miércoles, 11 de junio de 2014

A mi viejo con cariño...

Te levantas de mal humor, cepillas los dientes y mentalmente repasas el día : deberes, obligaciones, deudas, trabajo, más trabajo... Por los mil demonios, olvidaste una cita importante, no olvides de la reunión en el colegio de los chicos, tienes que darte un tiempo y revisar el grifo, ya que gotea.

Te sientes cansado, ya no eres el mismo de antes; incluso algunas canas y una calvicie incipiente adornan tu cabeza. Aplicas abundante espuma de jabón a tu rostro y empiezas la rutina del afeitado diario. Ves tu cara, tus arrugas, tus ojeras... Sin notarlo apenas tus ojos te devuelven una mirada familiar: es tu padre, son tus abuelos los que te miran desde el otro lado del espejo.

Por unos segundos eternos vuelves a ser niño...

Ahí está el viejo, como siempre apurado, acaba de ponerse su mejor traje para salir a su rutina diaria. Lo ves inmenso, fuerte; crees que no existe en el mundo alguien más grande que él, y en el fondo quieres crecer para parecertele un poco.
 También él se queja de lo poco que gana, el trabajo siempre es mucho y la paga es mala. Pero sigue adelante, y lucha día a día por el bienestar de los suyos y su familia.

Se las arregla para conseguir extras y regalarnos un paseo o un familiar fin de semana; empeña hasta el alma para que sigas estudiando y puedas independizarte.
Festeja tus logros como sí fuera el máximo acontecimiento del planeta, así sean estos pequeños e insignificantes.

Te alienta a seguir y te mira orgulloso.

"Ese es mi hijo!" - repite con frecuencia.

A veces, muchas veces te sientes avergonzado ante amigos y familiares por el desmedido orgullo de tu viejo por cosas tan simples y pequeñas. Pero igual sonríes con cada halago suyo, con cada ocurrencia.

Han pasado muchos años, ya no es el mismo.

De tanto andar ahora arrastra un poco los pies, olvida con frecuencia fechas y nombres, e incluso ha perdido aquella grandiosa y soberbia elocuencia. Los años no pasan en vano, repiten con frecuencia, la vida y el enorme camino recorrido le han dado experiencia, pero también lo han gastado.

Su mirada sigue siendo la misma, aunque llena de arrugas y cansancio eterno, te regala una sonrisa de aprobación y orgullo.

Ahora festeja los logros de sus nietos. Es un gran abuelo, lleno de mimos y gestos tiernos, ya no reconoces en él al que fue el padre severo.

Sus temas de conversación han cambiado, antes era fútbol, política y proyectos, ahora son de la familia que ya no está, de amigos que se fueron, de tiempos aquellos...

Sonríes...

Y en el espejo ves la mirada de tu padre y de tu abuelo. Eres igual a ellos. Tienes de tu padre los mismos gestos.

Y tienes suerte, pues aún puedes abrazarlo, aún puedes disfrutar de sus ocurrencias, de su orgullo paterno, aún puedes decirle, aunque bajito: "viejo, te equivocaste en una sola cosa ...  los hombres también lloramos, viejo". Y aunque casi nunca te dio un beso, puedes besarle y decirle que eres su sangre y su alma, y que no cambiarías por nada el así serlo!

 Te quiero, mi viejo.


lunes, 2 de junio de 2014

Lagrimas de un valiente...

- Llegan los comandos! Acaban de golpear Coangos y Base Sur!
- La cagada, compadre, parece que traen a uno mal herido.
- Nos jodimos, parece que la cosa es seria. Preparen mas espacio!
- Todo listo mi Capitán!

Era una imagen de antología. El oficial a mando encabezaba la patrulla. Con su fusil a la bandolera, era el que sostenía sobre su hombro un lado de la rústica camilla. A pesar de estar todos uniformados de la misma manera, se notaba por el porte y la arrogancia que era él quien estaba a cargo. Detrás venían en perfecta formación unos combatientes salidos de los mejores cuentos de guerra de Hollywood: todo sucios, las caras oscuras, aún embetunadas, la ropa negra y verdosa, las pañoletas en la cabeza o el cuello. algunos con unos listones en el brazo. Uno que otro con el pañuelo amarrado de forma graciosa en el rostro. Cansancio infinito, mirada serena, sensación de ser los seres mas fieros del planeta. Orgullosos y disciplinados, parecen marchar cantando:

- Para ser comando tienes que tener!....
- Los huevos rayados como Lucifer!...
- Ojo de lechuza, diente de león!....
- Y musculatura como de Sansón!...

