pero ya no tuvimos otro igual a él. Cierta vez, se quedaron solos, el viejo y Yogui en la casa, y por cuestiones de "seguridad", el viejo dormía en una cama y Yogui a su lado, a veces en otra cama, supongo que los ronquidos del viejo lo aturdían.
La casa era una bulla permanente, ya sea el perro ladrando, los chibolos gritando, la vieja llamando... era un eterno bullicio. Y los momentos de soledad eran pocos... así que crecí soñando con tener un espacio para mi solo.
Y vaya que lo tuve, y en varias ocasiones.
La primera gran vez fue cuando estaba estudiando en Rostov del Don, épocas de Universidad. Estaba, para variar, misio. Tenía apenas dinero para comer, y de viajar ni pensar. Eran las vacaciones de verano, y Todos se iban de viaje. Me quedé solo en la habitación,,, chévere! Al fin espacio para hacer lo que se me antoja! Iluso yo al pensar eso. En menos de una semana la residencia estaba prácticamente vacía. Solo quedamos unos cuantos en un total de 260 habitaciones distribuidos en 10 pisos. Mi sensación de felicidad y paz de los primeros días se cambió bruscamente a tremenda Soledad y abandono. El silencio era tal, que prendía el tocadiscos a todo volumen con la puerta abierta, por si las moscas. Cuando empezaron las clases fui el mas feliz de todos.
La siguiente gran ocasión fue en el ejército, en la época del conflicto. Me enviaron de mi unidad solo, a poner una unidad de avanzada de atención médica, pero no me dieron a nadie mas. Así que el primer día, nos bombardearon en la tarde, y todos corrieron a sus refugios.. yo no tenía el mio, y tuve que improvisar uno, solo. En la oscuridad de la noche, con la lluvia encima mio, empapado hasta los huesos, recostado en el barro, apenas cubierto con unas hojas de plátano, las bombas apenas iluminaban en derredor. Pero aún así no había nadie cerca. Si una de esas bombas me hubiese acertado, nadie se hubiese percatado de ello, y mi muerte hubiese sido en la mas profunda soledad, pues recién había llegado ese día a esa guerra, y no conocía a nadie, y nadie siquiera noto mi ausencia.... No pegue un ojo, apenas se aclaró un poco me dirigí a la enfermería y me puse a trabajar como loco, y hablar, y conocer a todos, pues si esa noche me tocaba morir, por lo menos alguno de los que me conocieron notaría mi falta. No fue así, me integré rápidamente al grupo, y a la noche siguiente ya tenía a mi compañero de lucha. Aunque él murió, debo agradecer a la vida el haberme dado una compañía en esos momentos tan difíciles, con los cuales siempre al recordar, las lagrimas nublan mi vista.... La guerra no es buena, es mala, muy mala, y es en ella donde conoces a fondo las miserias humanas....
La tercera vez fue en Pomabamba, y quizá fue el momento mas doloroso. Vivíamos en una casa alquilada, y era feliz: mi hija, mi esposa, mi trabajo, mis proyectos.... mis sueños puestos en marcha. Estaba estudiando para mejorar mi situación, incluso ingresé a política, el entorno me respetaba, mi bebé preciosa crecía, y se acercaba su primer año. Compramos todo lo básico: cocina, tv, equipo de sonido, refrigeradora, lavadora, las camas, juego de sala, teníamos empleada, en mi iluso cerebro creía tenerlo todo y ser el hombre mas feliz del planeta, pero sucedió.... ella se fue y se llevó a mi hija, dejándome en esa inmensa casa, con todos los enseres, equipos, muebles, juguetes, ropa... me quedé nuevamente solo.
Nunca entenderé con exactitud que hice mal, pero se que soy culpable de todo en mi vida. Y esta soledad duró años. Me dediqué al trabajo, abandoné mis proyectos y me derrumbé. Solo quería huir, y no podía. Vivía soñando los tiempos felices, cuando tenía a mi preciosa bebé entre mis manos. Lavaba su ropa, acomodaba sus juguetes, tendía su cama.... poco a poco fui asimilando y acostumbrándome al dolor, tanto que hice de mi vida una parodia y me puse como meta huir a la primera.
Tuvimos momentos de estar juntos nuevamente, incluso tuvimos al segundo bebé, pero ya el daño estaba hecho, no era el mismo, no quedaba en mi una sola gota del océano que empujaban mis proyectos. Me propuse olvidar, y convertirme en una máquina sin sentimientos, pero no pude, y me derrumbaba con mucha facilidad. Hasta que pude al fin ingresar a la residencia para hacer mi especialidad, y pude nuevamente vivir con mi madre, mis hermanas y mis sobrinos.