Esas conocidas frases se repiten únicamente en mi memoria. Por un instante fugaz recuerdo todas las jornadas de esfuerzo físico al limite, sudor, cansancio, fatiga, dolor... y la idea bien clara que los comandos eran insuperables. Todos lo sabíamos.

 Los comandos de élite eran lo mejor de nuestras tropas, y ahora regresaban de devolverle la visita a nuestros vecinos del norte. Les hicieron saborear en carne propia lo que es sentir temor y muerte. Y ellos en ese aspecto eran especialistas. Demás está decir que no abandonaban a ninguno de sus compañeros.

Eran el orgullo de nuestro ejército. Y venían hacia nuestra pequeña "enfermería". A muchos les gustaba llamarlo "puesto de socorro" o "centro de atención médica de urgencia" "hospital de campaña". Para nosotros seguía siendo la "enfermería", pues ese era su objetivo cuando acá funcionada el Puesto de Vigilancia fronterizo N° 1.

Traen directamente al hombre de la camilla mientras el resto empieza a retirarse el equipo en forma sistemática. Lo evaluamos. Aún vive, tiene una herida de bala en la cabeza, pero sus latidos son firmes y su respiración regular. No hay sangrado activo.

- Ampi, cloro, genta!
- Si mi capitán!

El enfermero termina de aplicar los antibacterianos (ampicilina, cloramfenicol y gentamicina), mientras termino de lavar la herida y colocar un vendaje compresivo.

- Llega el pato!
- Quien es el hijeputa que se atreve a entrar?
- Poncho, quien mas?!

Los ecuatorianos están mejor equipados. Nuestros vetustos "patos" (helicópteros) rusos MI 8 eran presa fácil de sus modernos Kfir y Mirage. Ya nos habían derribado varios, y solo los machos osaban cruzar hacia el PV1. Y Poncho era uno de ellos.

- Preparen a los evacuados, el comando en la camilla va primero!
- Comprendido mi capitán!

- Quien está a cargo?!
- El capitán, mi capitán!

Escucho al soldado responder al capitán de los comandos, y veo que a paso firme se dirige a mi. Saludo mutuo, una palmada en el hombro:
- Cura a mis hombres, doctor. Son lo mejor que hay por estos lares.
- Si, mi capitán.  Número! Despeja el área, hay que atender a los comandos!

Como movidos por un resorte los sanitarios despejan el área de atenciones y van pasando los comandos a ser atendidos. Tenemos menos de 15 minutos para una atención rápida de todos y evacuar a los heridos. Poncho no va a esperar, y otro pato no habrá quizá hasta mañana. O quizá nunca.

Cual maquinaria perfectamente articulada, los sanitarios y enfermeros colocan a los soldados en posición de evaluación, y de forma casi automática les van colocando una vía intravenosa. Eso para mi es mal augurio. Una vía solo significa herida potencialmente infectada, para lo cual están perfectamente entrenados.

 Paulatinamente vamos retirando pañuelos, trozos de polo amarrados, listones;  y se van descubriendo heridas de bala, metralla y esquirlas por doquier. El chaleco antibalas hizo su trabajo, protegió el pecho y abdomen. Pero los brazos y piernas habían sido castigados.

- Ellos eran mas, pero los plomeamos a todos...
- No dejamos uno solo vivo...
- Cuando regreso? Tenemos que volver a golpear Coangos...
- Chucha, compadre.. te jodieron la cara.. ja, ja, ja... ahora serás cara cortada!..

Charlan entre ellos alegremente mientras hacemos nuestro trabajo. Retiro un listón y encuentro un pequeño orificio de entrada y en la parte posterior un hueco enorme sin tejido vivo. Retiro una pañoleta del rostro y encuentro que falta media mejilla. Todas heridas de gravedad, y automáticamente les voy poniendo el papel de "evacuado".