Ya no tenía a mis hijos, pero por lo menos tenía un grupo humano, una familia, a mi alrededor y nuevos proyectos y nuevos sueños.
La última vez fue cuando al terminar la residencia tuve que volver a Pomabamba, para arreglar mi situación. Ya en esa ciudad no quedaba nada de lo que había en esa casa, solo recuerdos. Estaban los amigos de siempre, pero la soledad era inmensa. Me convertí en un asiduo trabajador, estaba en el hospital hasta que me botaran. Y las noches de soledad en el hotel eran tan silenciosas y largas, que solamente lograron que huyera, buscando nuevamente un lugar donde no sentirme solo.
Felizmente lo logré. No estoy solo. La vida me ha dado lo que le he pedido. Tengo a la mejor compañera que jamás había soñado, y una hermosa familia además. Tengo proyectos y sueños, Ya no quiero espacios de soledad. Necesito la bulla, Necesito saber que alguien más nota mi ausencia o mi presencia. Ya tuve suficiente con la soledad....
Eramos pequeños, pero la felicidad era grande, ya que el reducido espacio de las habitaciones era ampliamente compensado por los espacios externos amplios y abundantes. Frente a la casa teníamos un pampón lo suficientemente amplio para practicar deportes como fútbol, voley, kiwi, bata, mata gente al centro, trompo, chiptas, hacer volar cometas, etc, etc. Unos cientos de metros hacia arriba teníamos un riachuelo, lleno de ultush y sapos. De esa acequia Papa Shatu se las arreglaba para desviar algunos tramos y regar su chacra. Mi viejo hacía lo mismo, y a veces conectábamos mangueras, para que la cosa parecieras mas sofisticada.
Shacpay, así se llamaba el cerro de al lado, con algunas chacras y viviendas, mayormente era de hierbas silvestres y algunos arroyos, con una carretera afirmada que lo separaba de Villa Andina, la casa blanca, fantasmal ella, y del camino a Marian. Si, ese era el lugar donde mas jugábamos. A veces íbamos al cerro a recoger los hierbas que mi mamá y la abuela, Mama Filly nos pedían, Pero debíamos ir con cuidado, ya que la tía Patu tenia abejas, y al menor descuido, zas, picado de abeja. Gran dolor!. Ah, pero también habían muchas moras, y arcilla para formar lo que se nos antojaba. La carretera llegaba hasta Huanchac, y era un tramo lleno de arboles, chacras, y una que otra casa. Hemos recorrido ese tramo en múltiples ocasiones, incluso de madrugada cuando se nos dio por hacer deportes y salir a correr al amanecer. Solo en las épocas de fiesta la carretera se volvía super transitada, y se llenaba de camiones y gente que iban a la corrida.
Al costado estaba la casa del tío Lay, a medio construir, donde Papa Shatu guardaba a los chanchos. También ahí vivían los perros, de los cuales Yogui, Laika, Duque, son de mi época de niñez.
Laika era de Papa Shatu, mezcla de Pastor alemán con chusquipudel, fue una gran perra, de la que nació nuestro único y hermoso Yogui.
El oso Yogui, así bautizado por mi padre, ya que tenía un hermoso y abundante pelaje marrón, que lo hacía ver mas grande y lanudo. Llegó a ser el fiel guardián de mi viejo, dueño absoluto del barrio, se paseaba por todos lados cuidando al viejo en sus memorables borracheras, y trayéndolo sano y salvo a casa. Dejó harta descendencia, la ciudad se llenó de muchos "yoguis", pero ya no tuvimos otro igual a él. Cierta vez, se quedaron solos, el viejo y Yogui en la casa, y por cuestiones de "seguridad", el viejo dormía en una cama y Yogui a su lado, a veces en otra cama, supongo que los ronquidos del viejo lo aturdían.
La casa era una bulla permanente, ya sea el perro ladrando, los chibolos gritando, la vieja llamando... era un eterno bullicio. Y los momentos de soledad eran pocos... así que crecí soñando con tener un espacio para mi solo.
Y vaya que lo tuve, y en varias ocasiones.
La primera gran vez fue cuando estaba estudiando en Rostov del Don, épocas de Universidad. Estaba, para variar, misio. Tenía apenas dinero para comer, y de viajar ni pensar. Eran las vacaciones de verano, y Todos se iban de viaje. Me quedé solo en la habitación,,, chévere! Al fin espacio para hacer lo que se me antoja! Iluso yo al pensar eso. En menos de una semana la residencia estaba prácticamente vacía. Solo quedamos unos cuantos en un total de 260 habitaciones distribuidos en 10 pisos. Mi sensación de felicidad y paz de los primeros días se cambió bruscamente a tremenda Soledad y abandono. El silencio era tal, que prendía el tocadiscos a todo volumen con la puerta abierta, por si las moscas. Cuando empezaron las clases fui el mas feliz de todos.
La siguiente gran ocasión fue en el ejército, en la época del conflicto. Me enviaron de mi unidad solo, a poner una unidad de avanzada de atención médica, pero no me dieron a nadie mas. Así que el primer día, nos bombardearon en la tarde, y todos corrieron a sus refugios.. yo no tenía el mio, y tuve que improvisar uno, solo. En la oscuridad de la noche, con la lluvia encima mio, empapado hasta los huesos, recostado en el barro, apenas cubierto con unas hojas de plátano, las bombas apenas iluminaban en derredor. Pero aún así no había nadie cerca. Si una de esas bombas me hubiese acertado, nadie se hubiese percatado de ello, y mi muerte hubiese sido en la mas profunda soledad, pues recién había llegado ese día a esa guerra, y no conocía a nadie, y nadie siquiera noto mi ausencia.... No pegue un ojo, apenas se aclaró un poco me dirigí a la enfermería y me puse a trabajar como loco, y hablar, y conocer a todos, pues si esa noche me tocaba morir, por lo menos alguno de los que me conocieron notaría mi falta. No fue así, me integré rápidamente al grupo, y a la noche siguiente ya tenía a mi compañero de lucha. Aunque él murió, debo agradecer a la vida el haberme dado una compañía en esos momentos tan difíciles, con los cuales siempre al recordar, las lagrimas nublan mi vista.... La guerra no es buena, es mala, muy mala, y es en ella donde conoces a fondo las miserias humanas....
La tercera vez fue en Pomabamba, y quizá fue el momento mas doloroso. Vivíamos en una casa alquilada, y era feliz: mi hija, mi esposa, mi trabajo, mis proyectos.... mis sueños puestos en marcha. Estaba estudiando para mejorar mi situación, incluso ingresé a política, el entorno me respetaba, mi bebé preciosa crecía, y se acercaba su primer año. Compramos todo lo básico: cocina, tv, equipo de sonido, refrigeradora, lavadora, las camas, juego de sala, teníamos empleada, en mi iluso cerebro creía tenerlo todo y ser el hombre mas feliz del planeta, pero sucedió.... ella se fue y se llevó a mi hija, dejándome en esa inmensa casa, con todos los enseres, equipos, muebles, juguetes, ropa... me quedé nuevamente solo.
Nunca entenderé con exactitud que hice mal, pero se que soy culpable de todo en mi vida. Y esta soledad duró años. Me dediqué al trabajo, abandoné mis proyectos y me derrumbé. Solo quería huir, y no podía. Vivía soñando los tiempos felices, cuando tenía a mi preciosa bebé entre mis manos. Lavaba su ropa, acomodaba sus juguetes, tendía su cama.... poco a poco fui asimilando y acostumbrándome al dolor, tanto que hice de mi vida una parodia y me puse como meta huir a la primera.
Tuvimos momentos de estar juntos nuevamente, incluso tuvimos al segundo bebé, pero ya el daño estaba hecho, no era el mismo, no quedaba en mi una sola gota del océano que empujaban mis proyectos. Me propuse olvidar, y convertirme en una máquina sin sentimientos, pero no pude, y me derrumbaba con mucha facilidad. Hasta que pude al fin ingresar a la residencia para hacer mi especialidad, y pude nuevamente vivir con mi madre, mis hermanas y mis sobrinos.
Ya no tenía a mis hijos, pero por lo menos tenía un grupo humano, una familia, a mi alrededor y nuevos proyectos y nuevos sueños.
La última vez fue cuando al terminar la residencia tuve que volver a Pomabamba, para arreglar mi situación. Ya en esa ciudad no quedaba nada de lo que había en esa casa, solo recuerdos. Estaban los amigos de siempre, pero la soledad era inmensa. Me convertí en un asiduo trabajador, estaba en el hospital hasta que me botaran. Y las noches de soledad en el hotel eran tan silenciosas y largas, que solamente lograron que huyera, buscando nuevamente un lugar donde no sentirme solo.
Felizmente lo logré. No estoy solo. La vida me ha dado lo que le he pedido. Tengo a la mejor compañera que jamás había soñado, y una hermosa familia además. Tengo proyectos y sueños, Ya no quiero espacios de soledad. Necesito la bulla, Necesito saber que alguien más nota mi ausencia o mi presencia. Ya tuve suficiente con la soledad....