En eso siento que violentamente me levantan por las solapas, y un aliento de los mil rayos me grita en pleno rostro:
- ¡Que mierda crees que estás haciendo, hijeputa! Me estás dejando sin soldados, por los mil demonios!
- Son heridas infectadas, mi capitán! - Alcanzo a responder a unos ojos que quieren devorarme- No pueden quedarse....
- Carajo! Cúralos....

-¡Que pasa ahí!?
Volteamos y en forma automática nos colocamos en posición de atención y saludamos. El comandante nos devuelve el saludo y, sin palabras,  nos mira como preguntando "qué mierda están haciendo!?"...

El capitán comando es el que responde:
- Está evacuando a toda mi tropa, me está dejando sin soldados, hasta los raspones y uñas rotas los está derivando mi comandante!

Ambos me miran, casi titubeando respondo:
- Son todas heridas de bala, esquirlas, metralla... se pueden infectar y deben ser atendidos en un hospital, deben ser evacuados mi comandante....

- Continúe con su trabajo doctor.... Capitán! Venga conmigo!

Veo que se retiran a un lado de la enfermería, y oigo como el capitán comando escucha y a regañadientes acepta: "Te asignaran mas hombres" "tranquilo, ya viene tu jefe y trae refuerzos" . ... "pero..." .. "ellos son mis muchachos, son los mejores.." ... "lo se, lo se..." Pero el doc no está loco, y si dice que es mejor que se vayan por algo ha de ser"... "tómese un descanso capitán, la guerra recién comienza.." "entendido mi comandante"

Ya terminamos con los heridos, solo quedan dos soldados sin lesiones. El resto de los comandos deben ser evacuados, todos están heridos. (¿Como rayos pudieron regresar caminando? Mi cerebro no puede entenderlo)

- Hey, doc! Ya que me has dejado sin tropa, por lo menos cúrame estas heridas que me han hecho las botas, que parece me ajustan mucho.
Es el capitán comando, que aún está molesto, que aún quiere matarme, pero necesita ayuda...
- No hay problema mi capitán... Enfermero, ayúdeme a retirarle las botas...

- Con cuidado, carajo! Duele...

- Pero... estas son esquirlas!
Mis ojos no lo pueden creer. Ambas piernas del capitán están impregnadas de esquirlas por todas partes. Los pies ya están hinchados y rojos por una celulitis incipiente. (¡Cómo mierda pudo venir hasta acá caminando?! Esto debe doler como los mil demonios! Por menos la mayoría no puede dar un solo paso más... mi mente trabaja  a mil por hora)

- Vía! Ampi, cloro, genta! Povidona! Gasas, vendaje!

- Que mierda estas haciendo?!
- Tiene que irse mi capitán! Podría perder las piernas... Mi voz no duda, no me reconozco, soy firme y metódico... No hay tiempo, Poncho ya se va a ir....

- Noooooo!!!!!

El grito ensordecedor del capitán comando se eleva por encima de todos los ruidos dela enfermería, e incluso me parece que fue mas alto que el ruido del pato...

- Nooo. Maldito! No! no! noooo!!...

Es mas un grito de guerra que una queja. Intenta levantarse pero el comandante ya está de nuevo al lado, y en una fracción de segundo lo entiende, y lo sujeta impidiendo que se mueva... debo terminar mi trabajo...

- Noooo.... no, por favor no...   Su inicial tono agresivo ya ha cambiado, ahora es lamento, llanto  y súplica, como pidiendo que no lo castiguen....

El comandante lo consuela, como un padre a un niño lastimado. "Tu guerra ha terminado, muchacho. Debes ir a casa..."

Termino mi labor. Los camilleros lo levantan, y por un segundo al levantar la mirada me encuentro con un par de ojos llorosos, fieros, llenos de rencor y de ira: Te odio! Me alcanza a decir mientras es trasladado al pato que Poncho ya está elevando...

En la guerra vi de todo: muerte, dolor, lagrimas, ira, tristeza, abandono. Aprendí que la guerra nunca es buena, que son mayormente niños de las clases pobres los que son enviados a morir, y si sobreviven después son juzgados como criminales.  Aprendí que las apariencias casi siempre nos engañan, que más importante que la fuerza física es la voluntad y la fe, que un verdadero guerrero no se distingue por su preparación o equipamiento, sino por su espíritu.

Pero ese día en especial, vi llorar a un valiente....